Hay Festival para escritores

Habla: Sara Mesa

 

Tantos y tan buenos escritores trajo el Hay Festival a Arequipa que algunos quedaron medio ocultos entre la danza de celebridades. La joven sevillana Sara Mesa mereció más atención, sin duda. Lo malo es que sus libros recién empiezan a ser difundidos por Anagrama, si bien Babelia ha proclamado a “Cicatrices”, su última novela, entre las mejores de 2015 en España.

¿Cómo no conversar con ella? Un tema válido para hablar con cualquier buen escritor es la técnica narrativa, y de ella nos ocupamos una larga hora. Aquí extractos de esa conversación.

P. ¿Tienes tres novelas publicadas?

R. Tengo cuatro. Lo que pasa es que las dos últimas han salido en la editorial Anagrama y son las que han tenido mayor repercusión. Luego tengo un libro de cuentos, y al año que viene saco otro. Manejo los dos géneros.

P. ¿Y cómo decides qué va a ser un cuento y qué una novela?

R. Bueno, creo que la historia lo demanda. Simplemente, como yo digo, que el cuento es como mirar por el ojo de la cerradura y mirar una parte, deduciendo el resto, y en la novela quieres desarrollar el resto periférico.

Hay historias que quiero contar que son historias de cuento, pequeñas historias, y otras demandan más desarrollo. Pero mis novelas son novelas cortas, normalmente.

P. Para escribir un cuento, ¿conoces la historia antes de escribirla?

R. De alguna manera, sí la tengo. Lo que pasa, en la novela también, que importa mucho la intensidad y las sensaciones que transmites con el lenguaje, y eso va saliendo a medida que escribes. Si yo quiero escribir una historia de una escritora que va a Arequipa a asistir a un festival, ya la tengo, pero luego debo decidir dónde voy a poner el foco, en qué momento del día, las cosas que pasan, lo voy descubriendo a medida que escribo, te lo va dando la misma textura del lenguaje. Es la diferencia entre la historia cronológica o el resumen, y la plasmación literaria, que es otra cosa.

P. Parte importante de la técnica literaria es la elección del narrador. ¿Tú visualizas a tu narrador antes de empezar a escribir?

R. No, antes no. Es una decisión que se toma en las primeras veinte o treinta páginas, esas páginas son, en una novela, las que más te cuestan porque tienes que decidir dónde te sitúas tú como narrador. A veces empiezas desde un sitio y te das cuenta que no funciona y entonces tienes que volver. Hablo del narrador, en primera o segunda persona; pero también dónde te sitúas, si el narrador va a ser más intrusivo en la historia o si te vas a mantener aparte, si la historia va a tener un tono más cinematográfico o un tono más poético; esas decisiones las tomas al principio pero las tomas escribiendo.

Yo no puedo pensar “Voy a escribir una novela en la que el narrador sea de tal o cual manera”. Empiezo a escribir la historia y ahí tengo que decidir. Y es la decisión más difícil, una vez que tiene claro eso y el tono de la voz, lo demás es seguir.

P. ¿Estudiaste Literatura, o Escritura creativa?

R. Yo estudié Periodismo y más tarde estudié Filología. En Literatura soy totalmente autodidacta.

Creo que el escritor aprende leyendo mucho y con interés en el lenguaje. De hecho, soy un poquito desconfiada de los talleres literarios, al menos de los que conozco en España. Pero sé que en Norteamérica hay buenos y creo que en Hispanoamérica también hay buenos. Lo que he visto es que no se puede enseñar a escribir, se puede enseñar a redactar, pero redactar no es escribir.

P. La lectura, la buena lectura, es ya un aprendizaje. ¿Con qué autores te formaste tú?

R. Como casi todo escritor, era una lectora voraz en la adolescencia, leía todo lo que caía en mis manos. Muchas veces ni lo entendía, leía a Agatha Christie como a Tolstoi sin enterarme bien. Leía lo que había en casa. Creo que eso me formó también, en diferentes tonos y aspectos. Luego de mayor fui formando mis gustos literarios, pero creo que es bueno leer muchas cosas. Como narradora me siento muy limitada, hay historias que sé que no soy capaz de contar; tengo que contar las que creo que soy capaz con mis herramientas. Pero como lectora soy mucho más plural, puedo leer cosas muy diferentes y me gusta esa variedad.

P. ¿Lees estudiando las obras, tomas notas, o vas sobre la marcha del placer?

R. Leo disfrutando. A no ser que tenga que leer para una presentación de un libro o para un artículo que deba hacer, que también me gusta mucho eso, pero me gusta leer disfrutando. De hecho, muchas veces me gustaría olvidarme que soy escritora, porque estoy leyendo un libro y de alguna manera estoy analizando. Y esa pureza de la que te hablé del adolescente, esa es la que me gusta. A veces uno la pierde.

P. ¿Pero cuáles son las lecturas que sientes que te han servido más como escritora? ¿Qué libros, qué mundos, qué temas crees que has venido a formar tu estilo?

R. A mí me han interesado siempre los autores que son en cierto modo periféricos, y que plantean visiones del mundo no realistas pero tampoco fantásticas. Autores como Beckett o Kafka o Bernhard, fantasía existencial, un género a través del cual se llega a la realidad pero por fuera. Respecto a los estilos literarios me gusta mucho los autores que escriben de una manera muy clara, muy pura. Esa manera de escribir que parece que no cuesta trabajo pero que si la analizas ves que cuesta mucho; esos me suelen gustar más que los autores retóricos, alambicados.

P. ¿Has leído a Borges?

R. Sí, me gusta mucho.

P. También Borges escribe esa literatura, relatos fantásticos metaficcionales que hacen de los géneros, temas. ¿Y qué autores vivos te gustan?

R. Me interesa el Nobel Coetzee, autores norteamericanos como Lydia Davis o George Saunders, que escriben como Becket; me interesan autores españoles como Martha Sanz; un cuentista que me parece un genio, una absoluta maravilla, se llama Hipólito G. Navarro. Hay un libro que a mí me gusta aunque no está sonando mucho, se llama “Los desposeídos”, del húngaro Szilárd Borbély, pero murió hace poco.

P. Si tuvieras ocasión de pedirle consejo a un escritor sobre tus borradores, ¿a quién quisieras hablarle?

R. Buena pregunta. Para eso me gusta hablar con mi editor, Jorge Herralde. Creo que los escritores muchas veces no somos los más adecuados para dar consejos porque nos es difícil salirnos de nuestra manera de entender.

Yo no soy muy dada a pedir opiniones sobre lo que escribo, creo mucho en la intuición, si tengo mucha duda tiro mucho; y cuando tengo algo no pido que me digan cómo mejorarlo, digo “¿Está bien o no?” Si no le gusta a mi editor le digo “Tíralo”.

P. ¿Corriges mucho?

R. Sí, corrijo, pero corrijo yo, con mis propios criterios e intuiciones. Me resulta complicado si alguien me dice, puede que tenga razón, algo en lo que yo no creo, me resulta muy difícil rehacerlo.

P. ¿Qué cambias?

R. Normalmente tijera, recortar. A veces estás dándole vuelta y vuelta a un párrafo y no te cuadra, de pronto dice ¿y si lo quito?, sí, que mejora. La brevedad es a veces una virtud. Mi novela anterior en su primera versión tenía como setenta páginas más. Que estaban bien, tú las cogías aparte y tenían su cosa, contaban. Pero dije la novela mejora sin ellas porque resaltan las partes que dejo. Y muchas novelas que leo y me gustan creo que ganaría si fueran más cortas. Los autores tendemos a explayarnos mucho.

P. Cuáles…

R. Uff, no sé decirte…

P. ¿Has leído “La broma infinita”?

R. Sí, pero es que Foster Wallace es expansivo de por sí. No creo que se le pueda recortar.

P. ¿Los títulos, cuándo los decides?

R. He tenido de todo. Hay títulos que me han venido desde el primer momento y hay otros que me han dado mucho trabajo, hay títulos que no he puesto yo, que me han ayudado a pensarlos.

P. Georg Lukacs dice que el novelista quiere retratar el mundo, mientras el cuentista lo que quiere es crear un objeto perfecto…

R. No estoy muy de acuerdo porque yo no quiero construir un objeto perfecto. De hecho, a mí no me gustan este tipo de cuentos que son piezas perfectas. Borges me gusta porque sus cuentos son muy perfectos, pero son también muy cerebrales. A mí Borges me apabulla, lo admiro, pero no me emociona. Muchas veces prefiero una literatura más imperfecta y más emotiva. No sé cómo explicarlo. Me gusta más intensidad y menos cerebro. Me gusta más Cortázar que Borges, por ejemplo. Siendo Cortázar autor también de piezas perfectas.

 

Deja un comentario