Visita al VII Festival del Libro

La delegación tacneña en la Fiesta de los libros

Nada más entrar en el terminal terrestre, me he topado con este círculo de hombres que observan con nerviosismo el partido decisivo entre Perú y Ecuador. Algunos lucen aún incrédulos ante la anulación del último gol peruano. Por un momento sonrío al imaginar la expresión de sus rostros si me atreviera a comentarles que cuando veo estos partidos, suele perder el equipo de mi preferencia. Lo mejor es no dejarme seducir del todo por el brillo parpadeante desprendiéndose de aquel televisor; así que sigo a Willy y nos aproximamos al sitio desde donde Artidoro y Mario nos hacen señas. No alcanzaremos a ver el final del juego (suspiro aliviada) porque en unos minutos más, nosotros cuatro estaremos abordando el autobús interprovincial. El panorama de la ciudad, al salir de Tacna, se revela trastocada en una fantástica criatura de múltiples y luminosos ojos despidiéndose del otro lado de la ventanilla. “Hasta luego”, le digo en tanto voy arrellanándome en el asiento para dormir. Nuestro destino inmediato: Arequipa.

Es el VII Festival del Libro el feliz motivo que nos ha convocado a esta Ciudad Blanca. En el segundo piso de la Municipalidad Provincial se va extendiendo una hilera de stands exhibiendo sus libros. No es muy grande, es cierto; sin embargo, pienso que esta vez se ha apostado por un espacio mucho más próximo, uno que por fuerza de estar tan cerca de los lectores los obligue a elegir cualquiera de las publicaciones ofreciéndose en los anaqueles o sobre las mesas, hojearlas con toda libertad antes de decidirse finalmente a comprarlas o devolverlas en el lugar del cual fueron tomadas para continuar con la búsqueda de nuevas lecturas. Hemos venido realizando este ejercicio desde que subimos las escaleras en cuyo descansillo parecen observarnos dos imponentes leones de piedra. La catedral es el telón de fondo que acompaña este paseo entre títulos y autores. Doy vuelta y me aproximo a las barandas de hierro; desde allí, examino la plaza de armas en que conviven en armonía los hombres y las palomas. Es divertido descubrir en medio de ellos al cortejo de turistas; quienes van avanzando con lentitud detrás del guía llenos de asombro mientras toman fotografías a diestra y siniestra. Todo viaje es la posibilidad física de evadirse de nuestro andar extraviado en la rutina del trabajo y del hogar. Todo viaje es una oportunidad para ser felices.

De noche, los arcos que rodean la plaza están vestidos de luces. Los árboles se estremecen por el azote del viento, advertimos el lamento de sus hojas. Arriba algunos libreros toman precauciones por si se repitiera otro ventarrón; pero es falsa alarma. Entramos en el salón consistorial y descubro a Pamela con su bebé en brazos, “¡es hermoso!”, le he dicho apenas me siento junto a ellos. La mirada del niño me hechiza, sus ojos tienen tal lucidez, tal fuerza que me intimidan y no sé si bajar la cabeza avergonzada o continuar reflejándome en ellos. Cuando Willard se reúne con nosotros aprovecho para vaticinarle una interminable fila de señoritas preguntando por su hijo, entonces Pamela asegura de inmediato, no permitir el matrimonio de Santiago hasta dentro de cincuenta años. Es el primer recital para el bebé. Esta noche presentamos los poemarios “Olvido que nunca llegas” de Artidoro Velapatiño y “¿Dónde están los bárbaros?” de Mario Carazas. Estamos en medio de dos grandes pinturas que representan la fundación de Arequipa. Willard me comentó acerca de este paralelismo entre lo mítico y lo histórico. Me he dejado arrastrar por esta simbología mientras oía la voz de Archi, de José Gabriel Valdivia, de Mario hablando de libros o leyendo poemas. Luego anuncian el encuentro de cuentistas de la región sur: Darwin Bedoya, Walter Bedregal y César Sánchez se sientan a mi costado. Hablaremos brevemente del cuento y la novela. Leeremos nuestros textos. Es tarde, César ofrece llevarnos a tomar el pulso de la ciudad en la calle San Francisco; luego evadiremos a dos estudiantes pasados de copas y terminaremos en una sanguchería, sonriendo condescendientes ante las continuas desatenciones de la mesera: estamos demasiado alegres para ponernos a discutir con ella. Camino al hotel, César nos habla de lugares que visitar, de gatos y perros.

Este viaje resultó “piola” como Willy comenta en el Facebook, luego de colgar las fotografías que ha tomado. Agradecemos a Misael Ramos y a quienes organizaron este Séptimo Festival de Libros en Arequipa, pocas veces me he sentido tan dichosa (cómo no estarlo con todas sus atenciones). Hace poco leía que los viajes siempre se asemejan a los sueños por su inconstancia. El viaje se termina y debemos apresurarnos para visitar los lugares que César nos recomendó. Al volver a Tacna, seguramente diré: “este fin de semana fue como un sueño, visitamos Arequipa, compramos libros y Perú le ganó a Ecuador”.

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