Editan Obra Reunida de Oswaldo Chanove

Entrevista a Oswaldo Chanove

El Gobierno Regional de Arequipa suma a la colección de autores arequipeños contemporáneos la Obra Reunida de Oswaldo Chanove, que presentó el viernes 19 de octubre en la Biblioteca Mario Vargas Llosa. Con ese motivo conversamos con el autor

¿Podrías volver a contar la historia de cómo te aproximaste a la señora Literatura por primera vez?
Cuando esa bitch me vio le parecí completamente impresentable. Yo había empezado a escribir tratando de aplicar las reglas y todo lo que conseguía eran sonrisas condescendientes, cuando no franco rechazo. Como es de conocimiento público el dolor que siente un poeta cuando le tiran las puertas en las narices es más fuerte que el del amante contrariado. Pero mi reacción fue feroz: decidí asumirme como un renegado. Esa libertad creativa me permitió escribir mi primer libro que, oh sorpresa, fue acogido como literatura.  Pero claro, mi relación con la creación tiene sus orígenes mucho antes. Fui un niño que no se divertía de la manera usual. Con mi hermano Roland nos dedicábamos a juegos puramente verbales. Creábamos un héroe  e inventábamos peripecias. Las grandes aventuras están en la mente. Ahora que lo veo tengo que reconocer que siempre fui un nerd. A los ocho años decidí escribir mi primera novela. Robé un título: Capitán Tormenta.

¿Cuándo supiste que lo tuyo era escribir sin cesar?
Abandoné arquitectura, sicología y sociología. Eso quiere decir que no tenía planeado dedicarme exclusivamente a la literatura. Pero mientras escribía los poemas de mi primer libro sentí que una fuerza se apoderaba de mí. Fue exactamente como una pasión amorosa. El ciego regocijo de participar de ese fuego convirtió en algo básico la decisión final. ¿Qué otra cosa puede uno hacer en esta vida?

¿A quién se le ocurrió la idea de “Ómnibus”? En el Epílogo Alonso Ruiz Rosas dice que el primer número salió el 7 del 7 del 77. No es verdad, ¿no?
El asunto aún está en los tribunales. En aquellos remotos tiempos la gente empezaba a decir “bus” y yo, como leal defensor de la tradición de los omnibuses de la línea 7, hice esa propuesta. Pero no tengo ni testigos.
Tal vez la revista salió el 6 o el 8 de julio. Pero ya se sabe que en la corrección está la perfección y entonces tengo la absoluta certeza que salió el 7 de julio de 1977.
 
Tus primeros poemas me recordaron un poco a Michaux. ¿Por qué sería?
En un número de la revista Amaru que dirigía Emilio Adolfo Westphalen había un poema de Michaux llamado “Yo remo”. Me impresionó el ritmo y el hecho de que Michaux considerase que la capacidad propiciatoria de la poesía era tal que podía alterar la realidad objetiva.

¿Qué más leías? Por grupos: en lengua extranjera y en español. Vamos.
Siempre he buscado la poesía oculta dentro de la prosa. Soy principalmente un lector de prosa. Recuerdo que me divertía mucho extrayendo material poético de textos que habían sido escritos sin ninguna voluntad literaria (por ejemplo los periódicos). Me encantaba la novela negra norteamericana, aunque ahora ya no entienda esa afición. Hace poco traté de releer esos clásicos sin éxito.
Pero si quieres que te mencione mis lecturas de poesía tendría que decir que como todos los de mi época estaba muy impresionado con la informalidad de ciertos poetas norteamericanos. En español leía principalmente a peruanos. Eielson en primer lugar. Luego Westphalen, Varela, el Toño Cisneros, Lucho Hernández. También los del setenta, Pimentel y Verástegui. Esas ganas de gritar en medio de la noche con un aullido que despierte a todo el mundo fue algo que para bien o para mal cambió la actitud en ese momento. En aquellos tiempos no quería meterme con Vallejo porque resultaba demasiado obligatorio. Pero luego su genialidad me apabulló.

Encuentro, ya te lo he dicho, tu poesía llena de actividad, de dinamismo, de movimiento, de verbos transitivos. Lo mismo tus relatos, son de acción y cambio. Mucha inquietud, diría alguien.
Soy extremadamente sedentario, tal vez nunca he salido de mi habitación, pero mi mente está siempre sin aliento. Supongo que por eso tengo la presión alta.

Otro rasgo que aprecio es el uso de una inmensa cantidad de lecturas, de fuentes propiciatorias no solo literarias sino de cine, de cómics, de diarios y revistas. Si uno tuviera tiempo y talento podría reconocer de dónde sale cada línea. Lo importante es que construyes con esas piezas nuevas unidades, textos nuevos en este mundo, y de gran belleza y perfección. ¿Cosa de método o de concepto?
Mi parte favorita de ser un escritor es la lectura. Mientras voy pasando páginas ajenas siento que las voy escribiendo y, cuando el autor es excelente, algo parecido a la felicidad en estado puro invade toda la habitación. Entonces cuando hago mi trabajo resulta natural que surjan las voces furtivas de todos los que habitan en la estantería. En realidad los tributos, relecturas, pastiches y remakes son ya un estándar en la literatura contemporánea. Soy de los que creen que la verdadera originalidad está en encontrar nuevos matices a los grandes temas, a los procedimientos establecidos. Tropezar con una nueva y poderosa tonalidad en algo altamente destilado es más elegante que inventar la rueda. Por eso creo que la verdadera revolución no se hace en el texto mismo sino en la mirada. La búsqueda de lo nuevo es una búsqueda sutil porque en el fondo es la revelación de la singularidad en el océano de lo plural. Al hacer emerger lo personal e intransferible uno participa del acto vital por excelencia.

¿Sientes que has atravesado por etapas o épocas más o menos definidas en tu trabajo literario?
Pues sí. Desde que me fui a vivir a Texas mi vida ha cambiado radicalmente. Antes para mí era importante el patrullaje, las incursiones, las aventuras. Creo que solía ser un tipo más o menos gregario. Siempre había gente con la que tomarse un trago, conversar, crear experiencias para luego rememorarlas, hacer travesuras. Pero desde que llegué a El Paso tengo una vida mucho más orientada a la introspección. Siempre me ha gustado el cine, pero en ese país tengo fácil acceso a un catálogo increíble. Entonces las aventuras, una vez más, están en la mente. Y quiero creer que, paradójicamente, mi perspectiva vital se ha ensanchado.

¿Escribes bajo un plan, con un horario, por temporadas?
Mi plan es estar siempre disponible. Todo el tiempo estoy sondeando en textos y películas y de pronto la curiosidad se transforma en deseo y el deseo impulsa mis manos sobre el teclado. Cuando ocurre ese milagro me subo a la mesa y bailo.

Alguna vez leí que te consideras más poeta que prosista. Sin embargo últimamente has editado un libro de relatos; y tu blog tiene miles de lectores ¿Persistes en la idea?
Leo la prosa como poesía y escribo la prosa pulsando las frases como si fuesen versos. Supongo que corro el riesgo de que me acusen de poeta. Me gustaría ser digno de ese alto título. En la prosa mi elección es la frase corta y muy precisa. Trato de eliminar todo lo que sobra. Y la sonoridad de cada adjetivo, la cadencia y el ritmo de cada párrafo, es algo que a veces tiene más importancia que la anécdota. Incluso el arco de tensión de las escenas está compuesto con la oreja. En el libro que se va a presentar hay relatos y una novela inédita donde Arequipa es el escenario. Hay personajes que ya se mencionaron en “Cosas Infames”. También ambientes recurrentes, como por ejemplo la legendaria Casa del Rolo.

A propósito de recurrencia. Tu obra se parece a aquello que Sartre dijo de Faulkner: la mirada de alguien que va en el asiento de atrás de un automóvil y ve cómo se aleja el camino. Intriga que Fátima Carrasco, Dino Jurado, tú y otros narradores surgidos en los ochenta vuelvan una y otra vez a esa década, para bien o para mal.
¿Tú crees? Si bien es cierto que tengo personajes y temas recurrentes no creo que se pueda localizar mi última novela en los años ochenta. Yo creo que más bien flota en un tiempo indefinido. He juntado sitios que existieron en diferentes épocas (como el Far West de la Suiza, el Quinqué y El Búho). Y mi retrato de la Casa del Rolo es muy estilizado. Pero en todo caso no creo que sea preocupante. Lo que me parece digno de mencionar es que Arequipa esté siendo recreada en la ficción. Creo que cuando un pueblo se imagina a sí mismo adquiere una dimensión más gravitante: su existencia es más fuerte.

Finalmente, este libro publicado por la Región no son tus Obras Completas, ¿no? ¿Tienes más proyectos?
Este libro reúne todo lo que he publicado hasta la fecha más “La vida de los vertebrados”, una novela inédita. Se incluye también relatos y poemas que no fueron recogidos en libro. En estos días tengo en proceso “Sin palabras”, una colección de poemas, y “Varias cosas”, algo  de prosa.

 

Biografía de Oswaldo Chanove

Nacido en Arequipa (a unos 300 metros de la Catedral), el 21 de octubre de 1953. A las 10 y treinta de la noche (22:30 hrs)
Signo Libra con ascendiente: 3°35′ Cáncer
En su infancia recibió (inútilmente) clases de piano.
Empezó a escribir la novela El capitán Tormenta a la edad de ocho años. Compró mapas y diccionarios para la investigación pero la ambientación resultó tan abrumadora que fue inevitable el abandono.
Su padre alquiló una casona a 400 metros de la Plaza de Armas. Allí empezó a funcionar la Academia Comercial Simón Bolívar. Su habitación quedaba muy cerca de las aulas.
En 1970 egresó del Colegio La Salle.
A los 17 años estuvo a punto de morir a causa de una peritonitis.
Estudió un año de Arquitectura en la UNSA. Luego estudió dos años de sicología.  Luego estudió un año de sociología.
En febrero de 1976 participa en la publicación de la revista Roña.
En 1976 vivió en San José de Costa Rica donde pasó la mayor parte del tiempo en la Biblioteca Nacional. Allí encontró un ejemplar impecable de los 5 metros de poemas de Oquendo de Amat.
Regresó a Arequipa  para dedicarse exclusivamente a la poesía.
En 1979 ganó el premio de poesía José María Arguedas, organizado por la Asociación Nissei del Perú.
Trabajó en periodismo (Caretas, Somos, Debate, El Mundo).
Visitó Francia e Italia durante un par de meses.
Fundó y dirigió durante varios años la Sala de Audiovisuales de la UNSA.
En 1992 vivió con Gloria Sanz durante casi un año en un balneario cercano a Villa del Mar, en Chile.
En 1996 se instaló en Cusco, en el barrio de San Sebastián, durante un año para escribir su primera novela.
En 1998 representó al Perú en la Feria del libro de Quito, Ecuador.
A fines de los noventas se fue a vivir a El Paso, Texas.
En el 2002 subió a la red un recetario de la cocina arequipeña.
En el 2005 empezó a postear en su blog Crónica del instante.
En 2008 ganó el premio Luces, del diario El Comercio,  “Al mejor poemario”, por su libro Las palabras no pueden expresar lo que yo experimenté entonces.
En 2010 la revista Somos ubicó a Plexo Solar en el primer lugar entre los libros de poesía más leídos.

Publicó algunos poemas traducidos al francés en el número 20 de la revista Poesie Premiere.

Libros publicados:
El héroe y su Relación con la Heroína (Libros de Macho Cabrío. Lima 1983)
Estudio sobre la Acción y la Pasión (Libros de Macho Cabrío. Arequipa 1987)
El Jinete Pálido (El Santo Oficio. Lima 1994)
Inka Trail (El Santo Oficio. Lima 1998)
Canción de amor de un capitán de caballería para una prostituta pelirroja. El Santo Oficio. Lima 2002
La palabras no pueden expresar lo que yo experimenté entonces. Álbum del universo bakterial. Lima 2008)
Cosas Infames (Estruendomudo. Lima 2009)
Plexo Solar (Aquelarre Ediciones, Arequipa 2010

Deja un comentario