Cubo Blanco, Escuela de Artes Visuales

Un proyecto que se las trae

En el cielo de las imágenes se empezó a formar sobre Arequipa un agujero negro, un espacio vacío que las escuelas y las academias de arte visual no supieron cubrir. Por su pasatismo, por su falta de imaginación, por su complacencia con lo alcanzado o por el motivo que fuere, la academia y su realismo visual fueron produciendo en el ánimo artístico de los más jóvenes un ansia sin remedio, la sospecha de que algo más se podía decir, ver y producir en el sólido ámbito de lo visual.

Es cierto, la acuarela arequipeña, el óleo e incluso la fotografía le dieron forma a un prestigio regional que nos representa bien en las galerías del resto del país. Nuestra identidad visual está garantizada si de historia hablamos. Pero el que aprende a veces quiere algo más que historia.

No se trata de técnicas; a diferencia de las artes del lenguaje donde idea se confunde con la palabra, las artes visuales son a la vez más directas y más ambiguas que la literatura. Directas porque la imagen visual parece dada, limpiamente, a la percepción; y más ambiguas porque una imagen dice más que mil palabras y entre tantas como son se oculta la confusión mejor. Por ello, tratándose de artes visuales siempre conviene preguntarse antes qué es lo que uno quiere describir, o depictar, a fin de esquivar el realismo ingenuo tanto como la cháchara pseudointelectual posmoderna.

Lo han entendido bien estos cinco artistas jóvenes que hace poco más de un año fundaron “Cubo Blanco Escuela de Artes Visuales”; formados en el rigor de las más estrictas escuelas nacionales e internacionales de artes audiovisuales, plásticas, digitales y de cine, que alzando la vista advirtieron aquel remolino cósmico que amenazaba el clima local, al tiempo que los desafiaba a desarrollar una nueva imaginación arequipense para cubrir sus sombras. Imaginación viene de imagen, ya lo dijo Lacan con su célebre teoría del Imaginario y la demostración del espejo cóncavo.

Esos cinco artistas jóvenes asociados que son Karina Cáceres, formada en el ICAIC, de Cuba y ganadora de varios premios de cortometraje; Conrado Aguilar, fotógrafo profesional formado en Centro de la Imagen; Juan Carlos Denegri, con estudios en Argentina y en la UCSM local; Andrés Morales y Erick Arias, pintores y fotógrafos graduados en la UNSA; esos cinco no hallaron mejor forma de estrechar su amistad, mejorar su producción personal y seguir estudiando al enseñar, que fundando “Cubo Blanco”.

“Tenemos dos objetivos: la enseñanza y el aprendizaje de las Artes Visuales, de una parte; y de otra, la realización de proyectos, que pueden ser nuestros o de invitados, o de cualquiera que quiera trabajar con nosotros sus propios proyectos”, me dice Andrés Morales cuando los visito en su local de la Calle Siglo XX. Le digo que son los mismos objetivos de las dos Escuelas de Arte que hay en Arequipa. “Nos hemos preguntado antes de formar Cubo Blanco si en efecto esas dos escuelas son suficientes —responde—, y vimos que ellas están organizadas para enseñar pintura, básicamente. Nuestro propósito es cubrir esos nuevos medios que en los últimos años han venido para crear nuevas imágenes y que no son solo pintura: la fotografía, el cine, la pintura digital, las obras tridimensionales, conceptuales, las intervenciones, el grafiti y el afichismo; las nuevas tecnologías han ampliado muchísimo el espectro de lo posible en artes visuales, y eso no lo cubren las escuelas locales”.

Erick Arias interviene: “Lo que sucede con las escuela locales es que se han vuelto autocontenidas, mucho de su trabajo es hacia adentro y han dejado de interrelacionarse con su espacio real. Por el contrario, lo que nos interesa en Cubo Blanco es investigar, explorar, reflexionar, interactuar. Otra diferencia es que aquí se ve al arte como un medio de reflexión, no como un objeto por hacer. De allí que se empiece por la reflexión, por la exploración teórica y luego se busque recién el medio”. Y Andrés Morales cree necesario insistir: “Yo creo que la técnica debe estar al servicio de la idea. Si sabes primero qué es lo que quieres comunicar luego puedes buscar los medios para expresar esa idea de un modo correcto. El camino contrario, empezar por aprender la técnica aunque no sepas para qué te puede servir quizá está bien para la escuela tradicional, pero el mundo moderno ha estallado en una multiplicidad de medios que lo que ahora necesitas es seres humanos que piense qué hacer con todos esos recursos. Ahí está la diferencia”.

Me preocupa la idea del “todo vale”, esa mala lectura de los filósofos europeos que en la imaginación local equivale a una anarquía expresiva romántico-posmoderna. Lo digo, y Erick responde: “Lo que pasa es que en la sociedad posmoderna la imagen se ha asociado a la inmediatez, a la velocidad, a lo efímero. Solo se puede cuestionar el consumo voraz de imágenes de mercado con una exploración teórica del sentido trascendente que tiene la imagen. La idea es que la imagen no es algo que viene y se va de un modo banal: Youtube, Facebook, selfies que duran un rato y después desaparecen. Esa superficialidad está logrando que se pierda el espíritu sensible del ser humano. La imagen debe ayudarnos a establecer un vínculo con nosotros mismos”.

¿Y el público, responde a este proyecto?

“Cada uno de nosotros ya tenía cierta experiencia en trabajo de Talleres. Cuando decidimos formar Cubo Blanco empezamos por dar cursos mensuales por separado. Pronto vamos a abrir tres diplomados de un semestre en los que habrá cooperación de varios de los socios. El público lo tendremos que ir ganando poco a poco” dice Andrés Mercado.

Cubo Blanco (Seis caras que cierran un volumen, en blanco para que cada quien ponga lo suyo) ha desarrollado Talleres de Fotografía Básica, Diseño Digital, Iluminación Fotográfica, Lenguaje y Composición Audiovisual y este mes inician nuevos grupos. No solo eso, también están al rescate de materiales audiovisuales clásicos que se están perdiendo, para ello han implementado un laboratorio de revelado de fotografías en blanco y negro y están a la caza de esos tesoros que son los archivos familiares encajonados.

La propuesta y su público se están buscando uno al otro, es seguro que van a encontrarse.

Deja un comentario