Diego Rondón expone

Perfil bajo, fama internacional

En una distinguida galería comercial de la Avenida Cayma expone esta semana su obra reciente Diego Rondón, joven valor arequipeño de las artes gráficas, que acrecienta su prestigio con cada muestra de sus trabajos.

Aquí un breve diálogo con Diego.


P. ¿Tú recuerdas cuándo empezaste con esto de las artes gráficas?

R. Mi madre me contaba que cuando yo era chico, de unos cuatro años, miraba con atención al chofer del ómnibus en que viajábamos al centro y que al volver a casa lo dibujaba de memoria, visto de espaldas, sobre el timón.

Mis cuadernos andaban llenos de dibujos.

Todos tenemos naturalmente tendencia hacia algo, por ejemplo a mi hija le apasiona el agua, la piscina, el mar. Es mejor seguir, yo creo, ¿no?, la inclinación de las personas.

P. En una casa llena de arte y de artistas, supongo que era natural aspirar a lo mismo.

R. Sí, claro. Aunque lo mejor de todo, lo que agradezco a Amparo y Germán, es que me hayan dejado toda la libertad necesaria para decidir por mí mismo lo que quería hacer. Tengo muchos amigos y compañeros que apuntaban a ser buenos artistas, dibujantes, pero sus padres los obligaron a estudiar otras carreras. Eso creo que a la larga es una desgracia, siempre acaba uno frustrado.

P. ¿Y nunca te llamó la escultura? (Su padre es el famoso escultor Germán Rondón).

R. Muy de vez en cuando. No sé por qué. Es que me divierte tanto dibujar que eso he hecho siempre. Solo últimamente me empezó a interesar el volumen, porque me gustan mucho los juguetes, veo a mi hija jugar y observo la volumetría de todo lo que toma en las manos.

P. De allí salió esa serie de los “Ángeles Guardianes”, supongo.

R. Sí, de ahí salió. La idea de que un niño proteja a un niño me gustó y empecé a diseñar los modelos. Son de fibra de vidrio, los planos; y de cerámica, los volumétricos. Los primeros que hice fueron para Alejandra, pero algunos amigos los vieron y me pidieron que les hiciera otros, y así empezó la serie. Ahora se venden en Lima y están empezando a llegar pedidos del extranjero. Creo que la ternura es una buena motivación en este caso.

P. Pero en tus comienzos eras bastante oscuro. Recuerdo que presenté tu cómic del Drak, en 2004. Tenía unas imágenes siniestras. Pero lo que más recuerdo es que en la sala de la presentación, en los años buenos del Cultural, estábamos en la mesa de presentación tres señorones, y en primera fila aplaudían los adultos mayores, con Pepe Ruiz Rosas a la cabeza, y más atrás tus amigos, una banda de imberbes bulliciosos. Fue todo muy divertido.

R. Sí, claro. Y el cómic me sigue gustando, pero el trabajo ahora no me da mucho tiempo para dibujar. Saqué cuatro revistas junto a mis amigos.

P. ¿Y qué pasó con tu grupo?

R. Lo mismo que conmigo: algunos se independizan, otros tienen familia y se dedican a otra cosa, algunos han viajado lejos. Así es la vida, dispersa todo.

A mí me gustaría dibujar y quiero hacerlo, voy a hacerlo, pero depende de las prioridades y de lo urgente. Hay que combinar varias cosas para poder seguir adelante.

P. ¿Y los almanaques? Hicieron varios, de colección.

R. Hicimos tres almanaques, producidos por Sandro Tamayo. Estaban Jorge Zárate, Kaway, y otros. Pero se fue volviendo muy trabajoso conseguir los auspicios, distribuir y vender, quitaba mucho tiempo, y lo dejamos.

P. En tu casa he visto varias publicaciones tuyas editadas en España.

R. Eso viene poco a poco. Tuvimos contacto con amigos de Lima que se dedicaban a lo mismo, ellos suelen tener buen trato con la prensa, algunos trabajan en diarios y revistas, y eso nos abrió una ventana más con el público, y con el extranjero. A medida que tu trabajo va siendo conocido y comparado se van abriendo nuevos espacios.

José Vilca, que viaja mucho al extranjero, llevó nuestro material y así salió lo de España. Primero fue en una revista europea de cómics, y después empezaron los contactos con otras editoriales, que me escribían y me pedía muestras, desde España y desde Londres. Ahora estoy trabajando con editoriales de Estados Unidos y con la revista Dark House. Les he hecho historias, y portadas para sus revistas.

P. Con toda esta experiencia, ¿no te inclinas a la enseñanza?

R. No.

Creo que todavía me falta aprender mucho y producir mucho más para sentir la seguridad de que estoy enseñando algo importante, no pura teoría o pura historia, o repitiendo lo que dicen los libros o las escuelas de arte. Teorizar sobre lo mío debe ser difícil y ese trabajo requiere madurez, reflexión, sentarse a escribir, probablemente. Todavía no estoy en esas condiciones.

Varios amigos me dicen ya estás en buen nivel, y que les enseñe. Pero sinceramente, no me siento capaz.

P. ¿Y en privado?

R. Un par de veces he tenido que ocuparme de alumnos de mi esposa, que es artista y profesora. Eran niños que no querían saber nada con el dibujo. Lo que hicieron fue garabatear con cólera su cartulina, no quiero dibujar, no me gusta, me decían. Y yo vi sus garabatos y les dije, qué bonito, aquí hay un ojo, aquí otro ojo, mira, y aquí una boca, ¡una cara, has hecho una cara! No creían, pero les di otra cartulina e hicieron más garabatos: aquí veo una cola, y una cabeza acá: ¡un dinosaurio!

Al rato estaban dibujando de todo.

P. Eso es enseñar, pues…

R. Quizás, así le enseño a mi hija. Pero a adultos, no me animo. Me gustaría ver cómo enseñan otros, porque creo que yo enseñaría a cada persona de forma específica, si me dice yo quiero dibujar sillas le pondría una silla o un montón de sillas y le diría ahora mira cómo se ve desde diferentes puntos de vista, con esta luz o con esta sombra. Trabajemos en eso.

Pero en general, para mucha gente, o en abstracto, sin saber yo mismo cómo es cuando está bien dibujado y cuánto trabajo demanda, no me sentiría a gusto. Mucho de lo que he aprendido lo he aprendido solo, y no quiero hacer eso con otros.

P. Has cambiado bastante, me acuerdo del Diego dark que conocí en el Instituto. De tus ciudades abandonadas y tus muertos vivientes…

R. Ja ja ja ja… Eso tiene que ver con las ganas de impresionar, de ser alguien. Ahora, no es que no me guste esa imagen, lo que pasa es que ya no me da roche hacer lo otro, los angelitos y las témperas más líricas. Puedo hacer lo uno y lo otro sin avergonzarme ni querer quedar bien con alguien. Cuando veo dibujos animados para niños disfruto igual que cuando veo películas de horror.

P. ¿Y qué más te gustaría hacer?

R. ¿Sabes cuál es mi plan? Mi plan es ser millonario. Estoy poniendo una empresa con un socio para hacer una marca de ropa con diseños y dibujos exclusivos, que sea muy conocida, de exportación. Y una vez que esté bien establecida esa empresa, tener dinero y tiempo para disponer como quiera y dedicarme a escribir historias, a publicar libros acá y en el extranjero. Libros para niños y también para adultos. Tengo varias historias avanzando.

P. ¿Qué es, de todo lo que haces, lo que más te gusta?

R. Creo que los cómics. Cuando compro un cómic que me gusta puedo quedarme una hora en una sola página, mirando cada detallito.

P. ¿Y cuáles son los buenos?

R. Ahora ya son demasiados, incluso artistas desconocidos son buenísimos. Antes eran unos cuantos y muy famosos. Los tiempos han cambiado.

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