Sinfonía cusqueña

Música mestiza cusqueña tradicional

Nos solían decir que “Cantar es orar dos veces”; y tal vez cantar fue la única razón que daba sentido a las misas de todos mis domingos de infancia en el colegio. Esas misas en las que solo cuando cantas te sientes liberada, casi en un trance de voces que rebotan por las paredes entre orificios de pena o culpa que no deberían existir.
Recuerdo con más nostalgia cuando mi madre nos llevaba a la Catedral, a las misas vespertinas previas a la “Semana Santa”. Nos gustaba estar cerca de las velas para jugar con la cera caliente durante el letárgico sermón y también porque nos daba calor, bajo aquella inmensa bóveda de piedra. Un momento especial era cuando las “Ch`aiñas” cantaban; esos rostros arrugados, sus voces desprendiendo tonos penosos, agudos y roncos, muchas veces las vi llorar y sus lágrimas brillaban al igual que sus voces con la luz de las velas.
La presencia y voz de las “Ch’ayñas”, son exclusivas del Señor de los Temblores pues no les está permitido cantar en otras partes, solo en actos litúrgicos. La voz de la Ch’ayña es aguda y nasal, propia de un contexto sonoro no occidental. Se dice que sus cánticos provienen de épocas precolombinas y que fueron transformados según los requerimientos de los conquistadores. Sin embargo, hasta la actualidad se mantiene su transfigurada esencia musical andina. El “Apu Yaya Jesucristo” por ejemplo considerado como himno a Jesús, es el canto religioso quechua mas difundido en la Sierra, sobre todo en Ayacucho, Cusco y Puno.
El padre Jorge Lira era un sacerdote católico y uno de los más prestigiosos expertos en folklore andino, durante su permanencia  en Tinta y Combapata, distritos de la provincias de Canchis, se encontró impresionado por la fuerza que pudo comprobar en la voz de cuarenta campesinos que al son de varias arpas cantaban en Viernes Santo el “Apu Yaya Jesucristo” teniendo la virtud de: “desesperar el corazón más conformista al mismo tiempo que voces rudas y viriles llenaban el recinto sagrado de la iglesia parroquial y contestaban toda la piadosa multitud como un mar embravecido que rugía feroz”.
En el distrito de Andahuaylillas, provincia de Qusipicanchis Juan Pérez Bocanegra escribió y publicó en el año 1631 la obra polifónica barroca más antigua que se conoce en el Perú denominada “Hanaq Pacha Kusikuynin” que significa “Alegría del cielo”, exquisita obra que revela el mestizaje producido entre la música barroca y la indígena.
Estudiantes de los colegios de Andahuaylillas, Huaro y Urcos, interpretaron el “Hanaq Pacha Kusikuynin” con motivo de inaugurar la restauración de los órganos musicales de la Capilla de San Pedro Apóstol más conocida como la “Capilla Sixtina de América”; evento realizado en noviembre del 2008 en el que participaron autoridades locales, diplomáticos y representantes del Fondo Contravalor Perú-Francia, encargados de dicha restauración, entre otros.
Este 31 de Octubre del 2012 el “Hanaq Pacha Kusikuynin” se oyó nuevamente, esta vez interpretado por el Coro y Orquesta Infantil y Juvenil “Sinfonía por el Perú” Núcleo Cusco, inaugurando la restauración del Templo San Pedro Apóstol.
“Sinfonía por el Perú” es un proyecto social liderado por el tenor Juan Diego Flórez, presidente y promotor principal. El Núcleo Cusco viene trabajando desde marzo del 2011 y tiene hasta la fecha más de 90 niños y niñas, está dirigido por el Maestro Theo Tupayachi, director de la Orquesta Sinfónica del Cusco del Ministerio de Cultura; quienes también estuvieron presentes en Andahuaylillas.
Participo además dentro del programa el Coro y Orquesta Infantil y Juvenil del Cusco con tres canciones tradicionales recopiladas por José María Arguedas: “Lorochay, Amapolay y Saruykuy”; canciones que resonarán como las Ch’ayñas del sur andino a la par del evangelizador “Hanaq Pacha Kusikuynin”.
Una fiesta de la música mestiza andina del Cusco.

 

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