La gran belleza

Pulgares arriba

En los años 60’ una película revolucionó el cine y la manera de ver el mundo, haciendo universales varios arquetipos que hasta ahora viven en nuestro imaginario y lenguaje. Así pues, el conocido término paparazzi derivó de un célebre personaje de éste film –de apellido Paparazzo– que fue el precursor de los actuales periodistas cazadores de estrellas; así también –y por poner otro ejemplo– los excesos de cualquier sociedad opulenta y refinada hasta la saciedad sólo podrán ser resumidos por una frase que evoca, justamente, el título de un film que ya es todo un clásico: “La dolce vita”. En el 2013, más de medio siglo después el legado de Fellini continuará vigente gracias a la última producción de Paolo Sorrentino, confeso admirador del genio de Rímini, que reactualizará en clave de este siglo la magistral obra de su ídolo.

Jep Gambardella (Toni Servillo) es un escritor italiano que, luego de haber escrito en su juventud un clásico de la literatura contemporánea, resulta incapaz de iniciar un nuevo proyecto artístico. A los 65 años se desempeña en el ámbito de la crítica, frecuentando una bohemia romana en busca de respuestas a su absoluta aridez espiritual. La búsqueda de un ideal estético (Belleza, Verdad y Bondad) cada vez más esquivo sumirá a nuestro héroe en un profundo desencanto, que buscará abolir con refinado humor negro, el amor de hermosas mujeres y en la compañía de sus  –también desorientados– amigos. La noche romana, con sus excesos y excentricidades, será en marco perfecto en el que se desarrolla esta tragicomedia llena de gracia y sensibilidad, y que con justa razón ha sido galardonada con el Globo de Oro y el Oscar a la mejor película extranjera.

La película resulta un manifiesto homenaje a Federico Fellini, tal como el propio director mencionó en la ceremonia de entrega de los óscares. Secuencias enteras traen a la memoria escenas de “La dolce vita” (1960) y “Ocho y medio” (1963), además de aquella grandilocuencia y ensueño tan particulares del estilo “fellinesco”, y que se repiten a lo largo de esta producción. Sin embargo el tributo irá más allá de la forma. La médula misma de la película –la historia de un artista sufriendo una dolorosa crisis de inspiración; y el retrato de un hombre angustiado por el peso de la existencia, en medio del frívolo clima de la bohemia– constituyen los dos ejes temáticos de las películas anteriormente mencionadas. Finalmente, la idea de la ciudad –Roma, en este caso– como un personaje principal, también será una de las obsesiones del legendario director italiano.

No obstante lo antes dicho, “La grande belleza” (2013) no es una mera copia del genio creativo de Fellini. La dinámica de los personajes fellinianos se inscribe ahora, gracias al buen trabajo de Sorrentino, en las preocupaciones y malestares del siglo XXI. La crisis de las ideologías sociales, la corrupción generalizada en los estamentos de gobierno, la desintegración absoluta de un eje estético y una radical apuesta por el hedonismo y el consumo harán de este film un testimonio mucho más desesperanzador y duro que el de su par sesentero. Aquella débil pero siempre presente esperanza de las películas de Fellini se encuentra casi ahogada en el cinismo y amargura que se destila de esta versión contemporánea; “La gran belleza” se constituye, así, en una fiel representación de estos tiempos.

 

“La Gran Belleza” es una producción que merece ser vista. Recordar gracias a ella al gran cine italiano, y observar cómo éste se mantiene tan vigoroso y fructífero como antes, nos insuflará nuevos aires artísticos en una oferta cinematográfica saturada por la propuesta Hollywoodense. Pulgares arriba.

Deja un comentario