La mirada virtual

Cultura y política desde la blogosfera.

La mirada virtual. Cultura y política desde la blogosfera (2007-2012)” (Texao Editores, 2016) es un buen ejemplar, un parangón, del tipo de discurso que se ha desarrollado a partir de los años 90 en los nuevos espacios virtuales abiertos por la tecnología de la comunicación digital, y que en la última década ha consolidado sus géneros por vía de la Internet.

Sus capítulos son, según nos dice el autor, “artículos publicados en Letras del Sur y Náufrago digital, blogs que dirijo desde hace ocho años. Son trabajos escritos, como cabe suponer, al paso de los acontecimientos y las lecturas a lo largo de cinco años, entre 2007 y 2012. De hecho, el último está fechado en Córdoba, en octubre de 2012. No están aquí las últimas entradas de esos blogs, que me imagino serán materia de un futuro libro. Sobre su naturaleza, Carlos Arturo Caballero nos dice en el Prefacio, que él mismo “creía estar convencido de que la poesía y la narrativa siempre ocuparían un lugar privilegiado entre mis escritos. Pero me había equivocado: el artículo de opinión, el ensayo periodístico, la semblanza, la reseña y, últimamente, la crónica tomaron por asalto el pedestal que los géneros de ficción ostentaban orgullosos entre mis preferencias”.

Son pues eso, artículos de opinión, ensayos periodísticos, reseñas, semblanzas escritas para blogs y luego corregidas y mejoradas para presentarlas esta noche como libro.

La escritura para un blog tiene sus propias formas, en el ciberespacio se imponen algunas condiciones que no existen o son diferentes en la escritura llamémosla tradicional, de artículos para los diarios y revistas impresos. La escritura para internet tiene que estar al día, o a la hora, a veces al instante, como corren las entradas del Facebook, por ejemplo. Deben ser textos breves y concisos, y sobre todo abiertos al lector posmoderno de internet, que es un lector muy peculiar.

El blog más bien parece un género intermedio, presionado por las circunstancias pero con un poco más de tiempo para las correcciones, con un poco más de espacio para el desarrollo de las ideas, y con un poco más de duración en los archivos digitales. Pero eso sí, con una escritura propicia para la lectura fácil y sin complejidades. Cito al autor: “Si tuviera que definir un objetivo, este sería privilegiar la claridad antes que el oscurantismo académico. Siempre busqué escribir para ser entendido y no solo para mostrar cuánto sabía del tema en cuestión o de alguna teoría en particular”.

Aquí yo haría una atingencia. Si el público al que se dirige un blog es un público no especializado en términos profesionales, es claro que la escritura debe ser una atención al lector, clara, sencilla, directa. Pero si el lector es académico no necesariamente esta condición se cumple. Ahí tenemos la escritura de los filósofos analíticos como Carnap o Russell o Edgar Guzmán, más cercano a nosotros; o la de filósofos como Hegel, Heidegger, Derrida o Marcos Mondoñedo, más cercano a nosotros. O la escritura compleja de Jacques Lacan, que tantos dolores de cabeza da a nuestros alumnos. Ceo que se trata de registros textuales diferentes y no hay como ponerlos frente a frente. Lo contrario a la claridad de la prosa es la oscuridad de la prosa, no “el oscurantismo académico”. Curiosamente, Jean Claude Milner llama a la escritura de Lacan “La obra clara”, título de su famoso libro.

La verdad es que Carlos Arturo Caballero escribe claro y sus lectores, sin duda, lo disfrutan.

¿Sobre qué escribe? Sus temas cubren un amplio campo, sin salir de las Humanidades, las Ciencias Políticas y a ratos la Crítica Literaria. El primer artículo titula “El qué y el para qué de la literatura”, luego escribe sobre Amos Oz, pero en relación a su posición política más que a su ficción. Entresaco de aquí una línea simpática de Amos Oz citada por Caballero y hecha suya sin duda: “Con frecuencia, los fanáticos son muy sarcásticos y algunos tienen un sarcasmo muy sagaz, pero nada de humor. Tener humor implica la habilidad para reírse de uno mismo”.

También escribe Arturo Caballero sobre “Donoso y el boom”, sobre “Las guerras de Mario”, un comentario del libro-homenaje “Las guerras de este mundo”, paráfrasis de “La guerra del fin del mundo”, famosa novela del escritor arequipeño. Su evaluación de la calidad de los artículos incluidos es muy precisa e inteligente. Sin duda Efraín Kristal es de los mejores críticos y estudiosos de Vargas Llosa.

Luego encontramos un artículo sobre “Los intelectuales de izquierda frente al poder mediático”, que ingresa de lleno en el campo preferido por nuestro autor. Comentando un libro de Bobbio, Rossetti y Vátimo titulado “La izquierda en la era del karaoke”, Carlos Arturo se permite deslizar sus propias opiniones al respecto. La más importante me parece: “aquel que considere que lo que sucede en la televisión es un mal necesario o que apele a la libre elección del consumidor, a la libertad de empresa o a la variedad de alternativas que ofrece la televisión, es decir, que sostenga que no existe un problema, carece de todo sentido de responsabilidad social”. En lo que sigue, sobre la caracterización de la izquierda nacional y su relación con los medios, creo que a la luz de los últimos acontecimientos, el artículo merece una revisión.

Luego el libro nos habla de Chomsky, de Los Estudios Culturales, y se pregunta si son una moda o una impostura intelectual. Entre sus líneas hallamos esta afirmación: “El marxismo no ha desaparecido porque aún subsiste el capitalismo y su expansión mundial amerita una teoría crítica. Mientras más hegemónico sea el capitalismo, más justificada estará la crítica marxista”.

Hay entradas sobre la migración europea, sobre la posmoderna sociedad de consumo (artículo dedicado a su compañero de promoción y hoy profesor en la U de Lima, Giuliano Terrones); vuelve luego sobre “Los intelectuales y el compromiso social”, que es una cuestión recurrente en la escritura de Carlos Arturo Caballero y en la que plantea una tesis del todo aceptable, que se resumen en este párrafo final: “¿qué debemos exigirle a un intelectual?: 1) que sea consecuente con sus ideas, es decir, que predique con el ejemplo. 2) tomar postura y pronunciarse frente a los hechos concretos, 3) colocar la ética por encima de la ideología y de la política (lo cual es tal vez la demanda más difícil de cumplir: no separar la política de la moral). 4) proponer iniciativas de cambio y convertirse en un formador de opinión, en un referente de su sociedad y de su época”.

El libro habla de mucho más, de la Violencia institucional de la sociedad peruana, de la crisis de la social democracia europea, otra vez sobre los intelectuales, sobre La izquierda y el debate por la amnistía general, sobre la teoría y los críticos literarios, sobre Piglia, las Malvinas, etc. Pero detengámonos acá.

Porque ya a estas alturas el lector tiene una imagen del autor del libro, de la voz que articula y teje los hilos de este discurso. ¿Quién es él? Un lector ilustrado de las novedades editoriales literarias pero sobre todo de Ciencias Políticas y en especial de los hechos importantes de la vida social, nacional e internacional. Es un activo bloguero, se comunica por los medios que la posmodernidad y la tecnología digital han puesto a su alcance y trata de sacar de ellos el mejor partido; interactúa con otros blogueros y con los lectores asiduos al Facebook y las redes sociales; pero sobre todo, y ese es el gran valor de Carlos Arturo Caballero, toma posición frente a la realidad. Se declara de izquierdas, debate y argumenta a favor de su visión del mundo y de sus valores humanistas.

Hoy que está de moda no ser nada, deslizarse convenientemente por todas las tiendas, por todos los sectores del horizonte y de la vida política, ser “objetivo” y criticar por igual todo, y nada: hoy que los politólogos y los opinólogos hacen gala de su falta de compromiso y su elegante desinterés, un autor que se ofrece desde un lugar de enunciación concreto y que habla a través de un discurso coherente, es de admirar. En especial si lo hace luciendo su inteligencia, ofreciendo siempre ideas y argumentos con los que quizá no estamos de acuerdo pero que permiten, por su uso de la razón persuasiva, argumentar, debatir, aceptar y seguir o rechazar, pero siempre a favor de ideales comunitarios.

Hay un rasgo que yo añadiría a la lista de Carlos Arturo Caballero como exigencia al intelectual: 5. Que nos ofrezca interpretaciones.

La casi totalidad de escritores de columnas de diarios y revistas, de blogs y de posts hoy en día se limitan a repetir lo que se ve o lo que se dice, a parafrasear, a ampliar o reducir, a colgar adjetivos pero sin ir más allá. No buscan ideas, buscan citas; tratan de lucir su propia fotografía a costa de los acontecimientos, tratan de ser importantes, interesantes o quizá solo ser visibles y conocidos y tener muchos amigos, pero los hechos mismos se les pasan de largo, no interpretan, no buscan detrás de lo evidente las estructuras significativas profundas, el sentido connotado, la clave de una explicación. Sin inteligencia pero con muchos contactos, sin coraje pero con ganas de figuración, sin compromiso con los abusados, marginados, desposeídos y ninguneados por el sistema, pero con apariencia de aventurados.

Todo lo contrario de Carlos Augusto Caballero. Él no es un posmoderno más, un irónico o un narcisista, un cínico intelectual o un poeta maldito, un amigo de todos y de ninguno, un posero o un adulador. Es un verdadero intelectual de izquierdas. Hay que leer su libro, hay que estar en desacuerdo con él, hay que discutirlo, pero no es posible ignorarlo.

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