Música más allá de las palabras

Por: Leonor Valencia Ramos

ANDRÉS ALIAGA MEJÍA, es violinista, arreglista, compositor y director musical de la Orquesta de Cámara ‘’A Tempo’’; y además instrumentista de la Orquesta Sinfónica de Arequipa.

Se inició en la música a los 8 años, bajo la tutela de Luis Calisaya. En su carrera musical ha probado distintos matices y géneros que van desde la música latinoamericana, sacra, barroca, vernácula, el tango y el metal. Realizó sus estudios de violín en la Escuela de Artes de la UNSA. Así mismo tiene una Maestría.

 

LV: Respecto a tu vida, si pudieras modificarla de alguna forma, ¿qué te gustaría ser?

AA: No cambiaría mi situación laboral actual. Pero sí me hubiera gustado comprometerme desde más temprana edad con la música, para dedicarle más tiempo de mi juventud a ella. Sin embargo, me siento muy feliz con mi situación laboral actual, ya que me permite subsistir con algo que haría gratuitamente. Me pagan por hacer lo que más me gusta.

LV: ¿Cuál crees que es tu aporte como músico?

AA: Te responderé primero como músico sinfónico: al ser parte de una Orquesta Sinfónica, es la proyección social de los conciertos descentralizados que hacemos. Son la manera más eficaz de impartir cultura a los sectores apartados de nuestra ciudad. De esta forma, sensibilizar a la población y a los jóvenes principalmente, para que por medio de la música y el arte en general sean mejores personas.

Ahora, como músico popular, creo que el fin social de la música es y debe ser avivar y crear la conciencia social necesaria en la población, para seguir evolucionando desde los lados más sensibles del ser. Por ello, creo que en mi papel de músico popular se deben cantar las verdades, cuando no se puedan decir. Que donde acabe la palabra, comience la música.

LV: ¿Crees entonces que la música tiene un papel crítico sobre la situación actual en Arequipa?

AA: Creo que en gran medida. Ya que no es un secreto que el alto nivel de exposición al que se encuentran nuestros niños y jóvenes frente a un fenómeno que llega en masas, como es la música comercial; alimentada por los medios de comunicación que sin mayor filtro muestran contenidos dañinos en formatos subliminales o explícitos, a mentes tan frágiles como son las de los nuevos ciudadanos del futuro.

Me pregunto entonces, qué podemos esperar que elija una jovencita de once años, a partir de las historias de promiscuidad y desenfreno que reflejan estos ‘’pseudo – hits’’ comerciales y lucrativos pero perniciosos y alienantes.

La música definitivamente juega un rol crítico y casi protagónico dentro de esta sociedad que se mueve por la tendencia de las nuevas modas. Por ello veo que es de vital importancia la presencia de los padres en el control y supervisión de la calidad de música que escuchen los hijos. Así mismo, el papel de los segundos padres: me refiero a los maestros de etapas tempranas. Que sean más juiciosos a la hora de elegir el material musical que van a utilizar en el Jardín o en la Escuela para actividades de enseñanza y performance como los bailes, que bien sabido son hoy más que sugestivos sexualmente.

Con esto no quiero decir que la solución sea solo escuchar música clásica, o del Siglo XVIII, sino que hay infinidad de calidades dentro de los diferentes géneros musicales populares. Solo hay que tomarse la molestia de investigar un poco y elegir lo mejor, no lo peor de lo que suena en las radios.

LV: ¿Crees que la música tiene una función política?

AA: Toda música puede llegar a ser revolucionaria. Así como la Quinta Sinfonía de Beethoven. O ‘’El pueblo unido jamás será vencido’’, de Quilapayún. La música debe decirle algo al individuo. Es una respuesta, un vehículo, una forma social en sí misma. Es el mejor instrumento para comunicar el sentir de las necesidades de una sociedad. El reflejo de un momento histórico que contiene elementos sociales, políticos, sociológicos, antropológicos, económicos, etc. El reflejo, valga la redundancia, de una situación adversa que necesita ser cambiada o mejorada.

LV: ¿Crees entonces que sea conveniente crear un nacionalismo académico en Arequipa o en el Perú?

AA: Claro que sí. Ya algunos compositores se han aventurado a rescatar estos tesoros nacionales, como son las expresiones culturales más propias de nuestro país. Generalmente en las zonas alto andinas. Uno de los mejores ejemplos que puedo citar es el entrañable compositor Edgar Valcárcel. Incansable investigador hasta los últimos días de su vida. Enamorado del Ande y de su folclor. Nos ha dejado muchos ejemplos de lo que podría considerarse un nacionalismo académico.

Aquí en Arequipa, no conozco a alguien que haya laborado a la talla de Edgar Valcárcel, a pesar de las danzas y ricas melodías propias de la Región. Y con los conocimientos de composición actuales, crear grandes libros que hagan apología a estas importantes expresiones propias.

LV: Pero, ¿en qué estado está la Etnomusicología en el Perú?

AA: No tengo el gusto de conocer fehacientemente quienes son los protagonistas actuales de esta búsqueda en estos tiempos. Pero sé que existen los entusiastas que se están entregando a esta difícil tarea.

LV: Sobre la situación socioeconómica del músico: ¿Cuál crees que es el músico mejor pagado y el peor pagado, en este medio?

AA: Probablemente, los que tienen mayor entrada, son los de mayor rango dentro de la cátedra de Música en la Universidad. Seguido, los que trabajamos para los Elencos Oficiales del Estado, como es la Orquesta Sinfónica de Arequipa, con los beneficios de CTS, AFP, y demás.

Creo que ya casi al final, se ubicarían los muchísimos que trabajan de manera particular en la música. Tocando en contratos esporádicos, o más conocidos como ‘’chivos’’. Estos últimos, sin los beneficios que trae trabajar para una empresa o el Estado.

LV: ¿Cuál es la imagen social del músico arequipeño?

AA: Aún en estos tiempos, y en nuestra ciudad se tiene todavía, en parte, el estigma del músico como un ser bohemio, sin carrera, sin futuro, dejado y con vicios. Pero esto no tiene que ser categórico a la hora de pensar en un músico, pues creo que en cualquiera de las disciplinas artísticas en las que uno se dedique con responsabilidad y compromiso, se pueden tener resultados muy favorables. Ya que vagos hay en todas las carreras, no solo en la música. Efectivamente, la música es una carrera complicada tanto aquí como en el extranjero, pues para optar por un puesto o beneficios como en otras carreras, hay que destacar mucho más.

LV: ¿Qué mensaje te gustaría dejar a las nuevas generaciones que se aventuran con la carrera de música?

AA: Lo que les podría aconsejar es que tomen la decisión rápidamente. Es decir, que si van a estudiar música, debe de ser una decisión completa. Pues la música requiere dedicación, tiempo, compromiso y disciplina. No es solo una carrera, es un estilo de vida. Cerrado.

Que diga: ¡Eso sería todo! (Risas).

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