Cuadros de una exposición

Música clásica para niños

Modesto Mussorgsky tenía muchos amigos. Los músicos más importantes de Rusia formaron con él un grupo unido, que deseaba componer música clásica pero con una identidad rusa y no a la manera pulcramente académica europea que estaba de moda en aquellos años, mediados del siglo XIX. Los llamaban “Los cinco”. Junto a él estaban Rimsky-Korsakov, Balakirev, Borodin y Cui. También era amigo de un arquitecto, Víctor Hartmann, pintor aficionado que vivía cerca de él, en San Petersburgo.

Un día Mussorgsky y Hartmann salieron a pasear, de pronto el arquitecto tuvo un ataque de asma y cayó al suelo. Desesperado Modesto trató de ayudarlo. ”Descansa un poco, almita, y luego seguiremos”, le dijo. Unos días después Hartmann murió en un hospital, a los 39 años; y Mussoksky, que era un hombre muy sensible y culposo, atribuyó esa muerte a la poca ayuda que había dado a su amigo. Entró en depresión.

Un amigo de ambos, Vladimir Stassov, trataba de calmar al compositor. Le sugirió que juntos hicieran un homenaje a Hartmann exponiendo los cuadros que este había ido pintando en los últimos años y que tenía guardados en su habitación. Escogieron unos cuatrocientos, obras pequeñas en realidad, y montaron la exposición. Se supone que Mussorgsky debía escribir una composición para la fecha, pero fue incapaz de hacerlo. Solo algunos meses más tarde emprendió la tarea de crear una suite de diez movimientos, para piano, que acabó en 1874, cuando Modesto tenía 36 años.

Cada una de las breves piezas de la suite representa uno de los cuadros de Hartmann, solo tres tomados de la exposición y seis según los recordaba Mussogsky entre los vistos en casa de su amigo; de modo que la exposición musical es una imaginada y no la vista por todos, una obra recreada con la música de acuerdo a las emociones del compositor. La décima pieza es la Promenade, una melodía que representa el ingreso a la sala imaginada y paseo del espectador entre cuadro y cuadro, por lo tanto va cambiado según la impresión recibida.

La orquestación

No sabemos si Mussorgsky tenía la intención de llevar su obra de piano a la orquestación completa. No lo hizo. A su muerte su amigo Rimsky-Korsakov tomó las partituras de Modesto y las sometió a un severo arreglo. Escribió: “Mussorgsky tenía un gran talento, original, lleno de novedades y vitalidad pero al mismo tiempo en sus manuscritos se observan errores técnicos, armonías disonantes, modulaciones ilógicas”.

Cincuenta años más tarde un músico francés, Maurice Ravel, completó la obra con una instrumentación insuperable. Ravel admiraba la creatividad de los rusos y en especial a Mussorgsky aunque sabía poco de él. Fue un amigo suyo, el crítico Michel D. Calvocoressi, quien viajó a Rusia en 1912 con el propósito de reunir material para un libro y estudiar la partitura original de la ópera de Mussorgsky “Boris Godunov”. Nunca llegó a ver el manuscrito; descubrió, en cambio, la partitura de piano de “Cuadros de una Exposición”. Pero pasaron diez años más hasta que Ravel emprendió la orquestación, a pedido del director Serge Koussevitzky. Ravel tenía seis años cuando el compositor ruso murió, pero ha entendido magistralmente el sentido de sus “Cuadros…”.

La versión que escuchamos hoy resulta entonces una especie de creación colectiva, entre Mussorgsky que la ideó, Rimsky-Korsakov que la arregló para publicarla, y Ravel que hizo la mejor orquestación.

“Cuadros de una exposición” es una obra ideal para motivar a niños en el gusto por la música clásica. Sus melodías son sencillas y agradables, son descriptivas de cuadros infantiles, y la orquestación es muy pictórica e imaginativa.

El programa.

Tal cual es presentado en un concierto español para niños, el programa de la obra es el siguiente:

Promenade I.

Presentación solemne de la obra, a modo de inauguración de la exposición. En la orquestación de Ravel son las trompetas las que presentan el tema, respondidas por el resto de metales. Después lo desarrolla la cuerda y termina volviéndose a presentar por todos los metales, seguidos por la orquesta completa.

1. Gnomo. Un ser grotesco y minúsculo que camina torpemente con sus piernas torcidas, dando aullidos y saltos. En la música se representa a través de continuos contrastes: rápido-lento, fuerte-suave. La pieza tiene un cierto aire siniestro.

Promenade II. En esta segunda aparición del tema del paseo, son las trompas las que lo presentan, seguidas de las maderas.

2. El viejo castillo. Un trovador canta al pie de un castillo medieval. Ravel plasma la romántica voz del trovador en el sonido del saxofón. Este instrumento no era habitual en las orquestas de la época, pero Ravel lo utilizaba asiduamente.

Promenade III. Nuevamente son las trompetas las que presentan el tema, respondidas por las tubas una vez y por las cuerdas la segunda, que se ve interrumpida por la llegada del siguiente cuadro.

3. Tullerías. Un animado cuadro que describe el ambiente de las Tullerías, los famosos jardines parisinos: alboroto, niños que juegan, riñen y se divierten. Buscando esta ligereza, Ravel prescinde aquí de trompetas, trombones y tubas. Además, el único instrumento de percusión que utiliza es el más sutil: un triángulo.

4. Bydlo. Una enorme carreta polca de grandes ruedas, arrastrada por bueyes. La tuba presenta una melodía de inspiración popular rusa, apoyada en la cuerda grave y los fagotes. Una base armónica ondulante nos sugiere el movimiento de las pesadas ruedas. El segundo tema, más agudo, es presentado por los violines y contestado por toda la orquesta. La secuencia dinámica de la pieza (piano pianísimo) nos muestra cómo la carreta se acerca desde la lejanía, pasa junto a nosotros y se vuelve a alejar.

Promenade IV. Es el paseo más poético y delicado de todos, presentado por las maderas, a las que van sucediendo el resto de timbres orquestales. Melódicamente también es el paseo más variado.

5. Baile de los pollitos en su cascarón. Las flautas son las protagonistas de este número tan alegre, acompañadas de maderas y cuerdas en esta imitación de unos polluelos picoteando su cascarón y librándose torpemente de él.

Éste es uno de los diez dibujos de Hartmann ilustrados musicalmente por Mussorgsky que aún se conservan. Se trata de una tinta china realizada para la puesta en escena del ballet Trilbi.

6. Samuel Goldenberg y Schmuÿle. Retratos de dos judíos polacos, uno rico y el otro pobre. Ravel otorga la voz llorona del pobre Schmuÿle a la trompeta, y la arrogante del rico a toda la orquesta. Un diálogo musical lleno de tensión y dramatismo, en el que el judío rico intenta alejar de sí al suplicante pobre. El tema del rico es una melodía de carácter oriental interpretada al unísono por la cuerda en el registro grave, mientras que el tema del pobre es una melodía muy aguda acompañada por la madera sobre un ritmo ágil que le confiere el nerviosismo y la insistencia del personaje. Posteriormente hay un contrapunto entre los dos temas que termina con un motivo del tema del rico, lo que hace entender que éste se ha impuesto al pobre.

7. El mercado de Limoges. La plaza del mercado de la ciudad francesa de Limoges, con su alegría, bullicio y discusiones. Ravel otorga el protagonismo de este número a las cuerdas, en las que se suceden melodías ligeras, apoyadas por maderas, percusión y rápidos toques de trompetas.

8. Catacumbas: sepulcro romano – cum mortuis in lingua mortua.

Este número describe, por una parte, el cuadro de las catacumbas de París en las que el artista se adentró con una lámpara y, por otra, el encuentro del compositor con sus amigos fallecidos, Hartmann entre ellos.

En la primera sección, Sepulcro romano, se suceden poderosos y disonantes acordes de los metales con reguladores dinámicos, semejando un órgano.

La segunda sección, Cum mortuis in lingua mortua, es en realidad otra Promenade un tanto fantasmagórica, en la que el tema se va sucediendo en diferentes timbres sobre el trémolo pianísimo de las cuerdas.

9. La cabaña sobre patas de gallina (Baba-Yaga). Otro de los cuadros que se conservan corresponde a la choza de la bruja Baba-Yaga, la más temida por los niños rusos, que él representa con forma de reloj. La cabaña puede desplazarse a donde quiere gracias a sus patas de gallina. Sus movimientos bruscos aparecen representados en el comienzo de la música.

10. La gran puerta de Kiev. Como se puede observar en la obra original de Hartmann, un proyecto para la construcción de una puerta monumental en Kiev que nunca llegó a realizarse, una procesión solemne pasa bajo los arcos de la puerta. Este carácter ceremonial se plasma en la pieza en la que, tras un brillante comienzo de los metales, podemos adivinar cantos religiosos y repiques de campanas, y que concluye con el tema inicial de la Promenade a modo de himno triunfal.

 

Deja un comentario