Una escuela diferente

Conferencia de Julián de Zubiría en Arequipa

El II Congreso Internacional de Literatura y Lingüística desarrollado la semana pasada en la UNSA dejó algunos saldos memorables, como las conferencias que dio el profesor colombiano Julián de Zubiría, especialista en Sistemas Educativos, consultor del gobierno colombiano y del chileno y propulsor de cambios drásticos en los métodos y los contenidos de la Enseñanza Básica e Intermedia. Sostiene que el sistema educativo latinoamericano está diseñado para almacenar información irrelevante en la mente de los alumnos. Que la inteligencia racional no es la única ni la más importante a cultivar. Que los gobiernos a partir de los años 80 solo tratan de formar trabajadores y tecnócratas.
Ofrecemos aquí parte de la Conferencia que brindó en el Aula Simón Bolívar de la UNSA el jueves 25.

Piensa, ama y actúa
Pensamos distinto en una época y en otra; amamos distinto. Porque hay un contexto sociocultural que modifica nuestras maneras de actuar, pensar y amar.
El estudiante motivado —dimensión emotiva— aprehende mejor —dimensión cognitiva. Sin embargo ambas son inteligencias distintas, porque uno puede tener desarrollo en una y no en la otra. Todos conocemos a alguien muy bueno en las ideas, bueno para analizar e interpretar; pero torpe en el amor. Lo cognitivo tiene unas lógicas y el amor otras.
Hay quienes son muy buenos con el aprendizaje —dimensión cognitiva—, pero el salario no les alcanza para fin de mes —dimensión práctica. En eso se equivocó Piaget: creyó que si se desarrolla lo uno se desarrolla lo otro. Pero hay asincronías en el desarrollo de cada dimensión.
Si esto es válido, entonces está equivocado el sistema educativo; tendría que enseñarnos a desarrollar no una sino las tres dimensiones. En la escuela debería uno aprender a conocerse a sí mismo; aprender a comunicarse con los demás eficientemente en vez de memorizar las ecuaciones de segundo grado que no sirven para nada en la vida.
El sistema educativo peruano ha puesto énfasis en Comunicación, pero el 87% de los jóvenes falla. Y eso que solo evaluamos lectura; si evaluáramos escritura la cosa sería muchísimo más grave. Pero en la dimensión cognitiva estamos aun peor: los jóvenes no han aprehendido a pensar. A pensar.
Primer principio: hay distintas inteligencias. Lo cual implica que en Educación deberíamos estar trabajando en cada una de esas inteligencias. Y esto significa que el profesor de matemática debería enseñar tanto la cognitiva como la práctica y la afectiva.
El 42% de los estudiantes norteamericanos ha pensado en el suicidio, y la escuela sigue concentrada en las ecuaciones diferenciales de segundo grado.

La modificabilidad
Es el segundo principio.
Si digo “Juan es inteligente” cometo ocho errores distintos. El primero, el verbo “ser”. Denota un estado; y la inteligencia es una actividad. Una persona es inteligente en un momento de su vida; después de tomar y tomar pierde esa inteligencia. Una persona que no lee no “es” inteligente. Uno se vuelve inteligente o deja de ser inteligente. Y así en todo: somos seres total, permanentemente modificables.
Yo dediqué quince años en Colombia a trabajar con niños con talento, y mi conclusión fue: no existen los niños con talento. Empecé a recibir niños de todas las capacidades.
En  mi país hubo hace poco gran alboroto porque una ciclista ganó una Medalla de Oro en los Juegos Olímpicos. Pero la medalla no es solo de ella; la mamá merece mínimo la mitad de la medalla; y nadie gana una medalla si no tiene un excelente profesor, escenarios deportivos, auspiciadores…
Este principio de la modificabilidad lo tomo de un educador de Israel, Feuerstein. Pero discrepo de él porque creyó que la modificabilidad es eterna, yo creo que se va perdiendo poco a poco. Hay quienes se mantienen libres para cambiar en la adultez, pero son pocos. Ese es el mayor obstáculo para el cambio en la Educación, porque hay que cambiarla con los profesores, y como son mayores se resisten al cambio. Y si no se cambia a los profesores, no hay cambio posible.

Procesos
Tercer principio. La educación no debe estar dirigida al aprendizaje sino al desarrollo.
Uno no debería ir a aprender nada al colegio, ni a la universidad; debería ir a aprender procesos. Los chinos decían “No demos un pescado, enseñemos a pescar”. Casi todo lo que se hace en la escuela es comer pescados, y uno no aprende a pescar. La lectura es una caña de pescar, la argumentación es una caña de pescar. En la vida necesitamos argumentar correctamente, y a descubrir cuándo nos engañan en vez de darnos argumentos.
La lectura es la única posibilidad que tenemos de hablar con los muertos, de traer a Aristóteles al salón de clase. Por eso es importante.
Entonces, ¿qué sería el desarrollo? Es pasar de una estructura a otra un poquito más compleja.
La escuela nos enseña información que no necesitamos, lo que se necesitan son conceptos. La información no la guardamos en el cerebro, sino en USBs o en el celular.
Pero no basta con recordar los conceptos, se debe aprender a operar con los conceptos: deducir, inducir, generalizar, clasificar; eso es saber leer.
Y por último, tendríamos que aprender sobre cómo aprendemos. Eso se llama Metacognición. Por ejemplo, un profesor de matemáticas me da un problema y me dice “No lo resuelvas, dime cinco manera de resolverlo”. Metacognición es “No me escriba un ensayo. Hágame el plano de su ensayo”. Marx decía “La más brillante de las abejas es más torpe que el más torpe de los hombres  porque los seres humanos construimos siempre las casas dos veces”. Construimos la primera casa en nuestra mente, la llevamos a los planos y podemos ver así cómo va a funcionar, evitamos los errores.

Interestructuras
Y el último principio es: las ideas no nos vienen de afuera, pero tampoco nos viene de adentro. No nos las moldean desde afuera pero tampoco las estructuramos desde adentro. Se interestructuran.
Un discípulo de Piaget, Flavel, lo dice con una metáfora interesante. Cuando nos enseñan una mancha en el Test de Rochard uno dice “Ah, es un murciélago”. Flavel dice: “Es importante darse cuenta de que no solo se ha acomodado uno a un estímulo externo, es decir que no es que haya observado estúpida y pasivamente la mancha, y haya descubierto un murciélago que realmente estuviera ahí. Si no hubiera en su sistema cognitivo una concepción previa y bien elaborada de lo que es un murciélago indudablemente el sujeto no habría sido capaz de detectar e integrar en una estructura perceptiva global el conjunto de características concretas que tenía la mancha”.
No es que el murciélago esté ahí. Muchas de las cosas que leemos no están en los textos, están en nuestras cabezas. Muchas de las cosas de la realidad no están en la realidad, están en nuestras cabezas. Y esto niega los dos principios que se le oponen: el de la escuela tradicional y el de la escuela activa.
No llegamos a hablar si no estamos con personas que hablan, ni llegamos a amar si no estamos con gente que nos ama, no aprendemos a pensar si no estamos con personas que piensan. No es de adentro de donde sale el saber. En eso se equivocó Piaget y también Chomsky.
Pero tampoco viene todo de afuera, es más complejo. Cuando vemos una película cada uno ve cosas diferentes, porque las estructuras cognitivas y valorativas, las experiencias y las expectativas de cada uno son diferentes. Somos lectores activos de la realidad.
Si es válido lo que he dicho, entonces se equivocan los modelos constructivistas o de la escuela activa, porque son autoestructurantes. Porque subvaloran el papel de los maestros.
En Perú el 87 % de los estudiantes se quedan en el 01 en lectura. ¿Y en qué nivel se quedan los profesores? Yo trabajé con profesores en Colombia e hice la promesa de nunca socializar esos resultados, pero se puede inferir que el profesor tiene una participación activa cuando los resultados son bajos, o cuando son altos. Detrás de todo niño con talento siempre hay un familiar con talento, cuatro o cinco profesores con talento. De ahí el papel tan importante de ese mediador de la cultura que es el maestro. Pero se equivocan también los modelos heteroestructurantes que creen que los jóvenes llegan a clases sin ideas.
En Chile el 2010 hubo un debate sobre quitarle horas a la Literatura, al Arte y a las Ciencias Sociales para dárselas a las Ciencias Naturales. Ojo, es una ruta peligrosísima. Porque, ¿dónde vamos a formar seres humanos críticos, pensantes? El Arte sirve para formar seres humanos más sensibles y no puros tecnócratas vacíos, sin imaginación ni sentido de solidaridad.

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