The Ramones

Después de escuchar por enésima vez el disco recopilatorio de “The Ramones” puedo dar la razón a Alonso Cuento cuando dice que cualquier fanático de un artista popular «vive bajo el embrujo de un ideal».

The Ramones fue fundada en 1974 por cuatro disparatados y marginales jóvenes del barrio Forest Hills de Nueva York: Joey, Johnny, Dee Dee y Tommy. Compartían la afición por la música de The Stooges, pero en lo demás eran totalmente disímiles, lo que les acarreó una serie de problemas y desencuentros. Apenas tenían dinero, solo conocían unas cuantas notas y definitivamente no eran guapos. El nombre «Ramone» lo obtuvieron del apellido que solía utilizar Paul McCartney en su etapa previa a Los Beatles.

Como respuesta al rock hermético y edulcorado de aquellos años, Los Ramones optaron por canciones simples, repetitivas y cortas. En el documental Ramones “End Of The Century” Johnny Ramone dice: «Vi a dónde iba la música en ese momento, aquellos solos de guitarra interminables. Sentía que nunca podría tocar así; incluso si tienes talento tendrías que practicar quince años. Fui a ver tocar a los New York Dolls, bandas como esa eran para mí auténtico rock and roll. Lo bien que podían sonar y lo exitosas que podían ser con una capacidad musical limitada».

Se mantuvieron fieles a este estilo a lo largo de veintidós años de carrera: en los catorce discos de estudio que grabaron, sus temas raras veces superan los tres minutos. Aunque para algunos su aspecto desgarbado y su música estridente es solo una moda o una mala broma, para muchos, sin embargo, han resultado sumamente influyentes y su actitud constituye toda una filosofía de vida. Pese a que la banda nunca tuvo gran éxito comercial, jóvenes de todas partes del mundo con intenciones de formar un grupo de rock siguen esta consigna: «Si los Ramones pudieron, por qué nosotros no».

Es difícil explicar la razón de que canciones como “Blitzkrieg pop”, “Sheena is a punk rocker” o “I wanna be sedated” sean tan apreciadas en Latinoamérica. En la década del noventa el grupo pasó de presentarse en pequeños clubes en los Estados Unidos a llenar estadios de fútbol en Argentina y Brasil. Algo similar a lo que ocurrió con el cantante norteamericano Sixto Rodríguez, que tuvo un éxito inaudito en la lejana Sudáfrica del apartheid, parece haber ocurrido con Los Ramones en estas latitudes: sin proponérselo, sus canciones han tocado fibras muy delicadas en el interior de personas de culturas diversas.

Sobrevivieron a la década del ochenta y en la década del noventa, pese al éxito comercial del denominado rock alternativo, nunca alcanzaron el sitial que merecían como pioneros del punk-rock. Actualmente, de los cuatro miembros iniciales, han fallecido tres, pero se puede encontrar en internet la mayoría de sus presentaciones en vivo: desde los conciertos en CBGB de 1974 al concierto de despedida de 1996. Es una experiencia estimulante observar esos videos. Aunque Joey y Johnny, los pilares de la agrupación, van perdiendo el brío y la energía de la juventud, su entusiasmo se mantiene intacto.

Junto a sus discos, justamente es esa la herencia más valiosa que nos han dejado. La disposición de crear canciones y subir a un escenario a pesar de las asperezas de la vida. Convertir la violencia, la marginalidad o la tristeza en algo bello.

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