Literatura y bicicletas

Un paseo con Fortunato

Montar bicicleta y leer novelas es igualmente liberador: ambas actividades exponen nuestro espíritu al viento fresco de la aventura. Y si bien mezclarlas supone una doble liberación, es necesario advertir el grave peligro de leer mientras se monta (lo digo por experiencia). Por eso, resulta más saludable embarcarnos en la lectura de aquellas obras donde la bicicleta, como si se tratase de un personaje más, cumple un papel fundamental.

Un buen ejemplo de ello lo encontramos en “Fortunato”, la novela de Luis Darío Bernal Pinilla. Libro que las editoriales han calificado de juvenil, aunque cualquier adulto pueda leerlo con el mismo entusiasmo de un adolescente. En sus páginas conocemos la historia de un soñador campesino de quince años, natural del municipio colombiano de El Cocuy, que ha concebido la atrevida idea de abandonar su casa y lanzarse a la aventura de descubrir España: “Igual que Colón… pero al contrario”.

Como los niños peruanos de las zonas rurales y de pobreza, el protagonista debe remontar largas distancias para llegar a la escuela e intentar subsistir con los productos de su pequeña chacra de papas y la leche fresca que todas las madrugadas ordeña a Desdémona, su vaca impávida. Sin embargo, encuentra en la hermosa bicicleta de semicarreras que le obsequia Joselín, un fotógrafo y escalador español a quien ha salvado la vida, el instrumento que le permite enfrentar sus difíciles circunstancias y atravesar los páramos de lo desconocido.

Sin duda, el pasaje más fantástico del libro y que será un deleite para los lectores-ciclistas, trata de la fortuita incursión de nuestro héroe, siempre ataviado con su sombrero y su ruana, en la última etapa de la Vuelta a Colombia, una de las competiciones ciclistas más importantes del mundo. En ella, llevado exclusivamente por su sed de aventuras, se ve envuelto en un encarnizado enfrentamiento con los ciclistas ruteros mejor entrenados de América y del extranjero, a los que opone su espíritu indómito y una fuerza física extraordinaria, producto de los rigores del trabajo rural y sus acostumbrados paseos en bicicleta por los abruptos caminos del monte:

“Entonces, ocurrió algo insólito: Fortunato, sin pensarlo dos veces y antes de que alguien pudiera impedirlo, se lanzó a la vía a bordo de su maquinita. El corazón le latía con mucha fuerza. […] Parecía que de un momento a otro, como a un muñeco mecánico, le hubiesen dado cuerda. Después de un rato, seguía siendo el último. Pero no por mucho tiempo”.

Este librito de aventuras, con su estilo colorido, aborda temas tan profundos como la identidad americana o la transición de la adolescencia a la adultez. Pero sobre todo provoca en los lectores el deseo de empinarse sobre los pedales y partir a descubrir el mundo, como Fortunato, con un huracán interior recorriendo nuestras venas.

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