HAY DEBATE

Respuesta a Yrigoyen

En el último número de la Revista Caretas se ha publicado un comentario sobre el HAY FESTIVAL Arequipa 2017 en el que se incluye el siguiente párrafo:

“Más sereno, pero no menos generoso, Fernando Iwasaki demostró en sus intervenciones inteligencia y don de gentes, cosa que lamentablemente no sucedió con otros moderadores, que oscilaron entre la ignorancia y la miseria. Escoger a mejores presentadores es una de las tareas pendientes del próximo Hay, que en ese sentido exhibió claras flaquezas. No puede ser que en una mesa con dos jóvenes narradores peruanos el moderador evidencie no haber leído ninguno de sus libros y resuelva el asunto con preguntas manifiestamente estúpidas. No se trata de viajar, tragar, beber y cobrar viáticos, sino también de respetar a los interesados que para algo pagan su entrada.”

Lo primero que llamó mi atención en el artículo de Caretas —que en internet no lleva firma: solo más tarde me informo que el autor se llama José Carlos Yrigoyen— es que se refiere a mí, a Renato Cisneros y a Jeremías Gamboa (los “dos jóvenes narradores peruanos”) sin nombre propio. Este estilo impersonal contrasta notoriamente con el resto, individualizado hasta el ridículo, del tipo “me quedo con la imagen de un imprevisible César Gutiérrez —bestia negra del festival— bailando solo en la pista de la dudosa discoteca Deja vu y luego durmiendo beatíficamente sobre ella”.

Vamos al meollo. Dice Yrigoyen que “No puede ser (…) que el moderador (o sea, WD) evidencie no haber leído ninguno de sus libros (o sea, los de Cisneros y Gamboa) y resuelva el asunto con preguntas manifiestamente estúpidas”.

Diez días antes de iniciarse el HAY publiqué en esta página una extensa nota sobre Jeremías Gamboa y su novela “Contarlo todo”, en la cual hice además referencias a la novela de Renato Cisneros “La distancia que nos separa”; el mismo artículo, para todo el mundo, fue publicado ese día en la revista virtual www.altodelaluna.com. El que no lee, antes de escribir sus notas, es Yrigoyen.

Ni siquiera lee el programa del HAY (o no entiende inglés), pues estaba claro que no fuimos convocados para hablar sobre las obras anteriores de los invitados sino sobre la “Work in progress”, esto es, sobre lo que tienen en proceso de creación. Como es costumbre, en dos oportunidades antes conversé con Cisneros y Gamboa sobre los temas que podríamos tratar en el escenario y quedamos de acuerdo en que se hablaría de su trabajo inédito, sobre los temas y las técnicas que desarrollan, sobre sus hábitos y sus descubrimientos. Convenimos incluso el tono más apropiado para la conversación.

Y así fue. Primera pregunta de la noche en el Teatro Municipal: “Cuéntennos, ¿qué están escribiendo?”. Y vino una larga secuencia en la que Gamboa y Cisneros informaron sobre sus nuevos libros, sobre sus investigaciones, sobre sus hallazgos y sus expectativas. Luego pregunté acerca las condiciones materiales de su trabajo, sus usos y costumbres; sobre problemas técnicos como la elección del Tono del Narrador, el Espacio Ficcional en el que ubican sus nuevos textos, etc., en un diálogo ameno salpicado de cordialidad y buen humor en el que los escritores invitados se explayaron en anécdotas y en finos comentarios. Buenos conversadores que se mostraron, advertí que era mejor dejarlos hablar (además, en Arequipa no quitamos la palabra al interlocutor. Ni la ciudad está “hambrienta de cultura”, dicho sea de paso). Quienes asistieron lo saben y así lo apunté en son de broma al final. El lector puede comprobarlo en la grabación que fue publicada en https://www.facebook.com/hashtag/envivoxhbanoticias.

Allí están los temas y el tono que desarrollamos en “Work in progress” con Jeremías Gamboa y Renato Cisneros. Fue distinto más tarde esa noche cuando dialogué con Fernando Ampuero y Giovanna Pollarolo, y dos días después con Margo Glantz. Pero Yrigoyen, que generaliza sobre mi intervención en el HAY, no lo sabe, ocupado como estaba, por lo visto, en inspeccionar los pisos de las discotecas arequipeñas.

Dado que yo vivo y trabajo en Arequipa, no he viajado ni cobrado viáticos para asistir al HAY; de modo que la última oración del párrafo de Yrigoyen, que, por lo tanto, es incongruente, solo cobra sentido cuando se lee como un lapsus auto inculpatorio: “No se trata de viajar, tragar, beber y cobrar viáticos, sino también de respetar a los interesados que para algo pagan su entrada”.

El lenguaje, como siempre hace, lo traiciona dos veces: léase el “también”.

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