El boom de la autopublicación

Entrevista a Rocío Silva Santisteban

Rocío Silva Santisteban llegó el pasado fin de semana a Arequipa para hacer un par de trámites en el Tribunal Constitucional y luego enseñar en la Maestría en Estudios Culturales de la Universidad de San Marcos.
Aprovechamos un intermedio y conversamos brevemente con ella.

P.- Cuando te conocí escribías poesía y cuento. Ahora leo de ti libros de crítica, ensayos y artículos periodísticos. ¿Hay alguna razón para ese cambio?
R.- He hecho periodismo desde que era muy joven. Obviamente empecé a escribir poesía de adolescente, pero cuando salió mi primer libro de cuentos en el año 94 ya tenía una experiencia larga en periodismo, desde los años 80.
Quizá ahora mi trabajo se ha hecho más visible por la columna que tengo en el diario La República y la que tuve en El Comercio. Antes no firmaba mis artículos, pero hacía crónicas por ejemplo.
No es que me haya pasado de la poesía a la no ficción. Escribo poesía; narrativa menos, porque esa exige mayor concentración en el trabajo. Y al mismo tiempo escribo ensayo: últimamente he publicado mi tesis de doctorado y estoy a punto sacar un nuevo libro con análisis discursivos de testimonios ante la Comisión de la Verdad y la Reconciliación.

P.- Digamos que para nosotros los lectores tu imagen es ahora de activista y ensayista…
R.- Eso es porque no publico mis libros de poesía. Porque me he propuesto no auto publicarme. Si nadie tiene interés en publicar mi poesía no voy a publicarla yo.
Hay en el Perú hoy un boom de la autopublicación. Yo tengo mi libro, yo me autopublico; luego, yo soy un escritor.
Creo que es mejor utilizar otros espacios, internet por ejemplo. O la oralidad, los recitales que ya se estaban perdiendo.
Una editorial que ha aceptado es Visor, de Huancayo, que va a publicarme una novela.

P.- ¿Tu trabajo en la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos ha cambiado en algo tu visión estética de la realidad?
R.- Quizá es demasiado pronto para decirlo. Pero creo que no me ha cambiado. Mi línea política y mi visión de la estética sigue siendo la misma. A partir de mi segundo libro mi orientación ha sido más clara todavía, quizá porque el problema de Sendero ya había pasado.

P.- ¿No notas que las novelas sobre la violencia política en el Perú adolecen de falta de “sinceridad literaria”, por decirlo de alguna manera?
R.- Sí, yo pensaba eso. Creía que ser sincera era escribir a partir de las emociones y de lo personal. Pero eso no es necesariamente cierto. Creo que hay personas que tienen un proyecto político definido y lo transfieren a la literatura, lo cual me parece válido. En ese sentido creo que las informaciones y testimonios que nos ha dado la Comisión de la Verdad nos han ayudado a muchos escritores a reflexionar y tomar posiciones. Por eso hay tantas novelas sobre el conflicto armado desde todos los ángulos: los “criollos”, los “andinos”, los que están afuera como Daniel Alarcón, o los que están adentro como Oscar Colchado o Julián Pérez Huaranca, o la gente de Sendero que está en la cárcel y tienen unos talleres de escritura, tanto hombres como mujeres con los que uno puede estar en acuerdo o en desacuerdo, como con todos. Pero me parece genial que haya esta exploración estética desde varios ángulos sobre una experiencia crucial para el Perú.

P.- ¿Pero no te parece que en general se privilegian ciertas visiones elitistas o paternalistas sobre la realidad del Perú?
R.- No podemos esencializar. Hay de todo.

P.- ¿Y en el campo de las Ciencias Sociales, también encuentras diversidad cultural?
R.- Creo que sí. De un lado tienes a los académicos asociados a la Católica, por ejemplo, que trabajan desde un marco de análisis discursivo lacaniano; y otra cosa es Carlos Iván Degregori, por ejemplo, cuyo acercamiento al mundo andino a mí me parece absolutamente auténtico y además vinculado con un activismo en temas de Memoria. No hay uno, hay varios tipos de intelectual en el Perú. Y a mí me parece importante reivindicar las múltiples posibilidades que hay en Arequipa, Huancayo, Trujillo, Cusco. Lo que se tendría que hacer es articular redes para las potencialidades regionales, que podrían ser más dialógicas con la capital. Porque en Lima hay un desgaste.
Específicamente en el área de la poesía, para regresar al primer tema, percibo en Lima un gran desgaste. Se produce tanto —porque se han abaratado los costos de las publicaciones— que se pierde. Lo que tenemos es gran cantidad de libros, pero mal escritos. Terminan un libro y lo publican, ni siquiera lo pulen. Ya no hay Taller Literario, es una pena. Se ha perdido la ansiedad por mantener pulida la escritura. Lo que hay ahora es una ansiedad por ser poeta.

P.- Se ha perdido además ese personaje que era el editor que le daba tu libro a lectores especializados para que recomienden su publicación o no…
R.- Sí. Ahora cualquiera es editor. Si tienes plata para pagar tu libro yo te lo publico. La calidad es lo de menos.

P.- ¿No será eso expresión de la penetración de los criterios de mercado en el campo de la producción cultural?, ¿no es una necesidad del escritor de tener “clientes” y gozar de fama?
R.- Mercado siempre ha habido, pero ahora aparece una hipernecesidad de poner tu ego por encima de todas las cosas, y quieres convertirte en el “sujeto de la fama”. Y eso es falso porque la poesía, sobre todo, tendría que ser lo más gratuito del mundo.
La poesía se percibe a través del reconocimiento del texto, no del sujeto. El escritor está por supuesto detrás de su texto, pero es el texto el que se debe reconocer. Y ahora todos quieren ser poetas como Vallejo, pero sin el trabajo intenso y revolucionario que hizo Vallejo con el lenguaje.

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