Brasil en su Literatura

Herberto Sales

Es oportuno hablar de Literatura Brasileña y no solo porque menos de treinta días nos separen del tan esperado mundial de fútbol. No. El tema es oportuno porque si de Brasil hablamos entonces por qué no hacerlo de su vasta y poco conocida producción literaria. No nos quedemos con el estereotipo de un país que brilla y trasciende únicamente por su vistoso –y un tanto repetitivo– carnaval carioca o por sus casi inigualables astros del balompié.

Resulta que Brasil tiene mucho más que ofrecer que frívolas diversiones o café de exportación y por eso se me hace oportuno –y diría que hasta imperativo– hablar de lo que este voluptuoso país tiene para entregarnos de las manos de ejemplares prosistas y grandes poetas que por el solo hecho de no compartir el mismo idioma del resto del continente americano se han constituido en algo así como un mundo aparte, un país exótico sin lazos con el resto del territorio sudamericano, caído tras un muro donde sus voces y sus propuestas han quedado atrapadas e ignoradas, en una injusta ignorancia. Hoy, con estas palabras, de alguna manera intento ofrecer en un cándido tributo a la grandeza de esta faceta cultural de un país igualmente grande, el Brasil.

Es cierto, algunos nombres resuenan por allí, tal vez Rubem Fonseca sea uno, o Jorge Amado otro, tal vez un Trevisán y hasta Mario de Andrade, pero siento que no resuenan con el estruendo que su obra merece. Y de entre tal pléyade de estrellas, ahora, en esta página, voy a hablar de uno de esos insignes, tal vez menos conocido que otros pero no por ello menos virtuoso en las dimensiones de su obra y en las bellezas de su prosa: Herberto Sales.

Nació en Brasil, como ya suponían, el año 1917, en un minúsculo pueblo productor de diamantes, Andaraí. Falleció en 1999. Ejercer, luego de su vida escolar, los oficios de minero y comerciante le dieron el material necesario para ir preparando su primera gran novela, Diamante, considerada como todo un clásico dentro del regionalismo brasilero. Su desempeño literario le ha dado la oportunidad de ser director del Instituto Nacional del Libro, e incluso ser asesor de la presidencia de José Sarney.

Y es precisamente con “Diamante”, su novela debut, que intentaré con esta breve reseña seducir al lector ávido de grandes encuentros con prosas e historias cautivantes para que comience a aproximarse a otro de estos grandes ignorados.

Como dije, “Diamante” es la primera entrega de las manos talentosas de Sales. Basada en la vida desdichada de los mineros de diamantes y sus interminables vicisitudes ya no tras la prosperidad sino tras la ficción de la prosperidad, una fantasía escurridiza, inclemente y ávida de devorar siempre sueños, vidas y futuros. Gran obra esta que el propio Jorge Amado congratula con estas certeras palabras: “Con la traducción de Diamante, novela de grande y permanente éxito en el Brasil, el público (…) conocerá a uno de los mejores novelistas actuales del continente americano… El sertón bahiano, el más bello y el más desolado, el más violento, donde los sentimientos se vuelven desmedidos, pues allí la medida de los hombres es la extrema valentía, encontró en Herberto Sales, en su talento y en su humanidad, al creador capaz de narrar, con vigor humano y verdadera pasión, la historia de la gran aventura, y capaz de dejar para siempre memoria de la lucha y de la esperanza de los hombres”.

Leer esta novela es encontrarse con un narrador de gran fortaleza; es encontrar una prosa clara, precisa, limpia, sin grandilocuencias y gongorismos innecesarios, que no le digamos clásica pero sí adecuada; es encontrar esas historias cautivantes que desconocen tiempos y cansancios, y a las cuales uno les puede dedicar noche y día con tal de no quedarse con la incertidumbre de qué sucederá en la siguiente página, en el siguiente capítulo.

La historia en sí es la historia del ser humano, es una historia de sueños y frustraciones, de éxitos y fracasos, de aciertos y desatinos en una retahíla circular que nos enseña, sobre todo, que solo el mismo ser humano es capaz de controlar su vida mientras la ambición y el dominio de lo mundano no lo sojuzgue bajo su seductor abrazo de muerte. Es la historia del hombre, de muchos hombres, en busca de los codiciados diamantes a orillas del río Paraguasú, en una zona dividida entre prepotentes latifundistas dueños de todo, impunes ante el delito, bajo el manto protector de un gobierno que hace la vista gorda y ampara el atropello y el abuso diario. Son hombres que ante la necesidad se rebajan a formas de trabajo medievales e inhumanas, encerrados en un círculo de miseria e ignorancia tal que, resignados y sumisos, saben que el dinero que ganan, espaciado e infrecuente, solo puede servir para el alcohol y el meretricio. Es la vida de familias que se resignan por generaciones a morir bajo ese régimen de esclavitud pues viven, como dije líneas atrás, ya no tras la visión de prosperidad sino tras la ilusión de una visión de la misma.

Es una historia de personajes atropellados por quienes tienen el poder. Y no solo por ellos sino también los propios amigos y hasta por ellos mismos. Tres enemigos diarios. Y por si fuera poco, además de la tiranía del hombre, se ven doblemente indefensos ante la tiranía de la naturaleza, que se manifiesta en torrenciales lluvias que nada tienen de poéticas ni nostálgicas como las que ve Neruda en sus memorias “Confieso que he vivido”.

Es inevitable recordar, mientras se avanza en la lectura, a los personajes famélicos y malhadados que pululan por “El Llano en Llamas”, de Rulfo; o a los comuneros de las alturas víctimas de las mineras extranjeras, en la obra de Scorza; o a los obreros bolivianos que menciona Domitila Chungara en su testimonio “Si me permiten hablar”, o a los actuales mineros artesanales en la mina de La Rinconada, en Puno, en donde se ve y casi se comprueba aún que tal riqueza es como si fuera maldita, que no es sinónimo de prosperidad sino de degradación y malversación infinita.

En resumen, un buen tema basado en un episodio real de la historia del Brasil, la época de la explotación del diamante; un buen autor con la capacidad de seducir en cada línea con su prosa perfecta y aguerrida. Será esta novela un buen camino para ir conociendo lo que tiene Brasil en sus bellas letras.

¿Debería uno de leer “Diamante”? No solo eso: debería formar parte de la biblioteca de casa.

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