La Voz de la Experiencia

“Si esto es un hombre”

Primo Levi creó una de las grandes obras literarias del siglo pasado, basada en sus durísimas experiencias cuando fue el preso 174517 —“mi nombre de cuando no tenía nombre”— en Auschwitz. El rasgo principal de “Si esto es un hombre” es que Levi escribió sobre el horror como si el horror no existiera, creando una estética sobria sobre las atrocidades vividas, logrando la unidad de actitud ética y estilo literario.
Químico de vocación y profesión, el suave, escéptico y acicalado Levi no temió nunca que las generaciones futuras no compartieran su sufrimiento, sino que no reconocieran la verdad. Nacido en Turín, de origen judío, fue uno de los partisanos detenidos en el valle de Aosta en febrero de 1944 y encerrado en un vagón de mercancías con 600 personas más. 525 de ellas, no aptas para trabajar acabaron en la cámara de gas a su llegada al campo de concentración. Un año después, el comandante soviético que liberó el campo le encargó un informe al respecto, que Levi escribió con Leonardo Debenedetti, médico turinés deportado a Auschwitz en el mismo convoy, también otro de los escasos sobrevivientes. Juntos coincidieron en Katowice, tras ser liberados y regresaron a Turín después de otra serie de interminables padecimientos, que Levi narra en “La Tregua”.

Así nació Informe sobre Auschwitz, el germen de “Si esto es un hombre”. “Yo volví del Lager con una carga narrativa incluso patológica” -escribió Levi, que asumió la obligación moral de dar testimonio en nombre de los silenciados con precisión, firmeza y esencialidad en la forma, a tal punto que rechazó la primera traducción castellana de su obra, por ser poco correcta, lo que retrasó su difusión. “Corresponde al escritor hacerse entender por parte de quien desea comprenderlo: es su oficio, escribir es un servicio público… me causaría incomodidad o dolor que el lector no comprendiera línea por línea lo que he escrito. O, mejor, lo que he escrito… puesto que todos nosotros, los vivos, no estamos solos, no debemos escribir como si lo estuviésemos. Tenemos una responsabilidad, mientras vivamos: debemos responder por cuanto escribimos, palabra por palabra, y hacer que cada palabra dé en el blanco…hablarle al prójimo en una lengua que no puede entender…es…un antiguo artificio represivo…Es una forma sutil de imponer el propio rango”.

Con excepción de Italo Calvino, su gran amigo, no frecuentó ni fue bien recibido en los círculos literarios, de modo que estuvo en el limbo durante décadas… El abstruso Georges Perec, cuyos padres murieron en un campo nazi, escribió al respecto: “la experiencia de un deportado es incapaz por sí sola de engendrar una obra de arte”. Su malestar con la identidad literaria se evidencia al publicar un volumen de relatos en 1966 con el seudónimo de Damiano Malabaila. En él figuran Plomo y Mercurio, luego incluidos en “El Sistema Periódico”, microhistorias o la historia de un oficio y sus fracturas, triunfos y miserias -Leevi dixit-. “En todo el mundo los seis años de destrucción y guerra habían provocado una regresión en muchas costumbres cívicas, así como atenuado muchos reflejos, entre ellos y en primer lugar, el reflejo de la decencia”. Dedica “Vanadio” a narrar su rencuentro, en 1967, con el químico Muller, uno de sus carceleros. O “Hierro”, a un amigo partisano asesinado por un mercenario adolescente.

Levi, que había sobrellevado su cruda experiencia con “el interés antropológico de vivir de una manera completamente distinta y el interés, que nunca flaqueó, por el ánimo humano”, fue una figura pública conocida y popular en su país, ejerciendo como testigo -no como víctima-desde 1984 hasta 1987. El 11 de abril de ése año fue hallado muerto. Para la mayoría, fue un suicidio más o menos anunciado en “Los hundidos y los salvados” o en tantas de sus entrevistas: “Me siento más cerca de los muertos que de los vivos y avergonzado de ser hombre, por ser los hombres quienes habían edificado un lugar como Auschwitz”. Otros, como la bióloga Rita Levi-Montalcini o William Styron, opinaron que fue un accidente. Styron, aquejado de depresión como Levi, atribuyó su muerte a un error en la medicación.

 

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