El tiempo del hombre

Tiempo¿Existe realmente el tiempo o es solo una creación humana? ¿Podemos conciliar pasado, presente y futuro en un solo momento?
Para ninguno es un secreto la inexistencia del tiempo y la certeza de que solo se trata de una percepción figurada, que nos permite darle un orden lógico al universo. Y la prueba está cuando al recuperar objetos de nuestro pasado, el reencuentro de tiempos se hace inmediato.

Hace unos días, buscaba algunos de mis diarios de clase del año pasado, que para variar, siempre pierdo en el cúmulo de cosas en mi habitual desorden. Ya mi hermana me ha dicho en numerosas ocasiones que soy una cachinera; sí, esa soy yo, no puedo deshacerme de las cosas que tengo. Y no es que siempre piense si en cualquier momento me pueden servir, sino que de alguna forma les guardo afecto como testigos silenciosos de un tiempo del que aún busco convencerme.
Naturalmente, no encontré los cuadernos que buscaba; sin embargo, descubrí con sorpresa mis primeros escritos en narrativa. Los releí atenta pretendiendo contrastarlos con mis textos actuales; es verdad que adolecían de todo tipo de errores pero había en ellos una frescura que hoy no he logrado repetir, será tal vez que concentrada en la forma y la visión crítica que se acentúa con el tiempo —o lo que conceptualizamos como tiempo—, una va perdiendo un poquito la pureza de aquellos primeros años. 
Entonces escribía en forma compulsiva, dos o tres cuentos en una tarde (¡qué lejos el drama de la página en blanco!). Y hasta me animaba a mostrar mis relatos a los compañeros de clase y aunque no lo crean, algunos de ellos sacaban copias de los textos y me pedían que se los firmara por —según me decían— si un día llegaba a ser famosa; hoy, supongo que se cansaron de esperar.
En medio de tantos cajones abiertos y con mi cuaderno universitario en las manos, revisaba aquellos apuntes, pasando una a una las hojas que daban testimonio de mis evasiones juveniles durante tediosas horas de alguna clase, abstraída de las explicaciones del profesor de turno para ir narrando lo que ahora releía con curiosidad.
Estoy consciente de que el tiempo no existe y aun así es implacable y va alterando nuestra percepción del mundo, es por eso que ya no puede conmovernos un libro así nomás. El caso es que quizá por ser textos míos, mi crítica no era demasiado severa. Pensé entonces si podría rescatar mis primeros relatos y reescribirlos pero estoy segura de no poder hacerlo, muchas de aquellas historias ni siquiera tienen sentido.
Me quedé allí sosteniendo aquellas páginas por unos minutos más, convencida de que cuando los escribí no imaginaba que años después estaría sentada sobre la cama evocando el pasado que entonces era presente. Decidí devolverlos al lugar donde los hallé. Era suficiente sonreírle y hacer guiños a mi pasado como cuando uno tropieza casualmente con algún juguete que tuvimos de niños y nos olvidamos de quiénes somos para recupera a quien solíamos ser y fantaseábamos o no con quién seríamos en el futuro.
Sí, de creer en el tiempo, tendríamos que concluir no en uno fragmentado; sino único, entremezclado y confundiéndose continuamente.

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