Escándalo Americano

El gran fiasco.

 

Con gran gasto de producción y marcado acento hollywodense, este film estaba más que en carrera para obtener la mayor presea del cine norteamericano teniendo por único rival al “El lobo de Wall Street” (2013), film que comentamos anteriormente. Una producción que a nuestro juicio, y no sin cierto dejo de paradoja, resulta ser –precisamente– la otra cara de la moneda del último film de Scorsese.

Irving Rosenfeld (Christian Bale) es un empresario cincuentón que se ha abierto camino mediante la especulación y –sobre todo– la estafa. Vive una tediosa existencia con su desequilibrada esposa (Jenniffer Lawrence) y él hijo de ésta, a quien quiere como si fuera el suyo. En su camino se cruzará Sydney Prosser (Amy Adams), quien también hastiada de sí misma inicia una nueva y fraudulenta vida como amante y socia de Rosenfeld. Poco después, luego de caer en manos del FBI, se verán envueltos en una compleja trama de mentiras y corrupción para poder así salvar su libertad.

“Escándalo Americano” es un film eficaz. Gracias a un buen despliegue de vestuario, escenografía y maquillaje nos presenta vívidamente un bosquejo de la sociedad norteamericana de a finales de los setenta. Un interesante guion será soportado por una pulcra dirección y una excelente edición; historia que a la vez se asentará en las soberbias actuaciones de Bale, Adams y Lawrence. Todo esto resultará en una buena película, pero que sin embargo no sale de lo convencional. Sin presentar una propuesta novedosa o desafiante, este film tiene expedito su camino a alcanzar el Premio de la Academia justamente por ajustarse al gusto y el discurso de la industria. Así pues, a diferencia del film de Scorsese, Escandalo Americano no es un film de autor; en esta película no se podrá identificar una propuesta o estilo particular, reduciéndose a un producto estándar; a una cinta que se agota en el simple hecho de relatar una trama.

En la primera escena del film vemos cómo un demacrado y barrigón Christian Bale busca cubrir su prominente calva luego de pasarse sendos minutos en un complicado tratamiento capilar. Esta será la primera pista sobre el tenor de esta obra: La mentira. En el sofisticado mundo de los EEUU de a fines de los 70’ el ciudadano promedio se verá obligado a reinventarse constantemente para sobrevivir. La excéntrica moda y el desbordado arte de aquella época serán producto de una sociedad aparentemente opulenta que impondrá sus exagerados estándares –con despiadado rigor– a sus cada vez más voraces ciudadanos. Como es lógico, todo esto terminará provocando una fatal crisis de identidad que sumirá a todos los que la sufren en un tedio insuperable. La mentira luego se convertirá en el elemento sin el cual ningún personaje –políticos, mafiosos, empresarios y policías– pueden vivir. El tema tratado por esta obra no es original, muchas otros filmes lo han tocado con mayor acierto. Sin embargo vale la pena analizar cómo es abordado y qué discurso se deriva de él.

En la película observamos cómo el personaje principal del drama logra legitimar sus –muchas veces– inmorales actos mediante su propia mentira, elevando la propia condición de deshonestidad al nivel de virtud. Se desprende de la película, que los “valores” norteamericanos, tales como el tesón, la devoción al trabajo y la capacidad de adaptación para lograr el éxito, pueden superponerse con éxito a los dilemas éticos que puedan provocar; esto se puede observar en numerosas secuencias del film. De otro lado, y como mecanismo de justificación del american way of life, la forma de vida americana será contrapuesta con los valores tradicionales de occidente, como son la familia, la patria y la ley. Estos ideales estarán personificados –de manera caricaturesca- por el personaje más odioso del film: un policía católico obsesionado por imponer la legalidad, que secretamente esconde una poderosa admiración por los individuos a quien persigue. Obviamente según lo planteado por este film, la ética del oportunismo y falsedad estarán por encima de cualquier otro código moral, ya que –según la película– además del hecho de que todos mienten y esconden algo, las relaciones humanas que son sostenidas por esta ética del engaño –aunque disfuncionales– estarán marcadas por la espontaneidad y el deseo, garantías ambas de una relación verdadera según la particular visión yankee.

Como se advierte este film planteará una visión de los EEUU que se encuentra en las antípodas de la filmografía de Scorsese, incluyendo “El Lobo de Wall Street”; obras que nos muestran una Norteamérica descompuesta justamente por aquellos ideales y valores que la han inspirado. Será evidente luego, que la chances de “Escándalo Americano” de ganar el Oscar se multiplican en relación a su rival justamente por el discurso oficial que promueve.

Más allá de lo dicho, y fuera de las personales apreciaciones que se puedan hacer sobre films que arriesgan y proponen postulados heterodoxos y aquellos que siguen fórmulas exitosas, “Escandalo Americano” es una película digna de verse y disfrutarse. La caracterización de Bale es simplemente sorprendente, y la belleza de sus co-protagonistas no deja de ser remarcable. Un buen pretexto para una tarde de cine este fin de semana.

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