El cuento arequipeño

Dos cuentistas arequipeños hablaron en Lima sobre la trayectoria del cuento en nuestras tierras. Goyo Torres y Willard Díaz, ambos profesores de Literatura en la UNSA, participaron en el ciclo de conferencias que el Gobierno Regional y la Casa de la Literatura Peruana vienen desarrollando desde octubre para dar a conocer la crítica y la creación literaria que se producen al pie del Misti. Los entrevistamos acerca de su intervención en Lima.

¿De qué se ocupó en su conferencia?
Willard Díaz.- Nos repartimos el trabajo con Goyo Torres, yo abrí con la aparición del cuento arequipeño con Francisco Ibáñez en las últimas décadas del siglo XIX, pasé luego por “Pliegos al viento”, la antología que hizo Francisco Mostajo en 1908 y terminé en la antología de Vladimiro Bermejo que salió en el Primer Festival del Libro Arequipeño, en 1958. Luego leí parte de mi obra.

¿Qué hechos destacados sucedieron en ese período?
En primer lugar, aparece el género; si bien un poco tarde en relación a Europa y Estados Unidos donde ya habían escrito Poe, Maupassant y Chejov sus mejores cuentos. En Arequipa, como en todo el Perú, el cuento nace a la luz del romanticismo y bajo el influjo de las Tradiciones de Palma. Ibáñez, el director del diario “La Bolsa”, escribió unas “Tradiciones arequipeñas” y unos “Cuentos arequipeños” de notorio carácter oral, que terminaban todos en una décima moralizante.
A inicios del siglo XX Francisco Mostajo reúne la primera colección de cuentos publicados en los diarios y revistas de la época. Si bien el propio Mostajo dice en el Prólogo que ninguno de los antologados podría ser llamado “una personalidad literaria de enérgico relieve”, encontramos en “Pliegos al viento” tres o cuatro cuentos que ya podrían considerarse modernos, en el sentido actual del término.
Cincuenta años después, en 1958, Vladimiro Bermejo organizó y dirigió el Primer Festival del libro y publica allí “El cuento arequipeño”, una pequeña antología en la que encontramos otra vez la mitad del libro de Mostajo, como si no hubiera pasado mucho en medio siglo. Con todo, ya se ve en esta antología que el cuento arequipeño está bien definido aunque no ha alcanzado la madurez que le llegará en los años 80.

¿Cuáles considera que son los autores y títulos más importantes de dicha época?
Sin duda, las dos antologías a las que me he referido, “Pliegos al viento” y “El cuento arequipeño”. Me parece que los autores más representativos son Juan Manuel Polar, Augusto Aguirre Morales, Alberto Hidalgo, Cateriano, Gastón Aguirre Morales y el propio Mostajo, entre otros.

¿Qué impresión le dejó la conferencia?
Creo que a los limeños no les interesa mucho la literatura fuera del centro. Es loable el esfuerzo del Gobierno Regional, pero el escenario debió ser otro; quizá la Universidad de San Marcos se hubiera prestado mejor para un debate académico que no hubiera permitido pasar algunas cosas. Me gustó la actitud de Goyo Torres, quien anunció que la mejor literatura peruana de las próximas décadas se va a escribir en Arequipa.

Profesor Goyo Torres, ¿de qué se ocupó usted en Lima?
Goyo Torres.- Bueno, he intentado esbozar un panorama del cuento en Arequipa entre 1980 y 2010. Es decir, los últimos treinta años. No he tenido la intención de periodizar la literatura arequipeña. Tomo como referencia estos años porque los he vivido. He conocido la movida literaria desde dentro, y a partir de esta vivencia pude soltar algunas ideas.

¿Qué características encuentra en ese período?
Creo que hay que contextualizar para responder a la pregunta. Una obra literaria no es un artefacto aislado de su entorno. Recuerden ustedes que este periodo en el Perú está marcado por la violencia política. Pero el caso arequipeño es bastante curioso. Aquí el accionar de los grupos alzados en armas fue mínimo. No hubo atentados de grandes consecuencias y sí una participación caricaturesca con el intento de volar cabinas telefónicas o la toma de una emisora para obligar a pasar proclamas.
Esto es importante recordar porque la producción literaria de estas décadas alegoriza otros tipos de violencia: la doméstica, las relaciones de pareja, la violencia juvenil. También en este periodo, creo, se moderniza definitivamente la ficción literaria. Se entiende la ficción literaria ya no como reflejo social sino como mundos posibles, como diégesis. El costumbrismo regionalista y la ingenuidad del escritor arequipeño de la primera mitad del siglo XX se extiende hasta esa década.

¿Qué autores y qué títulos mencionó en su conferencia?
No tuve mucho tiempo para presentarlos todos, en realidad la lista es enorme porque también en estas décadas, en especial la última, se ha publicado muchísima narrativa. Sin embargo, yendo desde el dos mil diez hacia atrás, se puede destacar “Cortometra-je” de Yuri Vásquez, “La prosperidad reclusa” de Orlando Mazeyra, “Recursos para la soledad” de Juan Pablo Heredia, “Barcos de Arena” de Fernando Rivera, “Tentaciones de Ariana” de Mary Ann Ricketts y un largo etcétera.

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