Llanto en flamenco

Una despedida

Aunque su partida haya ocasionado un duelo general en el ámbito de la música, además de contar con no pocos homenajes en periódicos y revistas, Paco de Lucía deja el mundo, si bien de forma inesperada y bastante apartado del renombre que alcanzó años atrás, con un legado valioso. Su fama no fue de estadios llenos ni de millones de discos, él prefería la tertulia intelectual de los salones y nunca optó por desperdiciar su talento en la veleidad popular, prueba de esto es que su virtuosismo con la guitarra le valió incontables premios, el “Príncipe de Asturias” uno de tantos.

Ciertamente, el flamenco fue su predilección, ingrediente fundamental de su música, pero no vivió encerrado en sus límites sino que trascendió a otros géneros como la rumba, el jazz, la salsa, los ritmos árabes y todo cuanto pudo caer al sonido extasiante de sus cuerdas. Este cosmopolitismo lo hizo conocido, era un peregrino ansioso de música y ella era su vínculo con el mundo.

Francisco Sánchez Gómez se ha hizo leyenda como Paco de Lucía tras un episodio anecdótico de su infancia. Habiendo en casa muchos niños con el hipocorístico de “Paco” había que evitar la confusión al momento de llamarlos al almuerzo, así que se tomó la costumbre de adicionar el nombre de la madre como distinción. Como la  madre era Lucía Gómez, no quedó más remedio que llamarlo así: Paco, el de Lucía.

Puede que en estos momentos sea un cliché hablar de su despegue como artista, solo queda mencionar que lo principal de la guitarra lo aprendió de su padre en el pueblo mediterráneo de Algeciras, la zona costera de Cádiz. Desde su adolescencia acalló sus pesares para cederle protagonismo a sus “pellizcos” flamencos; junto con su hermano José de Lucía desarrollaría su talento hasta conseguir el éxito con su álbum “Entre dos aguas”, que contiene la rumba del mismo nombre mundialmente conocida.

Como hemos dicho, el flamenco no acaparó su repertorio; inundó con su destreza otros ritmos y se hizo universal, así podremos encontrar interpretaciones como “Bésame mucho” o las controversiales mezclas de “flamenco-jazz”. En su discografía encontramos impecables recitales como “Duende flamenco” o “Fuente y Caudal”. Además le puso música a poemas de García Lorca. También es conocido que se llevó de nuestras tierras un preciado recuerdo, “el cajón peruano”, al que hizo famoso en sus giras.

Algunos artistas ya dieron la medida justa al duelo, como Alejandro Sanz: “Silencio… se me partió el alma… escucha su crujío. Hasta siempre compadre Paco de Lucía.” Pero quizá el comentario más conmovedor sea  el de Pablo Carbonell: “Que no se entere la guitarra… ha muerto Paco de Lucía”.

Probablemente en España se hayan dicho cosas deslumbrantes sobre Paco de Lucía,  y quiénes mejor que ellos para lanzar “olés” ahora que su cuerpo descansa en las tierras templadas de Cádiz; pero mis elogios van a ese andariego con guitarra que supo socorrer a mi imaginación en tiempos de insoportable carestía. Su música es una fuente inagotable de inspiración por la que muchos guitarristas deben sentirse agradecidos.

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