“Time”

¿Podrá el hombre en algún momento derrotar al tiempo? ¿Podrá acaso algún día vencer a la muerte? Estas son algunas de las interrogantes que plantea “Time”, de Kim Ki Duk. 

El director, nacido en Corea del Sur, nos regala una película digna de elogios. Estrenada en el 2006 y sin haber obtenido mucho reconocimiento por parte de la crítica la película demuestra la calidad que desde hace algunos años viene presentando el cine asiático. El autor reactualiza un conflicto recurrente en la historia del hombre: vencer el paso del tiempo. La búsqueda del elixir de la vida; la idea de la inmortalidad, representada en muchos personajes de ficción; y el deseo de trascender a través de las acciones o el arte, lo evidencian.

En esta ocasión, el problema se presenta para una mujer, Seh-hee. Ella siente que ha dejado de ser atractiva para su novio, que los años han causado que su cuerpo pierda sensualidad, que las otras mujeres, más jóvenes, son más atractivas. La ansiedad e inseguridad la invadirán junto al temor de perder a Ji Woo. Pero todo se agrava cuando una tarde su novio no logra hacerle el amor si no es pensando en otra mujer. Seh-hee no podrá soportarlo y se someterá a una cirugía facial para conservar el amor de su pareja.

El filme nos muestra que el tema de la vida eterna aún está vigente. Solo que la sociedad actual, dependiente de imágenes, ha cambiado un poco la idea primigenia: ya no se busca vivir por siempre, sino verse bien. La medicina ha desviado su finalidad original para virar hacia la estética. Todos los días, miles de personas alrededor del mundo se someten a cirugías estéticas. Detrás de ello hay algo más. Cambiarse el rostro responde a una inconformidad personal y puede producir también cambios en la identidad. Seh-hee lo ilustra bastante bien. Ella no ha pensado en este detalle, su insatisfacción persistirá hasta convertirse en un desorden emocional y psicológico que no esperaba.

De esta manera, Kim Ki Duk resuelve el conflicto del tiempo. Se trata de vivir sin temores y disfrutar las cosas que la vida nos ofrece. En especial, el amor, eterno motor humano, que permanece y permanecerá a través de las generaciones

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