Azote de yerros

Sorpresivo Control de Calidad estremece a los diarios regionales

 

Percy Geraldo Prado Salazar ha ganado de pronto inmerecida fama por su afán de corregir aun a los propios correctores de los diarios regionales.

Su avizor ojo anda a la caza de gazapos y donde los coge los expone a la luz pública. Aunque este Control de Calidad gratuito debiera merecerle el reconocimiento de los interesados parece que por lo contrario le está procurando recobrar viejos y ganar nuevos enemigos. Preparado como está (egresado de la Escuela de Literatura de la UNSA, narrador de cuentos, profesor de Lenguaje y lector incesante de los manuales de la Real Academia en una mano y en la otra de las obras completas de Quevedo y Lope), sus argumentos son siempre inapelables aunque serenos. Aquí conversamos con el ahora llamado “Azote de yerros”.

 

P. Al parecer, un inesperado incremento del campo de trabajo se ha producido para los egresados de la Escuela de Literatura: la “Corrección de estilo”. ¿Qué es esto?

Bueno, conozco ingenieros, abogados y hasta enfermeras que se dedican a la corrección de estilo. Debieran ser los profesionales en lingüística, en realidad en filología, los que ocupen ese campo, pero en Arequipa los lingüistas se dedican sobre todo a la docencia y no están preparados para ser correctores; tampoco los de literatura, sin embargo, algunos por cariño a la camiseta, por amor al lenguaje bien utilizado, se dedican a corregir textos. Ojo que la corrección es la parte más técnica, si se quiere, de la utilización del lenguaje escrito. Como en la mayoría de oficios técnicos en el Perú, ya se nos vino encima el requerimiento profesional, pero el sistema educativo, para variar, no prepara especialistas en ese campo, entonces, quienes entran en él son empíricos que podrían responder mal o bien. Y aquí estamos quienes no somos ni filólogos ni lingüistas, por necesidad o por gusto.

P. ¿A qué atribuyes este incremento del interés por la corrección profesional?

No es que los correctores de estilo sean tan pedidos y bien remunerados como los especialistas en maquinaria pesada o tan necesarios y bien entrenados como los electricistas industriales, pero sí hay un sector cada vez más grande que necesita de sus servicios profesionales. Hace unos años un corrector podía hallar trabajo solo en diarios, revistas y editoriales; es más, había gente con tan buena educación básica que podía realizar una labor aceptable, es decir, prescindían de correctores o simplemente no les pagaban.

Ahora, la comunicación escrita impera en nuestras actividades comerciales, laborales, académicas y personales. Las empresas ven sus publicaciones escritas como una cuestión de imagen, por eso necesitan dar la mejor impresión, la gente escribe tan mal que se hace necesario un especialista.

Pero donde más ha crecido el campo laboral es en la revisión de tesis y trabajos universitarios. Allí sí los correctores cobran como mecánicos de maquinaria pesada y deben estar tan bien entrenados como electricistas industriales.

P. ¿Y cuál es el motivo que tienes para convertirte en “azote de yerros”?

(Risas) Supongo que se refiere a lo que ha pasado en las redes sociales. Bueno, solo expuse en mi cuenta de Facebook unos errores y erratas que comenten diarios locales. A muchos no les gustó. Hubo incluso un tipo que me escribió para decirme que soy el Phillip Butters de la gramática porque critico a quienes se equivocan en la cancha, cuando yo ni siquiera he jugado una pichanguita. Me causó gracia, pero no es cierto, trabajo en esto varios años y también he publicado textos propios con yerros y erratas. Lo que pasa es que a la gente no le gusta que señalen sus errores.

P. ¿Por qué crees que reaccionan algunos tan mal ante tus críticas?

No lo sé. Bueno, en primer lugar, entiendo la crítica como algo más elaborado, lo mío solo fue publicar fotos señalando los errores garrafales de algunos diarios. Tampoco era algo exquisito; eran yerros que cualquier persona con el mínimo de instrucción notaría. Solo que había un descuido lamentable. Un corrector debe cumplir dos requisitos: conocer el lenguaje a la perfección y tener una concentración a prueba de balas. Además, un diario, que es una fuente de información y también un vehículo de cultura a través de su utilización de la palabra escrita, no puede descuidar tanto su lenguaje; recordemos que quien respeta la mínima regla de ortografía demuestra que puede respetar la mínima norma de convivencia humana.

P. Me parece que algo tiene que ver eso que los analistas llaman “la caída de la imagen del padre” que trajo la posmodernidad: “No estoy como para que nadie me critique. Métete en tus asuntos”, ¿no crees?

Pienso lo mismo, si hablamos simbólicamente, por supuesto. Esto es ya teorizar la cuestión: actualmente en la sociedad priman las fuerzas centrífugas sobre las centrípetas; todo lo que te lleve a un centro, que norme conductas, la exigencia de la recta escritura de una palabra, por ejemplo, es rechazado; en cambio, todo lo que esté en sentido contrario y apunte hacia los márgenes es asumido como lo válido, lo que “debe ser”. Ojo, no lo que “es”; allí, en aquel verbo, hay también una violencia simbólica, esta vez de los márgenes hacia el centro.  Ahora, si márgenes y centro existen o no, es otra cuestión que me gustaría tocar, pero será para cuando publique críticas contra los teóricos locales en mi Facebook (risas).

P. A estas alturas y gracias a tu presencia en los medios de comunicación y en el Facebock, debes ser uno de los jóvenes camanejos más populares, ¿no? ¿Cómo te trata tu ciudad?

Mi ciudad me trata bien, demasiado bien, diría yo, cada vez que voy a pasar una temporada regreso con muchos kilos de más. En Camaná apenas si me conoce mi familia, el otro día vi a una tía comprando en el mercado, me acerqué para saludarla y ella rápidamente escondió su cartera. “Tía, soy yo”, prácticamente le grité; “Ay, hijo, no te había reconocido”, me dijo.

Hablo como si fuera un experto y no lo soy; solo soy experto en tomar malas decisiones y defender causas perdidas, ya ven mi defensa de la ortografía (risas).

P. ¿Ya hay actividad cultural permanente en Camaná?

Lo que pasa en Camaná es curioso, ha crecido económica y demográficamente pero la actividad cultural sigue estancada, relegada al último plano. Hay esfuerzos interesantes como los del programa radial “Tradiciones camanejas”, pero se aboca sobre todo a recuperar costumbres de una ciudad que ya no existe. No digo que esté mal, todo lo contrario, el esfuerzo de Valentín Valencia y otros como Juan Carlos Gamarra Salazar con sus publicaciones costumbristas es encomiable, pero debe promoverse también manifestaciones culturales que ayuden a articular la ciudad de hoy desde otros ámbitos. El cine, por ejemplo; hace muchas décadas que no hay cine en Camaná. Otro caso es la biblioteca, hace años cuando el bibliotecario era el señor Carlos Jara, se hizo el esfuerzo por hacer de ella un centro cultural y de enseñanza, pero terminó convertida en un lugar donde se reunían los niños a jugar ajedrez, lo cual no fue negativo, porque ahí entrenó Julio Ernesto Granda.

P. ¿Qué se podría hacer?

El problema es que ven a la cultura solo a través del turismo. Si una manifestación cultural no deriva en ingresos por medio del turismo, entonces, no es tomada en cuenta.

Primero debe haber conciencia de parte de las autoridades de la importancia de la cultura en la ciudad. Luego el compromiso de instituciones y personas relacionadas con el tema en desarrollar y ejecutar proyectos culturales y comunicare a la gente la relevancia de la cultura.

El año pasado la Sinfónica de Arequipa tocó en el atrio de la catedral, al aire libre, alrededor hubo una feria de libros, hubo también proyección de películas y distintas actividades, bastante gente estuvo presente, muchos de ellos jóvenes, pero solo porque se hizo en un lugar muy concurrido. Sin en el trabajo de los agentes culturales de comunicar y reflexionar sobre el tema, entonces son vanos estos esfuerzos.

P. Por último, ¿cómo va la creación literaria?, ¿publicarás un libro pronto?

Sí, es un libro que lleva buen tiempo en la puerta del horno, algunos dicen que ya se me va a quemar, yo creo que aún le falta dorar un poco más. Veo al libro de cuentos no como un popurrí en el que metes tus mejores canciones en su mejor versión, sino como un concierto temático en la que varias voces en distintos registros cantan sobre un tema en particular. Lo que me falta lograr es que este tema no sea tan evidente.

 

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