Libertad Lamarque en Tacna

Tacna de aniversario

Cuando a Willy le contaron de la presencia de Libertad Lamarque en Tacna, entendió de inmediato que había encontrado una historia. No puedo recordar ahora si desde el inicio planificó que fuese yo la encargada de reconstruir aquella prodigiosa visita en esta ciudad; o acaso fui quien se aferró a ella desesperadamente, tras haber enmudecido segundos antes pretendiendo controlar la vorágine de emociones que la sola mención de aquel nombre hacía florecer dentro de mí. ¿Mi Libertad Lamarque, aquí? Mía, sí, enteramente mía; porque su figura y su voz forman parte de mi propia historia. De las tardes frente al televisor o junto a la radio en casa de mis padres, en una infancia cada vez más lejana. De mi añoranza por un paisaje mexicano donde nunca estuve y mi amor imposible por Pedro Infante. De mi dulce agonía cuando en mi antigua casa se escuchaba la voz melodiosa de la Novia de América al compás de tangos, milongas o rancheras. Y de no habérmela cedido a voluntad, se me antoja que pude tomar a mi esposo de su abrigo y sacudirlo sin reparos hasta oírlo decir “¡es tuya, Libertad Lamarque es solo tuya!”. 
La noche del último mes de 1958, cuando la Reina del tango se presentó en Tacna, los ambientes del Teatro Municipal estaban rebozando. En medio del número de asistentes que pugnaban por ingresar al teatro, un niño consiguió escabullirse sacando ventaja de su tamaño y sabiéndose inadvertido por quienes cuidaban la entrada del recinto. Subió las graderías que conducen al último nivel y allí aproximándose al entramado de madera que protegía a la galería abalconada, el pequeño introdujo sus piernas y contempló asombrado la imagen dibujada bajo sus pies. El murmullo del público entonces convertido en una alfombra de cabezas subía hasta él; luego se hizo la oscuridad, el silencio. Y apareció en el escenario que se iluminaba aquella hermosa mujer de figura frágil vestida con un traje escotado a la altura del pecho, empequeñecida según la perspectiva del muchachito observando desde arriba.
De pronto, la voz de la artista explota en ondas incontenibles como un río que parece arrasarlo todo y la mujer se agiganta en los ojos de quien la contempla. Afuera quienes no pudieron ingresar enmudecen conmovidos, sonríen, cierran los párpados y comulgan con la música. Algo vibra en las maderas que sujeta con fuerza el pequeño y se va adentrando en su piel. Algo lo emociona profundamente y empieza a grabarse en su memoria. Algo agita su corazón y al ritmo de aquel maravilloso canto, la cabeza y los pies del pequeño se balancean simultáneamente.  54 años después, la historia de ese niño llegará hasta mí.
En tanto la diva se presentaba triunfalmente en el teatro de Tacna tras huir de Argentina, una delegación de oficiales venidos de ese país pretendía cruzar el límite entre Perú y Chile para apresarla por un antiguo altercado de esta con Evita Perón. Los oficiales peruanos, advertidos de aquellas intenciones, les prohibieron la entrada aduciendo que acababa de cerrarse la frontera y solo se abriría a las seis de la mañana del día siguiente. Tiempo ganado para procurar la salida de Libertad Lamarque, y su arribo a la ciudad de Arequipa donde tomaría el vuelo que la conduciría fuera del país. Al escuchar este testimonio, la emoción imposibilitó que yo relacionara las fechas y diese con la inconsistencia de los sucesos. Lejos estaba de recordar que el gobierno peronista cayó en 1955. En mi mente resonaba el insulto lanzado a Eva Perón (entonces todavía Eva Duarte) y la bofetada en pleno rostro durante la filmación de la película que hicieron juntas: La cabalgata del Circo. Aunque Libertad Lamarque siempre negó la violencia de ese incidente, manifestando que solo la saludó irónicamente con un “¡Buenas tardes!” por las constantes tardanzas de Eva que retrasaban las grabaciones, lo cierto es que durante el gobierno de Juan Domingo Perón — con Eva ya convertida en su esposa—, ninguna empresa contrataba a Lamarque; razón por la cual tuvo que salir de Argentina. Pero ¡su partida fue el año 1946 y no en 1958! Vine a recordar esto después de buscar al periodista Ricardo Loureiro Rejas, propietario de dos de las fotografías que atestiguan la presencia de la diva en Tacna y que finalmente encontramos en medio de un enorme archivo de instantáneas desordenándose sobre el escritorio.
No siempre tenemos la oportunidad de comprobar la materialidad de nuestros artistas internacionales predilectos, mucho menos de la talla de Libertad Lamarque cuando se encuentran en el pico de la popularidad. He imaginado a todos aquellos tacneños alborotándose en sus hogares en diciembre de 1958 cuando se enteraban de la pronta visita de esta artista. ¿Dudaron de la noticia? ¿Creyeron cierto que ella, ya consolidada como un referente importante no solo en la música, sino también en la actuación se presentaría en el Teatro Municipal de Tacna? ¿Era posible verla frente a frente luego de haberse deleitado con su actuación en películas argentinas y mexicanas proyectadas sobre el telón acústico de goma americano de nuestro Cine Colón? ¿Quiénes la traían a la ciudad?
La Novia de América había sido convocada a Lima por el señor Villacorta, dueño de radio “La Crónica” y llegaba desde  la capital a Tacna gracias a la coordinación de Clemente Urday Banchero, y el auspicio de Güido Rossi Loureiro (dueño de Condimentos Dumbo) y Dubilio Cúneo Bacigalupo (propietario de Vinos Cúneo). El nombre de la Reina del tango debía repetirse en boca de todos. De allí que no me resulte extraña la figura de la gente vuelta en las calles aplaudiendo y vitoreando el paso de Libertad Lamarque dentro del coche descapotable que conducía Güido Rossi, rumbo al Hotel de Turistas de Tacna; de donde, horas más tarde, partiría al Club Unión: lugar en que se le había organizado una recepción.  
Antes de su presentación en el Teatro Municipal, Libertad Lamarque fue recibida por las autoridades de la ciudad en el Club Unión; le entregaron arreglos florales y diplomas de reconocimiento. Su trato gentil, sus gestos dulces y risueños, su sencillez conquistaron a quienes la rodeaban aún incrédulos de comprobar que la artista era un ser humano. En un suplemento del diario La voz de Tacna de 1989— que, junto con dos libros, me hiciera llegar Juan Rochetti— titulado “Rojo y negro: Cronología histórica de Tacna 1929-1989”, se registra la presencia de la artista veinte años antes, resaltando de modo anecdótico dos preguntas que quizá el mismo periodista hizo a la diva: una inquiría sobre la baja tonalidad con que ella se expresaba en el lugar, a la cual Libertad respondió que se trataba de un recurso para conservar su voz y mantenerla en condiciones favorables para sus presentaciones. La otra pregunta buscó aclarar las dudas sobre su verdadera edad; ella supo disculpar la indiscreción diciendo: “(…) mi deseo es satisfacer la curiosidad de todos. Tengo los años que cada cual cree. A mi entender, una es joven hasta cuando quiere”.
Evidentemente, Libertad Lamarque aún no había publicado Mis memorias, en cuyas páginas revelaba la fecha de su nacimiento. Ahora puedo decir que llegó a Tacna a sus 50 años. Miro con cuidado las instantáneas de aquella fecha y estoy convencida de lo inverosímil de su edad, luce muchísimo más joven.
Enterarme de la presencia de Libertad Lamarque en Tacna ha servido para adentrarme en la vida de un ícono de la música y del cine. Podría hablar de su intento de suicidio en un hotel de Chile cuando, luego de discutir con su esposo Emilio Romero, se lanzó del tercer piso y solo se salvó de morir al caer sobre un toldo del mismo edificio. De su segundo matrimonio con el músico Alfredo Malerba, con quien llegó del brazo a Tacna y aparece a su lado en la foto que acompaña esta crónica y que ahora conservo en el baúl de mis tesoros. De quienes tuvieron que inventarse una historia cuando ella pisó los ambientes de nuestro teatro y recorrió las calles de la ciudad. De Escuela de música, película que trae el recuerdo de mi risa frente al televisor cada vez que el adinerado Javier Prado (Pedro Infante) pellizcaba las mejillas de la profesora Laura (Libertad Lamarque) y me maravillaba con los contrapuntos musicales, la coreografía y los duetos de la pareja al interpretar “Manicero”, “Alma llanera”, “Lamento jarocho”, “Brasil”, “Cumbancha” y tantas canciones de distintos países. De las leyendas que se tejieron en torno a su nombre. De su temor a estar encerrada. Del esparcimiento de sus cenizas en el mar como fue su deseo, pues no pudo tener mejor nombre que Libertad. Sin embargo, prefiero hablarles de lo importante que ella es para mí porque está asociada a una parte de mi vida y me define. Porque de algún modo todos somos solo eso: una construcción fragmentada de muchísimas partes e historias. Y andamos en el mundo portando innumerables rostros, cosidos con hilos indestructibles bajo nuestra piel.
En algún momento, mientras escribía esta crónica, me he visto trepando también las gradas del Teatro Municipal cogida de la mano de un niño; sentándome a su lado en el borde de la galería abalconada y siendo testigo, como él, de la maravillosa voz de aquella renombrada artista que una vez estuvo en Tacna. Por eso quiero agradecer profundamente a Ricardo Loureiro y su esposa Elba Abril, Clemente Urday Banchero, Juan Rochetti, Mauro Pacci y Willy; quienes me permitieron recuperar esta historia y a mí con ella.     

Tacna, 11 de agosto de 2012

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