Un asalto

Un ensayo personal sobre Inseguridad Ciudadana

 

Yo y mi hija nos dirigíamos al paradero del parque de Umacollo para tomar un taxi. El día estaba hermoso, la temperatura era agradable, el cielo azul y un paisaje con el Misti radiante, adornado por el canto de las aves. Me sentía libre sin presión alguna.

Estábamos ahí, descuidadas, conversando amenamente entre risa y risa y fueron pasando los minutos,  pero alguien nos estaba observando.

¡De repente ambas nos encontramos abrazadas por un hombre desconocido! No podía reaccionar, porque el delincuente me tenía abrazada muy fuertemente y mi hija estaba amenazada con un cuchillo en su garganta y el hombre nos susurraba al oído ¡No griten! ¡Quédense quietas! ¡Caminen! ¡Si hacen algo le corto el cuello!

Las dos estábamos muy asustadas, solo nos quedó cumplir lo que nos decía esa persona y seguimos caminando los tres muy abrazados como si él fuera enamorado de mi hija, para que la gente no sospeche lo que nos estaba sucediendo.

Caminamos hasta un sitio descampado, donde no hay gente y no hay mucho tránsito. Allí, el hombre, de talla alta, de contextura gruesa y tez trigueña, le pidió a mi hija que vaciara su cartera. Cuando vio que no estaba el celular la volvió a abrazar muy fuertemente diciéndole entre palabras soeces “¿Dónde está tu celular?”. Ella había alcanzado a esconderlo entre sus ropas interiores. El hombre la revisó con violencia, y le arrebató el aparato de ese lugar.

A mí me pidió lo mismo. Yo, muy asustada, también tenía mi celular escondido, pero al ver lo que le sucedió a mi hija tuve que vaciar toda mi cartera incluido el celular, ambas estábamos asustadas y mi hija lloraba sin saber qué hacer, porqué el delincuente nos tenía amenazadas con el cuchillo.

Una vez que tuvo todas nuestras pertenencias empezó a sonreír mirando a mi hija con deseó. Le dijo cosas muy atrevidas. Yo estaba muy asustada, llorando, nerviosa, ¡no sabía que hacer! Me encontraba en un lugar muy apartado, desolado, pensando lo peor.

De pronto el celular de mi hija empezó a timbrar y timbrar. Pensé que era su padre porque el siempre insiste varias veces cuando ella no le contesta; por su trabajo se encuentra muy lejos. Impotente mi hija entró en shock, y yo estaba desesperada pidiendo a Dios que alguien pase por ese lugar y que nos salve del delincuente a punto de querer violarla.

En ese momento paso un taxi, que nos vio pero siguió su camino. ¡Temí lo peor!

Pero el taxista regreso, porque pensó que algo estaba sucediendo y era inusual que en ese lugar estén personas. Toco varias veces la bocina y grito “¡Qué pasa ahí!, ¡que pasa ahí!”

El delincuente se asustó y empezó a corre por las chacras y desapareció del lugar.

Mi hija y yo corrimos despavoridas hacia el taxista, dándole las gracias, él nos libró de lo peor.

Al ver el taxista en la situación en que nos encontrábamos se compadeció de nosotras y nos llevó a casa.

Mi hija no quería salir mucho tiempo de la casa para ir a la Universidad, pensando que el delincuente nos conocía y estaba afuera, alrededor del parque y que le iba a hacer daño nuevamente. Pasó mucho tiempo para que nosotras pudiéramos transitar por ese lugar.

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