El ensayo, propósito y estructura

El docente universitario Willard Díaz ha presentado su último libro, un manual para la redacción de ensayos cuyo título es “El ensayo, propósito y estructura” (Editorial Apóstrofe, 2010). Lo entrevistamos sobre su trabajo.

 

A todos nos han pedido alguna vez escribir ensayos, ¿qué es lo primero que deberíamos saber acerca de esta clase de texto?
Primero, no confundirlos con el artículo científico. Cuando nos piden un informe de los avances de nuestra investigación, sea de pre o de postgrado, para ser evaluado, calificado, aplicado, replicado, nos están pidiendo un artículo científico o una monografía. En este caso la estructura está normada por la ISO-215; se requiere una introducción, la descripción del material y del método, los resultados, las pruebas, etc. Un artículo es un documento “científico”, una comunicación entre alumnos y profesores;  entre investigadores, en general.

Propone una definición de ensayo como un texto en prosa que tiene la finalidad de convencer al lector sobre “la conveniencia o inconveniencia de una norma”.  Desde ese punto de vista, ¿qué función cumple el ensayo en el contexto en el que vivimos?
Un ensayo es un documento didáctico, escrito con fines persuasivos, con el deseo de proponerle al lector común que cambie tal o cual modo de pensar, de actuar, de juzgar. El ensayo es un texto breve cuyo propósito es persuadir a alguien sobre la conveniencia de seguir cierta norma que al escritor le parece importante para asegurar una vida social sana. El ensayo no quiere probar nada científicamente, trata en cambio de influir en la conducta de los demás; su núcleo es lo que se llama la Tesis, que es una propuesta del autor. Su función es normativa.

La definición que propone implica que el autor exprese una posición y la defienda, eso parece muy raro en una época en que nadie quiere comprometerse con sus ideas…

El que publica un ensayo ha conseguido de algún modo el acceso a los medios de comunicación: tiene el poder. ¿Qué hace con ese poder? Es cosa de ética. Lo usa para mejorar el mundo, bajo su responsabilidad. Se atribuye a sí mismo la mayor lucidez, inteligencia, sensibilidad, limpieza y experiencia como para hacernos recomendaciones.  Es tarea del lector juzgar si tiene la razón o no.
Lo malo es que los medios suelen preferir el “espectáculo” comercial de la agresión y el insulto, la contienda de opiniones sin argumentos, la pelea de papeles y de gritos en el aire. Si uno se fija bien, es un griterío teatral que solo sirve para que una radio o un semanario gane su dinero. Escribir un ensayo, en cambio es “comprometerse con sus ideas”.
 

El libro trae ejemplos de cada uno de los tipos de ensayo que propones. Supongo que para haberlos encontrado ha leído muchísimos, ¿cuáles son sus ensayistas preferidos?
Por cuestión de estilo, de uso del idioma: Ortega y Gasset y Octavio Paz. Por la calidad de las ideas y los valores que proponen: Mariátegui, Basadre. Por la capacidad de argumentar con rigor: Vargas Llosa, Borges. Entre los más jóvenes me gusta el estilo de Rocío Silva Santisteban, de Oswaldo Chanove.

¿Y qué autores recomendaría para alguien que quiera aprender a escribir un ensayo?
En mi libro hay una primera lista de recomendados: Miguel Ángel Asturias, Montaigne, Rodó, Kolakowski, Sábato, Arguedas, Monsiváis, entre otros. Para los científicos sociales recomendaría a Martí, Sarmiento, y los ensayos menos conocidos de Mariátegui.
 

¿Cree que hay una característica general que define la tradición ensayística en el Perú?
Es muy política, urgida por la necesidad que sentían y sienten los intelectuales peruanos de participar en la construcción de una identidad nacional y de un programa social.

 
En el prólogo relata que escribió el libro para incitar a sus alumnos de Lenguaje de la UNSA a realizar ejercicios de redacción más divertidos. No hay muchos docentes motivados a emprender esta clase de tareas. ¿Cómo influye la docencia en tu trabajo de producción académica?
Me aburre repetir las mismas ideas que el resto del mundo, e incluso mis propias ideas todos los años. Si no hay innovación, si no hay la alegría de una performance creativa en cada sesión empiezo a pensar a qué hora se acaba la clase. Y supongo que mis alumnos están peor que yo. Por eso busqué una nueva manera de enseñar los odiados cursos de Lenguaje, Comunicación, Redacción obligatorios en todas las Escuelas. Propuse a los estudiantes escribir ensayos que serían publicados en las revistas de la Universidad. Y ahí necesite una buena definición de ensayo, unas normas claras y precisas que sirvan de guía. Solo de ese modo se justificaba aprender las reglas de ortografía y de redacción, para un uso absolutamente concreto y práctico.
Hice mi tesis de Licenciatura sobre el tema del ensayo y aplicando esa experiencia, y les di a mis estudiantes una separata muy sencilla que poco a poco se fue yendo de mis manos. De eso hace veinte años. El año pasado me enseñaron la fotocopia de la fotocopia de una fotocopia imposible de leer de esa separata, sin nombre de autor ni fecha. Coincidió con la lectura del libro de Hugo Neira “El ensayo, teoría y práctica”. Como vi que Neira tampoco resolvía el problema pedagógico decidí corregir mi texto, completarlo, volverlo más fácil de leer y de usar; y así ha salido este libro, que está dedicado a profesores de colegio, de universidad, a estudiantes de ciencias sociales, periodistas y a cualquiera que desee escribir bien sus ensayos.

Deja un comentario