Arriba el telón

Estudiar Teatro en Arequipa

 

La idea caía de madura resulta extraño que a nadie le llamase la atención el hecho de que Arequipa, siendo una ciudad de casi un millón de habitantes, no contase con una Escuela de Teatro. Hay dónde estudiar música, pintura, literatura, pero el teatro iba por su cuenta, lo cual no significa que iba mal ni mucho menos. Se requería subir el siguiente peldaño y profesionalizar el campo, y ese paso pequeño pero gigante lo acaba de dar la Universidad de La Salle, en cooperación con alguna gente de teatro que vio la ocasión de cumplir sueños y al mismo tiempo alentar vocaciones ajenas.

Una de esas personas es un arequipeño afincado en USA, hombre de teatro egresado de la Escuela de Literatura de la San Agustín, Carlos Vargas Salgado. Conversamos brevemente con él.

P. ¿A qué crees que se deba el retraso de Arequipa en abrir una escuela de teatro?

R. Imagino que es una combinación de varias cosas: la falta de un movimiento teatral suficientemente unificado para hacer reclamos juntos ante autoridades públicas, la falta de profesionales certificados en la ciudad que pudieran abrirse espacios. También creo que hay varios antecedentes de escuelas que iban a ser formadas, tan antiguamente como en la década del 50, o luego en los 80s, y que no lograron éxito porque agarraba al medio teatral no muy convencido de lo que vendría después de la profesionalización. Ayer mismo un colega me preguntaba si no íbamos a ser una fábrica de actores donde no hay teatro. Pero eso es inexacto, en Arequipa se estrena unas 50 obras al año, es decir, el teatro está vivo en la ciudad y la región. Y la idea de profesionalizar el teatro servirá de acicate a que haya más y mejor producción.

P. ¿Cómo se gestó este proyecto de la Universidad de La Salle?

Fue un largo proceso en el que participaron desde el inicio Iván Montes, el Rector, gran aficionado al teatro (y a la escritura) y la maravillosa actriz Sandra Santander, que lamentablemente nos dejó hace poco más de un año. Sé que Sandra, quien había empezado a hacer teatro conmigo en la Alianza Francesa en 2004, hizo el primer boceto y consiguió apoyos de profesionales de Lima como Carlos Tolentino para dar forma a un primer proyecto. En marzo del 2015, Sandra y yo hablamos sobre mi colaboración -ya que como sabes, estoy establecido en Washington hace varios años-, y mi intervención era esencialmente como asesor académico. Las cosas cambiaron cuando Sandra falleció. Ahora el proyecto era además de todo, una forma de cumplir con su sueño concreto y este sueño además nos tocaba directamente a todos los teatristas de la ciudad, pues, salvando los años, yo también había sentido la presión de no tener un espacio de formación en la ciudad misma.  Iván y yo nos conocemos de hace muchos años, así que fue fácil encontrar coincidencias y darle al Conservatorio la forma que poco a poco va tomando. Luego conseguimos el concurso de Jimena Rodríguez, que regresaba a vivir en Arequipa después de haberse graduado del Conservatorio del Teatro Británico de Lima.

P. ¿Qué competencias requiere un estudiante de teatro?

R. Estoy tentado de decir como Lope, que solo pasión. Pero es verdad que los estudios de teatro y drama han avanzado muchísimo en los últimos años y ya poco se deja a la inspiración. Cualesquiera sean las tendencias estéticas, es claro que un actor moderno debe saber trabajar plásticamente con su cuerpo, conocer métodos de creación de personajes, tener una voz y dicción impecables y saber analizar profesionalmente los textos dramáticos que representa.  Un buen estudiante de teatro, o actuación en general (incluso para cine y TV) requiere ser un observador nato de la naturaleza humana, y un buen comunicador de sus emociones e ideas.

P. ¿Se puede aprender a ser dramaturgo?

R. Mi experiencia en este sentido es ambivalente. He visto de cerca a grandes autores trabajar (Sara Joffré, por ejemplo) sin más guía que su innata capacidad. Pero la influencia del medio teatral en el que me muevo la mitad del año en los Estados Unidos, va exactamente en la línea opuesta: un dramaturgo necesita conocer técnicas, necesita saber formas específicas de estructurar sus historias, y conocer procesos de ensayo y error, semejantes a los de un científico en un laboratorio. Estoy persuadido de que un dramaturgo puede tener un potencial natural, sí, pero sin las herramientas de formación su talento puede no prosperar, o condenarlo a reinventar la rueda cada cierto tiempo.

P. ¿Qué cursos se va a llevar en este plan de estudios?

R. Tenemos tres líneas matrices: trabajo corporal, métodos de actuación y técnicas de voz y dicción. Esas tres se llevarán en dos ciclos cada una. Además, una línea de análisis de textos y pensamiento crítico, que es imprescindible para la interpretación. A la vez, el programa tiene seminarios especiales de Psicología, Historia del teatro peruano, producción y Teatro y Educación. Las 8 semanas finales, el grupo completo preparará una obra profesional que estará en temporada varias semanas. Este plan de tres ciclos resulta superintensivo, pero creemos que es el tipo de programa que mejor funcionará en Arequipa inmediatamente.

P. Además de actores, ¿qué se necesita para que el teatro sea una de las artes preferidas en nuestra ciudad?

R. El reto siempre es lograr directores, autores y productores. Pero ese es un reto que también lo tiene Lima. Solo hace pocos años ha empezado a formarse un grupo relativamente estable de autores, y de productoras independientes profesionales.

En Arequipa nos falta confiar más en el talento local, especialmente en la facilitación de locales para que las temporadas sean extensas. Veo con alegría que ahora ya hay temporadas de un mes, algo que era imposible hace diez años. Ya tenemos dos salas permanentes de teatro (Umbral y Vargas Llosa), y supongo que los centros culturales van a poner las barbas en remojo para lograr que los teatristas regresen a sus espacios pronto. Se han abierto hasta cuatro salas independientes pertenecientes a grupos como Artescénica. Hay productoras súper eficientes como Teatrando. Y se estrena cosas complejas, porque eso sí, el público de Arequipa sigue siendo enterado y exigente. Es cuestión de seguir por este camino.

P. ¿Qué posibilidades tenemos de que esta corriente no se convierta en una más de la industrias culturales o turísticas de la ciudad?

R. Es una pregunta compleja. Mi experiencia conociendo ciudades grandes es que hay dos tipos de ellas: ciudades donde puedes ver teatro, y ciudades donde si no vas a su teatro, es como si no la hubieras visitado. Minneapolis, Nueva York, Barcelona, Buenos Aires, son de este último tipo. El teatro no es uno más de los atractivos: es parte de la identidad misma de la ciudad. Y tienes que conocer su movida local, porque no la puedes ver en otro lugar.

Una cosa fantástica del teatro es que es una de las actividades más rabiosamente local. No se puede exportar teatro local, en el sentido genérico. Hay franquicias, claro, o copias, de cosas comerciales. Pero si vas a Chicago quieres ver a los grupos locales, esos que no puedes ver en otro sitio.

Pienso que Arequipa tiene un fuerte regionalismo que puede hacer que se geste un teatro local con identidad, que puede ser atractivo turísticamente, pero que puede resistir también la simple invasión de productos foráneos.

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