“El espía del inca” en Arequipa

EL ESPIA DEL INCA (Editorial Horizonte, 2018) es una voluminosa novela de 775 páginas en formato mayor, que si tuviera el común de cuadernillo llegaría a las mil páginas probablemente, lo cual, no obsta para leerla de corrido, pues es tan amena e interesante que uno no quiere dejarla hasta terminar.

La historia en gran parte la conocemos, trata de la captura del inca Atahualpa por los españoles, de su prisión y del ofrecimiento de un tesoro a cambio de su libertad, que como todos sabemos no le valió para salvarle. Los hechos históricos son de dominio público, de modo que lo atractivo reside en lo que no sabemos pero que todos nos preguntamos, ¿por qué un puñado de españoles pudo derrotar a Atahualpa y a sus soldados en Cajamarca? ¿por qué una vez atrapado no lo rescataron sus generales? ¿cómo dominaron los españoles a un imperio que se dice era tan grande y poderoso?

Sobre estas incógnitas que nos ha dejado la historia Rafael Dumett ha imaginado toda una vasta intriga novelada, de tipo policial, en la que un espía tallán con poderes casi mágicos mandado por un leal de Atahualpa, Cusi Yupanqui, se infiltra en el propio entorno del prisionero y desde allí tratará de organizar un plan de liberación, al que el propio inca se negará seducido como estaba por su anhelo de conocer de cerca a los españoles y dominar sus artes.

El protagonista, que a lo largo de la novela tiene varios nombres, Yunpucha, Osco Huaraca, Salango, Pedro —como se estilaba entre los pueblos andinos cambiar de nombre—, digamos Salango que fue su nombre más querido, es un dotado de la capacidad de contar de una sola mirada el número de granos que cae de una bolsa, cuántos de cada color, cuántos quebrados y cuántos picados por el gusano, aun antes que lleguen al suelo; y por ello es un contador general e informante al servicio del inca, hasta la llegada de los españoles, y por eso se le encomienda la difícil tarea de espiar entre los propios invasores. Desde este privilegiado lugar adquirirá de paso consciencia de las diferencias culturales, de lenguaje, de religión y de visión del mundo de las dos culturas, y aprenderá viendo a los españoles y al inca sobre las luces y la sombras, las fortalezas y las debilidades de cada quien, en medio de todo lo cual no sabe reconocer su propio destino.

Bajo la máscara de esta trama, entretejida con las muchas historia menores, subintrigas, explicaciones e hipótesis que desarrolla la novela va a encontrar el lector un mundo maravilloso posible, que no pretende ser el relato histórico de los hechos sino una novela, una magnífica obra de ficción que nos invita a especular, a imaginar que pudo haber pasado esto y no esto, e igualmente la razones, las causas de aquello que la historia no ha podido hasta hoy explicarnos con certeza, la caída del imperio, si fue un imperio, y lo que realmente aconteció en esos violentos tiempos de cambio.

Hay que añadir que para darle nacimiento y vida a este mundo narrado el autor se ha empapado de la bibliografía y la investigación más seria habida hasta hoy sobre la época de la conquista. En especial de las crónicas y de los estudios sobre el lenguaje de los quipus, pues en ellos debió estar escrita la verdad de nuestro pasado incaico.

En este trabajo de preparación de su novela, la primera que escribe, Rafael Dumett ha demorado diez años, según consigna en la parte de los agradecimentos. Se trata pues de un libro detallada, minuciosamente ideado; y lo que es mejor, escrito con un estilo moderno, ágil, tan bien cuidado que resulta toda una lección de maestría narrativa leerlo.

No hay que desanimarse por su volumen ni por su peso, tan rico como “Cien años de soledad”, o como “El plantador de tabaco”.

“El espía del inca” es aun más entrañable para nosotros porque dialoga con nuestra propia cultura y con nuestra identidad. Pienso en especial en los lectores de Arequipa, porque en esta ciudad se escribieron las dos primeras novelas históricas indigenistas del siglo XX. Hablo de las obras de Augusto Aguirre Morales, “La justicia de Huayna Cápac”, de 1917, pero sobre de “El pueblo del sol”, de 1927, con la cual “El espía del inca” guarda numerosas similitudes. En ambas se trata de imaginar explicaciones para los hechos del pasado incaico a partir de la ficción, pero con bases sólidas en el progreso de la investigación social cada época.

La novela, a través de los ojos del narrador omnisciente pero parcial que se enfoca en el punto de vista del protagonista, el espía y clarividente Salango, propone una serie de hipótesis y descubrimientos en los que la ficción bien llevada hace más que la ciencia histórica, nos invita a re-crear, en el sentido literal, nuestro pasado.

Entre las novelas peruanas en el siglo XXI “El espía del inca” es probablemente la mejor de tema histórico, y entre las novelas indigenistas una que cierra un arco de excelencia literaria.

 

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