Una esperanza

Luisa, mi sobrina querida, me dijo “¿Tío, por qué me pasan estas cosas solo a mí? ¿No debería mejor estar al lado de mi papá?”.

Luisa ganó el cariño de mi familia por su afecto, su sencillez, su alegría, su sonrisa. Tiene diecinueve años. Vive con su mamá y a su hermana Brenda, su padre penosamente falleció hace dos años en un accidente de tránsito en la carretera de Arequipa a Puno. Episodio de tristeza familiar profunda pues Luisa se quedaba sin papá. Llevó a partir de entonces su melancolía, su soledad dentro de ella pero mostraba fuerza y voluntad de seguir adelante.

Los deseos de superación personal de Luisa eran sorprendentes: ingresó a la universidad y venía cursando sus estudios de Derecho en la Universidad Andina Néstor Cáceres Velásquez de Juliaca,

Un día, cuando trabajaba en consultorio alrededor de las nueve de la noche recibí una llamada telefónica de mi hermano Valentín. Con voz quebrada y triste a la vez me dijo que mi hermana y mis sobrinas habían sufrido un accidente de tránsito en ruta de Puno – Cusco; que fueron trasladadas de emergencia al Hospital Regional de Cusco. A Luisa le diagnosticaron “Quemadura de tercer grado en la región dorso lumbar y fractura conminuta expuesta de tibia y peroné izquierdo”.

Después de la junta médica nos indicaron la posibilidad de amputarle la pierna izquierda. De inmediato se decidió  trasladarla a Lima. Ingresó por el servicio de emergencia al Hospital Nacional Arzobispo Loayza. Qué desesperación; las horas pasaban y el proceso infeccioso avanzaba.

Luego de una limpieza quirúrgica Luisa es hospitalizada por traumatología y cirugía plástica. Ingresa a sala de operaciones en varias oportunidades programadas por las dos especialidades. En Cirugía plástica realizaron injerto de piel parcial en zona de quemadura la cual presentó evolución favorable y colgajo sural en la pierna izquierda, que lastimosamente tiene evolución desfavorable y se instala osteomielitis crónica supurativa de la tibia izquierda.

Cada amanecer era melancólico como una pesadilla interminable, pensar en su evolución y presentir que estuvimos perdiendo su pierna izquierda. Una mañana antes de entrar a sala de operaciones Luisa me abraza muy fuerte, sus lágrimas rodaban por sus mejillas mientras me decía:

—¡Tío, te lo suplico por favor, no quiero perder mi pierna!

Se programa junta médica multidisciplinaria, me comunican verbalmente sus médicos tratantes: “¡Estamos luchando para evitar la amputación de la pierna y para que no se complique el estado de salud general de Luisa! Para ello se  realizará una osteotomía de hueso tibia de 8 cm y colgajos complementarios e injertos libres de piel además de sesiones de cámara hiperbárica y antibioticoterapia.

Cuando informamos a Luisa  de los procedimientos  me dijo:

—¡Solo quiero curarme para volver a caminar!  ¡A veces siento que estoy perdiendo mi pierna ya que en cada cirugía me vienen mutilando más y más!

Claro, tenía razón, pero teníamos que seguir las indicaciones así que se realizaron los procedimientos quirúrgicos con evolución estacionaria.

Días después, mientras estaba sentado próximo a la puerta del servicio de cirugía plástica se me acerca un técnico en enfermería quien conocía el caso de Luisa y me indica que varios pacientes con dicho diagnóstico habían sufrido amputaciones, y me sugirió entrevistarme con el Dr. Aybar  de la Clínica San Francisco.

Qué alivio,  en la entrevista él me explica la posibilidad de evitar la amputación con un tratamiento complejo que consistía en acortamiento de pierna izquierda de 8 cm, la longitud que perdió por la osteomielitis; y posteriormente el alargamiento óseo para obtener dimensión simétrica con la pierna derecha.

Después de 2 meses y 15 días se realizó el procedimiento quirúrgico con Fijación Externa Distractor para el alargamiento óseo, por cada día el alargamiento óseo  es de 0.75 mm. Debimos ser muy estrictos en el horario de distracción así como en sus controles periódicos. Hasta el momento se alargó 2 cm tibia, faltan 6 cm de longitud ósea. A tener paciencia.

Luisa está más tranquila al saber que no perderá la pierna derecha y ansiosa de volver a caminar.

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