En busca de un retrato de Garcilaso

Los retratos conocidos del Inca no le corresponden.

Por: Willard Díaz

 

La conferencia inaugural de la Feria Internacional del Libro Cusco 2018 que ha terminado hace poco, fue encargada a un especialista internacional en la vida y obra de Ynca Garcilaso de la Vega, el primer escritor mestizo del Perú.

Enrique Cortez es doctor en Literatura Hispánica por la Universidad de Georgetown y docente titular en dicha universidad a la fecha. Ha sido editor por varios años de la revista cultural del diario El Peruano; ha sido uno de los investigadores incluidos en el “Reconocimiento Mestizo”, Libro de Homenaje por los 400 años de “Los Comentarios Reales”. Articulista en conocidas revistas de investigación.

La mañana inaugural de la Feria Cortez presentó un importantísimo trabajo sobre los supuestos retratos que conocemos de Garcilaso de la Vega, y reveló que ninguno de ellos fue hecho en vivo o es biográfico del Ynca. Los que circulan oficialmente han sido una invención de un pintor cusqueño asentado en Estados Unidos, Francisco González Gamarra, que imaginó libremente cómo podría ser un mestizo indio español y fue, en varias versiones, mejorando su rostro. Es la misma imagen que el Ministerio de Educación primero y luego el de Economía y la oficina de Correos convirtieron en oficial, sin importar el parecido con el personaje real más que la necesidad de un ícono de nuestra peruanidad.

Todo esto y más explicó y sustentó con fuentes Enrique Cortez en su conferencia; mostró las obras anteriores a la conocida, las versiones de González Gamarra, las posteriores, las de Sabogal, hasta la últimas ideadas por otros pintores peruanos. Mostró documentos oficiales, comentarios, críticas. En un trabajo académico serio nos dejó esa mañana en Cusco claro que el Garcilaso que conocemos no es real, pero que no obstante era una buena simbolización de nuestra peruanidad inicial, que sirvió al poder criollo para emplearlo como representativo de sus aspiraciones de la época.

Lamentablemente, como el propio conferencista notó, el público no estaba formado por especialistas académicos sino por entusiastas delegaciones de colegiales cusqueños y un reducido grupo de interesados en la primera fila del amplio Paraninfo de la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco, de manera que la conferencia tuvo que ser adaptada para este heterogéneo auditorio.

Al finalizar Cortez quedó solo en el estrado, inesperadamente, de modo que aprovechamos el desconcierto para pedirle algunas breves aclaraciones y ampliaciones de su ponencia.

Nelson Goodman, en un libro titulado “Los lenguajes del arte” señala que un retrato se reconoce solamente por el nombre que el autor le coloca debajo, que lo asocia con un ser real para los efectos prácticos. Según esto, nosotros no tenemos un verdadero retrato de Garcilaso de la Vega, por lo que has sustentado. ¿Qué es entonces la imagen que todo el mundo da por representativa del Ynca.

Lo que no presenté en mi exposición es mi aproximación metodología, que viene de la Antropología Visual. En inglés hay una diferencia entre “image” y “picture”, que en castellano no existe. “Image” sería imagen que todavía no está socializada, mientras que “picture” ya está socializada, sea un cuadro o una fotografía, es la imagen ya conectada a un medio que permite su visibilidad social.

De igual manera, del Inca Garcilaso, más que retrato hay la creación de un icono.

Lo importante del icono es que puede repetirse en distintos materiales, en distintos contextos. El propio González Gamarra hace cuadros y esculturas con la misma imagen.

No sé de qué modo podría conectar mi distinción con la que hace Goodman, lo que sí puedo decir es que algunos cuadros tienen el formato del retrato, los de González Gamarra y los de Sabogal, de torso y de cuerpo entero.

Lo que he entendido es que esos “retratos” no tienen un referente real.

Claro, no hay una base real pero hay una base discursiva. Nosotros sabemos que la realidad se construye a partir de discursos. Si nos ponemos académicos, podríamos decir que el modo en que González Gamarra representa a Garcilaso de la Vega logra imponerse a otras propuestas plásticas a partir de la realidad de los discursos históricos.

¿Hay algún sustento al menos libresco de esa imagen? ¿Hay algún documento que lo describa verbalmente: barbilla así, frente así, ojos, etc.?

No, no. No hay ningún documento; solo es la manera en que González se imagina cómo podría ser un mestizo de la época.

Si uno ve las figuras producidas, ve que esos Garcilasos no son tan mestizos como los Garcilasos de Sabogal, por ejemplo. Los de González Gamarra están mucho más españolizados. Pero eso es precisamente lo interesante, que ese tipo de fisicalidad es la que el stablishment de la época estaba dispuesto a aceptar.

El mestizo de Sabogal está escindido, tiene un lado hispano blanco y el otro más oscuro e indígena, por un lado parece hombre por el otro parece mujer, etc. Es un conflicto hecho imagen; imposible de ser aceptado como una figura histórica fundadora.

Si vamos a hacer la lectura un poco más sospechosa, podríamos decir que el Garcilaso de González Gamarra muestra lo que la cultura europea puede reconocer como un sujeto mestizo; cómo su indigeneidad puede ir desapareciendo.

¿Es entonces un retrato colonizador?

Podríamos decir que en efecto hay un intento más del proceso colonizador que hemos venido experimentando desde hace mucho y que es parte de la legitimidad del ser europeo.

Si quisiéramos imaginar un retrato más indigenista, ¿cómo crees que sería?

Creo que Sabogal lo hace.

¿Y se podría cambiar el Garcilaso de González por el de Sabogal o algún otro que obedezca a un espíritu más indigenista?

Lo veo muy difícil. Lo que podría hacerse es desmitificar, desdramatizar esa figura, intervenirla, darle otro vestuario, darle otro escenario, porque los Garcilasos de González son siempre Garcilasos de gabinete, de escritorio. Ponerlo en un paisaje cusqueño, por ejemplo.

Pero algo que el indigenismo también hace es aislar al personaje indígena de su paisaje. González Gamarra y Sabogal comparten eso.

¿Pero, sería importante trabajar con más verismo la imagen de Garcilaso?

No lo creo, lo que habría que hacer es entender que esa imagen es una construcción, son intentos de dar historicidad, valor histórico, a una producción contemporánea. Eso nos ayudaría a entender mejor cómo se construye la Historia, y cómo se construyen los iconos históricos de lo peruano.

Entendiéndolo de esa manera tendremos más libertad para poder reinterpretar, para acercarnos a las fundaciones del país y ver de qué manera han sido ideologizadas, adaptadas a ciertas necesidades discursivas de una época.

Al demostrar la inexistencia de archivo histórico del cuerpo de Garcilaso se nos muestra a la vez que este archivo está abierto, que hay la posibilidad de volver a él y darnos otra historia.

Me recuerda al cuento de Borges “Tema del traidor y del héroe”, en el cual se dice que la historia, y la ficción con ella, depende de quién las acepta como tales y en qué momento.

Entraríamos en el tema de la ficción. Lo que yo quiero explicar es cuál es el proceso por el que alguien acepta que esto es historia. El proceso por el cual algo se convierte en aceptable, en que una imagen se vuelve imagen histórica. Entender eso nos da la posibilidad de ver a la Historia abierta, no tan segura de sus verdades. Por lo tanto, más libre para ejercer un pensamiento crítico.

 

 

 

 

 

 

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