Voces y ventanas

El nuevo poemario de Segundo Cancino

“New York al paso” es el reciente poemario de Segundo Cancino que se presentó el último viernes en Tacna; una suerte de epopeya que narra las experiencias de un extranjero situado en tierras norteamericanas. En el contexto del libro se ponen en evidencia tres voces dominantes: la del poeta que transita por la ciudad y la contempla, desdoblándose para dirigirse al lector, a la estatua o a sí mismo. La voz de la Estatua de La Libertad quien representa la sociedad americana y advierte la presencia del poeta en su ciudad, manteniendo con este un diálogo permanente a fin de orientarlo por los rumbos que terminan conduciéndolo al desentrañamiento de sus secretos. Y la voz del coro entendida como una entidad que representa al otro y se distancia de las perspectivas del poeta y de la estatua, otorgando un equilibrio al poema. El papel del coro es recuperado de la tragedia griega y sirve para explicar, anticipar, describir ciertas escenas que ayudan a entender mejor el texto. El coro asume aquí la voz que permite al poeta la recuperación de sus recuerdos, de su historia, de su hogar reconociendo de este modo su propia identidad. Por momentos, el coro habla de la luna, de los bofedales cubiertos por la nevada, de la forma del hocico de las vizcachas, el cóndor; cumbres, desiertos, huesos de gentiles. Por momentos, confronta a la estatua con su propia historia, aproximándose y distanciándose permanentemente.
Otro aspecto interesante del libro es la concepción de la ciudad de Nueva York como un macrocosmos onírico. Desde el inicio los primeros versos cuando el poeta se adentra en este espacio, califica al aire hecho de cristal como el sueño. La palabra “sueño” o sus referentes inmediatos son repetidos  23 veces en el libro. Hecho que permite suponer que la ciudad de Nueva York no es un espacio físico real sino la interpretación onírica del lugar en donde los seres que la habitan sucumben en el anonimato y el colectivo despojándose de sus cualidades diferenciadoras. Es un escenario que en cierto modo nos recuerda a la segunda parte de Fausto, donde el protagonista convive con personajes provenientes de la mitología o la literatura. Nueva York es un espacio donde el autor hace gala de sus amplios referentes culturales, poblando este escenario de personajes representativos no solo de la literatura sino además de la música, la pintura, la fotografía; donde los dioses han perdido su estatus divino y cohabitan junto a seres ordinarios, comunes y corrientes.
Se debe tomar en cuenta también la permanente referencia a las ventanas como puntos de encuentro entre dos realidades: una externa que se orienta hacia la contemplación de la ciudad, y una interna que se va adentrando en la intimidad de los personajes, permitiendo así una doble influencia. Una de las imágenes que explica esto es la de Paul Auster en un café sentado muy cerca de la ventana, meditando sobre la caracterización de sus personajes o la construcción de sus historias; mientras su figura es asociada a la mujer del artista plástico Hopper, secreta, efímera, que se prolonga y revienta detrás de las ventanas.
Como se señala en la contratapa del libro, con New York al paso, Segundo Cancino nos devuelve a su poética caracterizada por juegos de experimentación formal, transtextualidad, abundancia de referentes culturales, entrecruzamiento de géneros, manteniendo al lector en un estado continuo de alerta.     

Tacna 14 de Diciembre de 2012

 

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