Aullido

Poesía norteamericana

Durante la década de los cincuenta el hecho o la palabra que describiría el acontecer en Norteamérica sería el de quiebre o ruptura. Tras los efectos nocivos de la Segunda Guerra Mundial, junto a la violenta irrupción del consumismo capitalista y el auge cada vez más intrusivo de los medios de comunicación masiva, nuevas formas y voces en la literatura hallarían una enorme cabida en este contexto.

Así, la poesía también pudo desprenderse de su carga tradicional e indagar en nuevos campos. Una gran muestra de esta poesía experimental la trajo la “Generación beat”. Intelectuales contagiados e impregnados de bohemia, militantes en las filas de la contracultura, con los oídos y la vista puestos en el embriagador jazz y la vida errabunda, los poetas beats dejarían una marca difícil de allanar. Defendiendo la autenticidad, el rechazo a los valores estadunidenses clásicos, el uso de drogas, una gran libertad sexual y el culto a la filosofía oriental, provocaron que muchos miraran con alarma a este nuevo grupo y otros con esperanza.

No solo considerado el pionero de la generación beat de los años cincuenta, sino que funciona como la bisagra entre esta generación y el movimiento hippie de los sesenta, Allen Ginsberg es la cabeza representativa de los poetas beat. Defensor de las libertades sociales e individuales, dueño de una personalidad carismática y una energía inagotable para las luchas de la época, muchas veces injuriado y censurado, otras reconocido y alabado, Ginsberg fue el poeta beat por antonomasia. Antes de ser expulsado de la Universidad de Columbia pudo estudiar un curso, el cual en realidad sirvió como lugar de convergencia para conocer a Jack Kerouac y William Burroughs. Su padre fue poeta y maestro, su madre, una emigrada rusa que abrazó con igual efusión el marxismo y luego la paranoia; que serían constantes en la escritura de Ginsberg, igual que la amistad que cultivo con Carl Solomon, a quien conoció en un hospital psiquiátrico y a quien está dedicado su más famoso libro.

En 1956 la más emblemática de las voces, el más turbulento de los gritos de esta generación, hallaría su resonancia en Howl (Aullido). Publicado por una pequeña editorial de San Francisco, y considerado, tras las primeras críticas como una obra escandalosa, controvertida y transgresora, al año siguiente tales expectativas granjearían a Howl y a su editor Lawrence Ferlinghetti (otro gran vocero de la generación beat) un juicio por obscenidad, el cual, tras diferentes sesiones, cuestiones y planteamientos, sería anulado posteriormente por el juez a cargo, alegando que el poema poseía importancia social redentora.

¿Dónde radica la obscenidad de la cual se le acusaba, cómo se muestra su importancia social, pero antes que nada: de qué manera se entreteje el puente entre obscenidad y compromiso en una obra que no ha dejado de ser intrascendente a lo largo de los años? Sabemos de qué material esta hecho ese puente apenas damos los primeros pasos siguiendo el umbral y la penumbra de sus primeras líneas: Vi a las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas, histéricas, desnudas, arrastrándose por la calle del negro al amanecer en busca de un colérico pinchazo.

 

Locura, miseria, delirio, agonía parece que gritara una de las voces que conforma ese aullido imperturbable, inevitable, inquebrantable.

Adicción, sexo, redención fluyen intermitentemente en cada uno de las palabras, intercambiando cosmos y caos. El “aullido” está conformado por muchas voces, las que gritan desde las instituciones y la muerte (que fueron expulsados de las academias por locos y por publicar odas obscenas en las ventanas de la calavera), las que suenan con términos políticos y de protesta (que se quemaron los brazos con cigarrillos protestando por la neblina narcótica del tabaco del Capitalismo / que distribuyeron panfletos supercomunistas en Union Square sollozando y desnudándose), las que aúllan desde la obscuridad y obscenidad (que copularon extáticos e insaciables / y continuaron por el suelo y por el pasillo y terminaron desmayándose en el muro con una visión del coño supremo).

Qué es Moloch podremos preguntarnos cada uno de los lectores de Howl, y este responderá con su aullido inconfundible mil cosas acabadas, destrozadas, aniquiladas; mil cosas punzantes, hirientes, dementes.

Moloch, como los golpes más caros de la vida, como los más grandes sufrimientos, como el peor de los mundos posibles.

En la segunda parte de Howl, el Moloch llueve sobre nosotros (¡Moloch! ¡Soledad! ¡Inmundicia! ¡Niños gritando bajo las escaleras! ¡Muchachos sollozando en los ejércitos! ¡Ancianos llorando en los parques! ¡Moloch cuya sangre es un torrente de dinero! / ¡Moloch la prisión incomprensible!).

Moloch no son uno sino muchos monstruos, Moloch es la violencia y la guerra, el capitalismo y la tecnocracia desarrollista, el consumismo y el materialismo; y todos aquellos grandes espectros que aparentaran ser custodios del infierno.

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