Memorias de un asesino

Una joven aparece muerta en un pequeño pueblo de Corea del Sur,  ha sido violada y abandonada a un lado del camino. La policía llega a la escena del crimen y con ellos el detective local, Park Doo-man. Lamentablemente, no será el único caso, pues se trata de un asesino en serie. La población está atemorizada y la prensa refuerza el miedo con  titulares en los que tilda de ineptos a los encargados de mantener la ley. Las noticias llegan hasta Seúl y un joven detective llamado Seo Tae-yoon, especialista en homicidios, pedirá ser asignado al caso para tratar de contribuir.

Esta es la trama de “Memorias de un asesino” del joven director surcoreano Bong Joon-ho. La película se ambienta en 1986 y está basada en hechos reales. Con un guión impecable, redactado también por el director, la cinta nos ofrece 130 minutos de gran tensión narrativa. Estrenado en el 2003 y ganador del premio San Sebastián: Concha de Plata al Mejor director, el filme nos muestra lo que debe tener un buen Thriller: suspenso, drama, acción, emoción, intriga e intensidad.

Los detectives en la ficción están presentes hace mucho tiempo. Algunos señalan antecedentes en culturas de la antigüedad como la china, el mundo árabe y hasta en la biblia. En realidad, el primer referente  indiscutible es Edgar Allan Poe (1809-1849). Pero qué es lo que convierte a la figura del detective en algo tan recurrente.

Psicoanalíticamente, la figura del detective posee una gran importancia. Este representa a la ley (el falo en términos lacanianos). Él debe castigar de forma ejemplar a los que infringen la norma para satisfacer sus propios deseos. La idea es generar miedo en los espectadores o lectores (si cometes una falta se te sancionará). El problema de esta explicación es que coloca las cosas de forma desigual (castigadores y castigados, los que dirigen y los dirigidos) y genera en el espectador ansiedad y miedo. Ideas que nos han llevado a la desigualdad.

Bong Joon-ho ha cambiado el género y la idea clásica del detective en el cine. Los investigadores esta vez son más humanos (con aciertos y errores) y tienen a su favor la persistencia (quizás la mejor de nuestras virtudes). Las imágenes y la música emotiva, a cargo de Taro Iwashiro, terminan de completar esta obra maestra en la que los espectadores se vuelven parte de los personajes. Ver a los detectives parecidos a nosotros cambia todo. Sentimos con ellos los triunfos, deseos, frustraciones, decepciones y derrotas. Nos identificamos. Dejamos de sentir temor por la ley y nos convertimos en parte de ella. Cambiamos nuestra idea de la justicia: dejamos de verla como algo ajeno, que administran unos cuantos, y empezamos a verla como nuestra responsabilidad. Dejamos de escondernos en nuestras guaridas para tomar, en nuestras manos, la responsabilidad de construir el mundo entre todos.

Solo queda algo más que decir sobre la película: tienen que verla.

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