LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO

Seria denuncia de Vargas Llosa contra la civilización actual

Con todo el peso de la madurez de un escritor que ha ganado un Premio Nobel, que ha escrito varias de las novelas más importantes no solo de América Latina sino del mundo contemporáneo, que tiene en su haber notables libros de ensayo (sobre Flaubert, García Márquez, Onetti entre otros), que ha dado varias de las batallas políticas más valientes a favor de la democracia y de la libertad, Mario Vargas Llosa acaba de publicar un libro breve pero sustancial que nos ofrece el diagnostico franco y descarnado de la sociedad posmoderna, la que él llama “la civilización del espectáculo”.

Muchos intelectuales de prestigio lo han dicho de diversas formas e incluso con mayor rigor de análisis, pero Vargas Llosa hace de su ensayo un llamado político, una denuncia mayor contra un sistema de vida que nos ha dominado desde la segunda mitad del siglo XX y pasa hoy por ser el único posible sino el natural, el que cayó por sí solo sobre nuestro mundo globalizado. El escritor arequipeño ha recorrido el mundo entero, ha visto el fenómeno de la trivialización de la cultura, del empobrecimiento de los valores humanos a favor del goce inmediato y material en todas sus facetas, debacle que él ha visto quizá en las formas más deplorables, en las peores. Y ahora hace acopio de su madura lucidez y de su responsabilidad como intelectual comprometido ya sin reservas con el género humano, para lanzar este libro de denuncia que es desde hoy indispensable leer.

Aquí transcribimos a manera de incitación al lector, algunos párrafos de “La civilización del espectáculo”.

 

¿QUÉ QUIERE DECIR CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO?

“La de un mundo donde el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal. Este ideal de vida es perfectamente legítimo, sin duda. Solo un puritano fanático podría reprochar a los miembros de una sociedad que quieran dar solaz, esparcimiento, humor y diversión a unas vidas encuadradas por lo general en rutinas deprimentes y a veces embrutecedoras. Pero convertir esa natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias inesperadas: la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad y, en el campo de la información, que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo”.

 

LA COCINA

“En la civilización de nuestros días es normal y casi obligatorio que la cocina y la moda ocupen buena parte de las secciones dedicadas a la cultura y que los chefs y los modistos tengan ahora el protagonismo que antes tenían los científicos, los compositores y los filósofos, Los hornillos, los fogones y las pasarelas se confunden dentro de las coordenadas culturales de la época con los libros, los conciertos, los laboratorios y las óperas, así como las estrellas de la televisión y los grandes futbolistas ejercen sobre las costumbres, los gustos y las modas la influencia que antes tenían los profesores, los pensadores y (antes todavía) los teólogos•.

 

DROGAS

“Paradójicamente, el fenómeno de la masificación es paralelo al de la extensión del consumo de drogas a todos los niveles de la pirámide social. Desde luego que el uso de estupefacientes tiene una antigua tradición en Occidente, pero hasta hace relativamente poco tiempo era práctica casi exclusiva de las élites y de sectores reducidos y marginales, como los círculos bohemios, literarios y artísticos, en los que, en el siglo XIX, las flores artificiales tuvieron cultores tan respetables como Charle Baudelaire y Thomas de Quincey.

En la actualidad, la generalización del uso de las drogas no es nada semejante, no responde a la exploración de nuevas sensaciones o visiones emprendidas con propósitos artísticos o científicos. Ni es una manifestación de rebeldía contra las normas establecidas por seres inconformes, empeñados en adoptar formas alternativas de existencia. En nuestros días el consumo masivo de marihuana, cocaína, éxtasis, crack, heroína, etcétera, responde a un entorno cultural que empuja a los hombres t mujeres a la búsqueda de placeres fáciles y rápidos, que los inmunicen contra la preocupación y la responsabilidad, en lugar del encuentro consigo mismos a través de la reflexión y la introspección, actividades inminentemente intelectuales que a la cultura veleidosa y lúdica le resultan aburridas. Querer huir del vacío y de la angustia que provoca el sentirse libre y obligado a tomar decisiones como qué hacer de sí mismo y del mundo que nos rodea —sobre todo si este enfrenta desafíos y dramas— es lo que atiza esa necesidad de distracción, el motor de la civilización en que vivimos. Para millones de personas las drogas sirven hoy, como las religiones y la alta cultura de ayer, para aplacar las dudas y perplejidades sobre la condición humana, la vida, la muerte, el más allá, el sentido o sinsentido de la existencia. Ellas, en la exaltación y la euforia o sosiego artificiales que producen, confieren la momentánea seguridad de estar a salvo, redimido y feliz. Se trata de una ficción, no benigna sino maligna en este caso, que aísla al individuo y que solo en apariencia lo libera de problemas, responsabilidades y angustias. Porque al final todo ello volverá a hacer presa de él, exigiéndole cada vez dosis mayores de aturdimiento y sobreexitación que profundizarán su vacío espiritual”.

 

LITERATURA BASURA

“Hoy vivimos la primacía de las imágenes sobre las ideas. Por eso los medios audiovisuales, el cine, la televisión y ahora Internet han ido dejando rezagados a los libros, los que, si las predicciones pesimistas de un George Steiner se confirman, pasarán dentro de no mucho tiempo a las catacumbas. (Los amantes de la anacrónica cultura libresca, como yo, no debemos lamentarlo, pues, si así ocurre, esa marginación tal vez tenga un efecto depurador y aniquile la literatura del best-seller, justamente llamada basura no solo por la superficialidad de sus historias y la indigencia de su forma, sino por su carácter efímero, de literatura de actualidad, hecha para ser consumida y desaparecer, como los jabones y las gaseosas)”.

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