Libélula de jade

Erwin Arce García es uno de los promisorios artistas jóvenes de Cusco.

La ciudad, en general, ha sufrido el impacto negativo de parte del turismo internacional y las artes han sido las primeras en sentirlo. Las desgracias de la posmodernidad —el individualismo arribista, la superficialidad de las ideas y de los sentimientos, la falta de identidad, la falta de respeto por el pasado y la falta de proyectos para el futuro, el hedonismo y el poder de las drogas, el “todo vale” y el “déjenme vivir mi vida”, el cinismo, etc.— han acabado por deformar el rostro de una generación que se precia ahora de su aire globalizado y su ultraliberalismo. En todas las ciudades grandes pasa, pero en Cusco el turismo místico ha exasperado el proceso de maneras lastimosas.

 

Buenos artistas, los hay en Cusco. Y hay muy buenos también. Pero ellos trabajan desde la Modernidad, con espíritu profesional, trabajan para su arte, comprometidos con el país y con el humanismo a la vez. A los mayores (Rosas Paravicino, Nieto Degregori, Mario Guevara, Mario Curasi, Carlos Sánchez entre otros) se suman algunos jóvenes, pocos pero firmes, y entre ellos Erwin Arce, el director del grupo cusqueño de teatro “Libélula de Jade”. Lo visitamos en Cusco para entrevistarlo.

 

Tengo la impresión de que el teatro es el arte mejor desarrollado en Cusco. ¿Es cierta?

El teatro en el Cusco experimentó desde finales del siglo pasado un desarrollo considerable de sus propuestas, un salto cualitativo surgido de la necesidad de abordar las obras con menos “entusiasmo” y más criterio técnico.

El vigor de esta tendencia se advierte por ejemplo en el hecho de que hay jóvenes que al terminar el colegio ya tienen claro su deseo de entrar a una universidad a estudiar teatro.

Por otro lado, los grupos existentes buscan hoy más que nunca llegar a los montajes con una propuesta estética sólidamente estudiada.

¿Qué pasa con las demás artes?

Somos una ciudad artística, pero la falta de un proyecto integral sugerido por alguna institución estatal hace que el panorama se vislumbre como atomizado con trabajos parciales, lo que puede dar la imagen de que “goteamos” en producción artística durante el año.

¿Cómo nació “Libélula de jade”?

El grupo de teatro “Libélula de Jade” nació en un taller de formación actoral auspiciado por la facultad de Arquitectura en la UNSAAC. Al finalizar los jóvenes y muchachas que quedaron decidieron formalizarse en un grupo de teatro.

¿A qué alude el nombre?

Unimos dos conceptos: la versatilidad maravillosa del vuelo de la libélula y la piedra de jade que en algunas culturas se colocaba bajo la lengua de los muertos como una transición hacia otra vida; el equivalente es terminar un montaje y pasar a otra etapa.

¿Tienes actores profesionales? ¿Existen en Cusco profesionales? ¿Cómo evalúas la calidad interpretativa de los actores?

Los actores que tiene “Libélula de jade” no son de escuela, su profesionalismo parte de una autoeducación que se afianza a través del constante ritmo de trabajo anual, ya sea armando obras o dictando talleres de actuación. En Cusco sí hay varios actores y directores profesionales y la calidad de sus montajes y actuación es de un nivel superior.

¿Se puede vivir del teatro en Cusco?

Imposible, es inevitable dedicarse a otras actividades que solventen lo cotidiano. Pero debo aclarar que sí existen en Cusco algunos grupos que están en la titánica tarea de demostrar lo contrario.

¿Cuál consideras que ha sido hasta ahora tu obra mejor montada?

Fue una adaptación de la novela de Amélie Nothomb “Cosmética del Enemigo”. Tuvimos un conjunto de actores que ya habían llegado a un punto de madurez tal que los ponía en condiciones de manejar la obra con profundidad y dinamismo.

¿Qué escenarios utilizas? ¿Podrías hacer una evaluación de los escenarios teatrales disponibles en Cusco?

El espacio que casi siempre utilizamos es el auditorio del Instituto Cultural Peruano Norteamericano del Cusco, que apoya constantemente nuestro trabajo. A falta de locales idóneos ahora los cafés culturales y los centros culturales privados están de moda para presentaciones de teatro.

¿Qué tipos de obras eliges? ¿Por qué?

Nuestra tendencia consiste en optar por obras que en principio planteen una buena historia, que no sean complacientes con el espectador, obras que tengan el potencial de discurrir por ciertos pasadizos que provoquen en el público el vértigo de un “todo puede pasar”.

Dramaturgos peruanos como Gonzalo Rodríguez Risco, Claudia Sacha, Mariana de Althaus nos dieron en algún momento esas jugosas opciones.

¿Influye de algún modo el turismo en la naturaleza de los grupos de teatro y en sus repertorios?

En casos aislados. Pero, en general, pienso que debe ser muy complicado hacer algo orientado hacia el turismo y al mismo tiempo decir las cosas de manera no simplista.

¿Qué tal es el público del teatro en Cusco? En Arequipa ha costado varias décadas formar un reducido público conocedor.

Hay un público seguidor que está a la espera de los nuevos montajes, pero aun así el aparato publicitario jamás debe bajar la guardia.

¿Cuándo harás una gira por Arequipa, para que el público local conozca tu trabajo?

A fines de este año nos gustaría compartir nuestra experiencia en Arequipa.

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