Bestias del sur salvaje

¿El cine imita a la vida?, ¿la vida imita al cine?

Está en cuestión si el arte imita a la realidad o si crea una realidad autónoma. Esto nunca lo sabremos. Sin embargo nos atrevemos a expresar que el buen arte crea un pequeño universo, un complejo espectro de emociones y sensaciones que se cierra en sí mismo; sin embargo el arte considerado universal, las obras maestras en el pleno sentido de la palabra dan cuenta de una porción de la Realidad –para gran pesar de las subjetivistas– aquella que con “r” mayúscula nos abarca a todos y a todo. Luego de haber dicho esto, quizás, y no sin audacia, podremos calificar la película que nos ocupa como un sutil pero destellante reflejo de lo que en verdad es.

Estamos muy acostumbrados a que Hollywood nos presente una cara muy amable sobre la realidad americana. Un semblante lleno de optimismo e ilusión, a veces tamizado por una desgracia nacional o individualmente estereotípica, pero que siempre encuentra un rumbo más o menos satisfactorio. ¿Qué sensación nos deja estas cintas? ¿Cierto desencanto mezclado con incredulidad? Es en este sentido que, en las antípodas de la ganadora del Oscar 2013: el mamotreto efectista llamado “Argo” (2012), el grupo Court 13 –conjunto de cineastas independientes liderados en esta oportunidad por Benh Zeitlin–  produce la tiernamente descarnada “Bestias del sur salvaje” (2011), un retrato pleno de emoción y carácter que nos introduce en un ámbito pocas veces visto –¿demasiado pudor, demasiada confianza?– del país del norte. En la cinta vemos como en una marisma en el sur de los EEUU se congrega gran parte del excedente social (White trash, afroamericanos marginados, huérfanos y bebedores), quienes ocupan el lugar ilegalmente exponiendo incluso  sus propias vidas. Allí vive Hushpuppy –quien es caracterizada por la nominada al Oscar con tan solo 9 años de edad, Quvenzhané Wallis– una niña que sin abandonar los miedos e ilusiones propias de su edad se enfrenta a un proceso de maduración acelerada, provocada por el hostil medio en el que vive.

Más allá de todo patetismo, “Beasts of the Southern Wild” nos sumerge en una relato de una vitalidad y esperanza desbordante, una historia donde la sencillez de la naturaleza –simplificada adecuadamente bajo la imagen de una “bestia” en el film–  adosada en lo más íntimo del individuo permite que el ser humano viva con plenitud y envidiable conciencia una ambiente duro hasta el hartazgo.

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