Cultura y conflictos sociales

De la conferencia de Pablo Castillo Lauz en Arequipa

Pablo Castillo Lauz ha llegado a la ciudad para capacitar a los profesionales arequipeños en “Resolución de conflictos sociales”, un programa que se desarrolla mediante convenio entre el Colegio de Sociólogos de Arequipa y la Escuela para el Desarrollo.

Comienza su clase con un panorama histórico y comparativo que permite a los estudiantes comprender diferencias fundamentales de lo que han sido los conflictos sociales en el Perú. Antes el problema era la tierra y hoy son los proyectos mineros, el medio ambiente y el agro. Antes eran los conflictos laborales, la organización de los sindicatos, el gran paro del Sutep contra Bermúdez y los partidos políticos, con la izquierda a la cabeza. Hoy tenemos asociaciones vecinales, frentes de defensa, líderes espontáneos. En conclusión, se requiere un análisis complejo para el que debemos prepararnos.

Se necesitan premisas y categorías. Primero, un conflicto no es malo de por sí, en la historia peruana en ocasiones han generado cambios fundamentales. Después de Bagua se comenzó a pensar en la Ley de Consulta previa. Pablo Castillo cuenta que en Lima el comentario generalizado era que esa ley no saldría, era impensable en un país como el nuestro. Pero se dio, con problemas y faltas, hoy existe en nuestra normatividad.

Cuando se toca el tema de los requisitos para saber cuál es un pueblo originario, Castillo con mucha seguridad responde: “Territorio históricamente heredado, lengua y auto reconocimiento”.

Respecto al último punto relata que en Puno asistió a una reunión sobre pueblos originarios adonde llegó un canadiense, “aquí pensaríamos que era un artista de cine”, “era blanco”, probó en su exposición que pertenecía a una etnia y se asombró de lo extraño que era que en nuestro país las personas en vez de reconocer sus orígenes los negaran. Un estudiante señala en el salón que en un país con tanto racismo el auto reconocimiento era un poco ambiguo. El profesor insiste en que el criterio es indispensable. Recuerda y entre risas cuenta que ha escuchado que algunos piensan que si alguien usa un teléfono celular deja de ser indígena.

Luego explica que el conflicto social es un proceso, que debe ser intervenido. La violencia puede o no ser una de sus fases. Cuando hubo el conflicto en Puno el pliego de reclamos estaba compuesto por un punto y pertenecía solo a una provincia. Luego de que los burócratas desmerecieran el asunto el pliego de reclamos terminó en un pedido para que ningún proyecto minero en todo Puno se llevara a cabo. ¿Cuál es la lógica de que un solo pedido provincial pase a ser regional? Los funcionarios no atienden las demandas, o ni siquiera tienen capacidad de decisión. El resultado es que el conflicto crece y recién cuando hay violencia se piensa en la mesa de diálogo.

A veces existen otros factores, hay poblaciones que están lejanas de la institucionalidad. En Puno una población se reunió porque consideraba que el alcalde no cumplía sus deberes. En la plaza pública decidieron que el alcalde no podía seguir ejerciendo y que ya ni debería ingresar a la alcaldía. La Defensoría del Pueblo intervino. Aclaró que la única forma de hacer lo que deseaban era recurrir a una revocatoria. Los pobladores preguntaron: ¿qué es eso? ¿Existe?

Otro puede ser el factor cultural que no siempre tiene que ser considerado un problema. En ocasiones las comunidades tienen formas ancestrales de resolver sus problemas, formas que pueden ser efectivas, aunque nosotros no las comprendamos. En Bagua en la mesa de diálogo Pizango pedía siempre tiempo para firmar los acuerdos, todos pensaban que no tenía la autoridad suficiente, o que estaba planeando algo. Luego se supo que pedía tiempo  para consultar con los apus.

En Cajamarca Santos hacía lo mismo. En la mesa de diálogo con Lerner, antes de firmar el acta pidió 48 horas para consultar con las bases. Le dijeron que no. Pidió 24 horas. Se negaron. Luego pidió 12 horas. Finalmente el diálogo se rompió. Lerner pensó que había estado hablando con alguien que no tenía la autoridad suficiente para tomar decisiones. Lo que sucede es que la naturaleza de estos grupos exige que los líderes conversen con las bases. Lerner no lo comprendió. Pensó que Santos no tenía capacidad de decisión. Pero algo que todos no advirtieron fue que Lerner tampoco la tenía. Si hubiese sido así, quizá aceptaba el plazo. Decidía dar las 24 horas. Pero no, él también cumplía órdenes. Le habían dado 24 horas para resolver el conflicto y ya casi se le habían acabado.

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