Peligro en Taquile

Fue una mañana muy laboriosa; en la tarde me disponía a consolidar los informes anuales y su análisis de indicadores de salud, que mostraban la creciente necesidad de atención digna y de calidad principalmente en población vulnerable.

Y al terminar recibí la llamada de un compañero con el que antes había trabajado, personal técnico en enfermería. Me dijo de una emergencia obstétrica en su establecimiento de salud en  la  isla de Taquile, en el Lago Titicaca; como pertenece a  mi jurisdicción y dado que allí no contaban con profesional en obstetricia, accedí inmediatamente. Taquile se encuentra a dos horas de Puno en lancha.

En respuesta al llamado un equipo de salud y yo salimos presurosos cada quien de su casa y nos encontramos en el Puerto de Puno. No había ninguna embarcación dispuesta a salir, primero porque era noche, segundo por la falta de autorización de navegación. Los minutos pasaban sin que pudiéramos hacer algo. Finalmente, de tanto insistir conseguimos convencer a un lanchero.

Eran las nueve de la noche cuando llegamos a la Isla de Taquile; nos esperaban los familiares, llorosos, nos decían que su hija estaba sangrado demasiado y que su parto había sido a medio día; que no la quisieron  llevar al establecimiento de salud por temor a la enfermedad denominada  “mal de aire”.

Entonces nos dispusimos a caminar  en medio de la oscuridad. Yo sentía que  se agitaba mi pecho y miles de pensamientos de impotencia me asaltaban, y muchas dudas  surgían: ¿el recién nacido era prematuro?, ¿estaría aun bien la señora?

Cuando llegamos  a la casa el personal técnico tenía ya a la paciente envuelta en frazadas para  trasladarla. Entonces presurosamente instale vía con cloruro  de sodio; la mujer estaba aún consciente pero teníamos que caminar hasta la embarcación. Fue la más larga caminata que había tenido en mi vida.

Jamás olvidaré el llanto del recién nacido que no había recibido lactancia. Al fin  subimos a la embarcación con la paciente. Era casi la media noche cuando el lanchero hizo unos rezos en aymara para que el clima nos favorezca.

Al poco de partir en la embarcación nos sorprendimos con un estruendo de inmediato algunas  gotas de lluvia comenzaron a caer. Con el viento, la embarcación se balanceaba demasiado; los familiares desesperados nos rogaban que regresásemos,  pero solo era una hora más para llegar a Puno y sabíamos que una ambulancia estaba esperándonos. Cada minuto controlamos las funciones vitales y en medio de la oscuridad yo veía el pálido cuerpo de la puérpera que clamaba por ayuda.

Cuando al fin llegamos, las cosas se hicieron con más prontitud y seguridad. La paciente entró por Emergencia a sala de operaciones, por retención placentaria. Todo el equipo estuvo preparado pues desde Taquile anunciamos nuestra llegada. Los familiares llorosos, junto con nosotros iniciamos la espera en frente a sala de operaciones. Nos decían que no imaginaban que el sangrado tras el parto no pararía. Yo solo atinaba a decir: debemos anticiparnos antes de lamentarnos, pero a la vez comprendía su ansiedad y su angustia por el resultado. Todo terminó horas después con el anuncio de que la paciente estaba en Sala de recuperación y con pronóstico favorable.

Ya al amanecer la médico jefe del establecimiento SERUMS  enterada de la noticia se apersonó y  nos dijo:

—Son cuántos años consecutivos que sabemos que la isla Taquile es considerada  sector de riesgo para muerte materna. Se ha solicitado hace tiempo, y con todo tipo de documentos reiterativos, la compra de una lancha ambulancia, y la contratación de personal idóneo para emergencias. Pero más han sido los cambios de  directores que el interés por acciones de este tipo. ¡Cómo no tener muertes maternas!

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