También esto pasará

Leí “También esto pasará”, de Milena Busquets, porque trataba de una mujer a la que se le había muerto su madre.

Lo último que había leído sobre el tema, “El libro de mi madre” de Albert Cohen y “Mi madre”, de Richard Ford, lo tenía aún presente. Además, este libro había despertado expectativas inauditas en la última Feria de Frankfurt. Varias conocidas editoriales se habían disputado los derechos de traducción y se habló de medio millón de euros. Como era de esperar, la “noticia” saltó a la cinta de publicidad que envuelve cada ejemplar en lengua española, y lo compré. De modo que aquí tenemos una novela y su publicidad. Vayamos, pues, por partes.

LA NOVELA

Ya en el primer capítulo (son 14 más el epílogo) se pueden detectar casi todas sus características:

Tono

Blanca, la protagonista, está contando en tono dolorido la muerte de su madre y las devastadoras consecuencias para ella. Este relato lo va aderezando con reflexiones propias (como las cuatro primeras frases sobre la edad) y con palabras dirigidas a su propia madre muerta. Se mantiene el tono quejumbroso y se adivina el sentimiento de vacío, del no saber qué hacer a partir de ahora, pese que la protagonista es una mujer adulta con hijos. Este tono principal se combina con otro más desenfadado cuando habla de sus propios intentos por volver a la normalidad, a ser ella misma, una persona para la que el sexo es parte del botiquín de primeros auxilios y siempre está pendiente de los hombres que tiene alrededor: en el mismo funeral se fija en un desconocido (“Me pregunto cuál es el protocolo para ligar en un cementerio”), luego se encontrará con sus dos ex maridos y su actual amante, antes de viajar a Cadaqués, donde se reencontrará con todos ellos. Los dos tonos, el dolorido y el desenfadado, se mantendrán entrelazados hasta el final.

La protagonista

Blanca es esa mujer adulta con gran capacidad para retratar los momentos vividos al lado de su madre (los lejanos de buena vida, los recientes de enfermedad y muerte), que muestra su perspicaz inteligencia al captar el significado de experiencias cotidianas (por ejemplo acerca de uno de sus ex, Guillem, dice: “Tenemos una relación amor-odio. Yo le amo y él finge odiarme casi todo el tiempo. Pero su odio tiene más cosas buenas que el amor de la mayoría de las personas que he conocido”), pero también se muestra muy común y corriente, tanto en su preocupación por los años que tiene o la ropa que visten los demás, como por expresarse a través de frases y lugares comunes, incluyendo ñoñerías. Entre esos dos aspectos de su personalidad se mueve como entre dos espejos.

Estructura temporal

La novela avanza cronológicamente, aunque con pausas: comienza con el funeral en Cadaqués, luego la protagonista regresa a la ciudad donde vive (¿Barcelona?), después el viaje de vuelta a Cadaqués a pasar unos días, y termina cuando, después de varios intentos, se acerca por fin al cementerio a visitar la tumba de su madre. Las pausas están dadas por los pequeños e innumerables flash backs en los que se cuelan los recuerdos de la madre, sus palabras y gestos que parecen imperecederos.

 

Principio y final

Si bien la novela termina cuando Blanca está empezando a superar la ausencia de su madre, principio de esperanza que ella quiere simbolizar con la chaqueta materna que ha llevado a la tintorería (donde le han dicho “quedará como nueva”), sin embargo se nota que ese nuevo estado es superficial porque ella y su cuerpo siguen empapados de sufrimiento y desconcierto: de hecho, en la antepenúltima página, cuando recuerda el cuento que su madre le contaba y donde aparece la frase “También esto pasará”, Blanca confiesa: “Viviré sin ti hasta que me muera”, contundente conclusión de una persona herida y sin esperanza de que esa herida se cierre algún día. Será por eso que al terminar la lectura queda la impresión de una tristeza densa, como si la vida sin la madre fuera una pesadilla que hubiera intentado ser solo un mal sueño, sin conseguirlo. Lo cual eleva la novela por encima de su aparente propósito: ¿Todo esto pasará? Sí. Algún día.

LA PUBLICIDAD Y LOS LIBROS

La publicidad genera expectativas y las expectativas son malas acompañantes a la hora de leer. Y no solo las basadas en cifras de ventas: también las basadas en el prestigio del autor o en el género literario al que dice pertenecer el libro.

Lo mejor es leer partiendo de cero. Es decir, sin esperar que el libro sea bueno porque el autor es bueno. Y sin esperar que sea una novela porque en la carátula se presente como tal.

Sin expectativas de por medio, el lector está solo frente al libro y el libro está solo frente al lector. ¿Qué más se puede pedir? Un café y que nadie haga ruido.

Sin embargo, es imposible partir de cero porque no podemos olvidar todo lo que ya hemos leído. Todo eso constituye un mojón, un punto de partida. Y también influye cómo se lee, qué se espera de cada lectura.

Porque la lectura puede ser una vía de conocimiento, y de autoconocimiento, y una terapia: leo porque quiero saber más, o porque quiero saber quién soy, o porque quiero ser diferente.

Así que a la hora de leer lo primero que tienes que hacer es tirar la publicidad a la basura. En caso contrario corres el riego de leer un libro que nunca ha sido escrito. Mejor o peor que el que tienes entre manos. Pero inexistente.

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