Arguedas en España

Del PinoEn 1958, a sus 47 años, Arguedas buscó y consiguió una beca para ir a estudiar a España. Viajó hasta allí para investigar como antropólogo cuáles de las raíces de la cultura andina nos vienen de la península. Conoció la obra de un abogado español del siglo XIX, Joaquín Costa, y viajó con su libro bajo el brazo a Bermillo y Sayago, dos comunidades de Castilla que su antecesor había estudiado.
El fruto de todo este trabajo fue la tesis con que Aguedas se graduó de doctor en Antropología en 1963.

 Fermín del Pino es un destacado antropólogo español que llegó a Lima para presentar en el Congreso Internacional sobre Arguedas en la PUC la conferencia titulada “Joaquín Costa y Arguedas, aliados naturales: la academia al servicio de la sociedad”. Aquí una conversación con del Pino.

P.- Como antropólogo español, ¿por qué le interesó justamente Arguedas?
R.- Para mí era sencillo valorar algo excepcional: fue el primer latinoamericano que nos visitaba; aunque ha ido luego algún mexicano, ya más tarde. México fue en los años 30 un gran refugio de españoles exiliados, entonces alguno de sus hijos ha regresado y ha estudiado su propia patria, como Cataluña, por ejemplo. Arguedas no era propiamente un latino migrado, sino de ascendencia andina (o se reclamaba así).
Es también un caso excepcional porque él apreciaba mucho el modo de expresarse de los habitantes, tenía un conocimiento literario, entonces no le daba igual cómo se hablaba el español; los graba, les saca mucho jugo. Y, por otro lado, me emocionaba que se refiriera a un precedente como el del jurista Joaquín Costa, que no todos han aceptado en nuestros días como etnógrafo.
Pasa algo parecido con Arguedas acá, nadie es profeta en su tierra. Entonces, yo vengo de afuera y lo aprecio más fácilmente. Como el que tiene cerca la piscina y no se baña nunca.
Por último, creo que Costa significó mucho en la vida de Arguedas, eso hemos oído hoy en el debate; justamente porque ve que Costa es un “connatural” que puede estudiar a su pueblo. Creo es lo que emociona a Arguedas es el ejemplo de un abogado enamorado de su pueblo. Eso es lo que él quería, que no sean de afuera los que nos vengan a estudiar: americanos, alemanes, franceses.
Además, su vida es también un poco heroica. Hoy estábamos contando con Rodrigo Montoya cómo le maltrataron en el departamento de etnología de San Marcos, que José Mattos Mar lo echaba, que tuvo que irse a la Universidad Agraria, etc. Luego, lo de la Mesa Redonda del IEP: nadie lo entendía al pobre, era trágico.
Todo eso suma que aquí haya ahora una gran devoción hacia Arguedas, que se esté tratando de reivindicar en él una clase indiana que no ha sido reconocida en la academia, porque él reivindica su interés personal en el quechua. Creo que en el fondo, en los tres años que tuvo con su madre hispanohablante, él habló ya el español. Pero, de pronto, su vida sólo comienza después del segundo matrimonio de su padre. Es muy interesante la vida de Arguedas.

P.- ¿Y su relación con Costa? No me quedó del todo clara.
R.- El profesor Rochabrún recordó hoy a unos cuantos antropólogos norteamericanos que llegaron y con los cuales Arguedas se formó.
Pero no parece que el aprecio era tanto con la formación norteamericana, porque ésta seguía considerando que todo era aculturación (de los incas a los españoles, de los españoles a los norteamericanos); como si fuera una historia, un poco, de simple enseñanza de lo ajeno. Y a Arguedas eso seguramente le molestaba.
Cuando dice “Yo no soy un aculturado” al recibir el Premio Garcilaso, lo que quiere decir es “yo no he recibido nada gratis, yo he dado algo a cambio”. O sea, el pueblo andino acepta una religión cristiana, pero a cambio da: unos modos de cultivar, una alimentación, un trabajo, no lo sé; pero da algo a cambio. A Arguedas no le gusta concebirse en la estela de los antropólogos norteamericanos, sino de los que estudian su propio país.
Además se da cuenta, contra D. Luis E. Valcárcel, que esa es una visión arqueológica del pasado. ¿Por qué hay que conservar al indio como en un museo, sin que se modifique nada? sin que se acepte que le interesa escribir literatura, por ejemplo. Es muy curiosa su actitud.
Costa le parece una persona simpática, porque también tuvo una vida trágica. Quedó paralizado de la parte izquierda de su cuerpo, no le admitieron en ciertas cátedras y al final reconocieron que era muy meritorio. Pero no le habían premiado.

Ahora, yo te pregunto ¿Por qué crees que no han apreciado acá a Arguedas como antropólogo? Esa opinión ya la he visto por escrito. Se han admirado de que yo, precisamente de afuera, le tenga un aprecio científico. A lo mejor es porque lo puedo ver mejor desde afuera, puedo compararlo con España.
Entre lo colonial y lo indígena, hay muchos elementos de aprecio mutuo.

P. ¿Y en cuanto a su relación con el profesor Bourricaud? No sabía que Arguedas y Bourricaud tenían una relación tan íntima como la que usted comentaba, con mayor entendimiento.
R.- Bourricaud era un poco excepcional. Arguedas le hizo mucho caso, un hombre que escribía, estudiaba literatura colonial, estudiaba la música andina; él cita mucho a Bourricaud en sus trabajos del Mantaro y de Puquio.
Yo tuve a Bourricaud como profesor en París, fue un poco como: “Ah, esta es mi familia, este es mi primo”, por lo temas que estudiábamos obviamente. Para mí, algo que está estorbando a los más arguedianos es esa obsesión con la cuestión política progresista; había aspectos en los que Arguedas era conservador. Y Bourricaud, aunque conservador, era una persona muy sensible: le apoyaba en su labor de escribir literatura a base del mundo indígena, le traduce el Yawar Fiesta, lo cita mucho en sus estudios, etc.
Por otro lado, Bourricaud tiene una imagen del pasado colonial que no es despreciable, cree que hay cosas del la colonia que se han conservado, cree que son populares: mitos religiosos, devociones donde hay una mezcla entre procesión y peregrinación incaica. Además creo que Arguedas estaba muy agradecido de que le haya ayudado a conseguir la beca y su apoyo en Paris, un hombre, como él, que entiende sus contradicciones.

P.- Sin embargo, el Arguedas literato eclipsaba al antropólogo, era el más mediático. Fue uno de los autores más leídos en vida.
R.- Sí, es cierto. Es que es posible que sea mejor literato que antropólogo. Ha llegado a una altura literaria excepcional, Vargas Llosa lo reconoce.
Creo que se vanagloriaba de tener una intuición literaria, se ponía a escribir y no le importaban sus dolores de cabeza tremendos, por lo que podía escribir apenas cuatro horas al día. Él no se confía, es educado como profesor de literatura en Sicuani, da clases de literatura.
Digamos que llega a la etnografía por motivos personales de su infancia, pero que terminan fundiéndose sus dos aficiones (antropológicas y literarias). A cada trabajo de campo y cada nuevo tema, escribe una nueva novela. Sólo en España no escribe una nueva novela, pero estuvo corrigiendo Los Ríos Profundos. Y, poco después de graduarse, publica Todas Las Sangres. Como si fuera una persona ambidiestra.

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