Dos pinceladas de posmodernidad

Por: Milagros Álvarez Aguilar

Omar Zevallos nació en el barrio de Cerro Colorado, su padre fue un pintor expresionista que después derivo al surrealismo. Creció en una casa llena de libros, desde temprana edad ya estaba emparentado con el arte. En su juventud aspiró estudiar arte, pero lamentablemente su padre no quiso, y eso lo llevó a estudiar Biología en la UNSA. Pero luego su vida cambia de rumbo, termina yéndose a la Argentina, Córdoba, luego a Buenos Aires, y es allí donde se encuentra nuevamente con el arte de la mano del maestro Goycochea quien lo formó en lo que actualmente hace más: la caricatura. De hecho, era algo que ya le gustaba, de joven copiaba las caricaturas de Málaga Grenet.

Ha trabajado en el Diario Correo en Arequipa, Expreso en Lima, y escribiendo crónicas en el diario español El País. Paralelamente se dedicaba a la caricatura, realizó viñetas políticas periodísticas. El humor gráfico fue importantísimo en su vida, hasta que decidió dedicarse casi enteramente a la caricatura, gracias a ello empezó a viajar continuamente a muchos lugares dentro, y fuera del país donde ha logrado reconocimiento internacional.

 

Omar, empezamos aquí con una pregunta quizá común pero indispensable. ¿Qué significa ser un artista arequipeño?

De eso se puede hacer un análisis interesante, porque he podido ver de cerca como es el proceso de aprendizaje en una ciudad como Arequipa, que curiosamente tiene notables exponentes del arte en general, no olvides que Arequipa ha sido un centro cultural muy importante en el país. Estamos hablando de finales del siglo XIX y comienzos del XX, en que se funda el Centro Artístico de Arequipa.

Para mi es fundamental porque cuando no existían las escuelas de Bellas Artes existió el centro artístico donde los grandes pintores de aquella época enseñaban a quienes tenían habilidades, y eso fue fundamental porque generó una gran semilla de artistas en la pintura, el grabado, la escultura, en fin. Notables exponentes. Pero eso dura treinta años aproximadamente, desaparece el Centro Artístico y las escuelas empiezan a funcionar.

Lamentablemente la Escuela de Bellas Artes no tuvo el nivel académico que se necesitaba, llamó a los pintores más o menos reconocidos en ese tiempo. Pero como sabes uno puede ser un buen pintor, y no enseñar bien; eso con mucha frecuencia.

Prácticamente los chicos que entraban a las escuelas de arte estaban obligados durante décadas a ser prácticamente autodidactas, y en ese camino unos desarrollan y entienden bien todo sobre su carrera y otros no, y terminan siendo mediocres. Eso pasa también en otras carreras, pero fundamentalmente en el arte.

Entonces, la falta de buenos profesores de arte, de una formación integral que pudieran darles a todos, generó muchas falencias. De hecho, cuando hice mi investigación de Acuarelistas Arequipeños pude conversar con casi todos los artistas vivos, y, la verdad, un porcentaje muy bajo de pintores saben por qué pintan, no tienen idea un poco clara de adónde quieren ir. La otra parte se convierten en pintores que pueden dominar una técnica, pero sin algo más que eso. Haciendo paisajitos bonitos muy bien desarrollados, pero como propuesta artística pictórica no hay nada.

Luego, con el nacimiento de la escuela de arte de la Universidad San Agustín se pensó que la situación iba a mejorar. Inicialmente hubo una etapa en la cual hay que reconocer que había artistas como Ramiro Pareja, Miguel Espinoza que en mi época vino de Europa con una formación integral, que permitió que la Escuela de Artes tuviera un norte interesante. Pero lamentablemente ellos se fueron —a Ramiro lo obligaron—, y todo se desarmó y volvió a lo mismo de antes.

Creo que actualmente están retomando algunas cosas, pero en general mi diagnóstico es que un artista en Arequipa tiene limitaciones no solo en el campo académico, sino en la formación personal.

Porque un artista tiene que ser una persona con una posición frente a la vida, una formación amplia para entender qué es lo que pasa en la sociedad donde actuamos. No puede ser un ente técnico vacío o indiferente frente a lo que pasa en su entorno, porque un artista se nutre precisamente de eso.

Entonces, ¿un artista puede no estar en pleno dominio sin bagaje cultural?

Efectivamente.

Omar, ¿qué idea te trae la postmodernidad?

No creo que los artistas tengan claro si sus obras tienen o no una influencia postmoderna. Pero, dicho sea de paso, esta escuela está siendo arrasada por las nuevas corrientes.

Son muy pocos los que han entendido qué es la posmodernidad; y si no lo tenían muy claro entonces poco podía aportarles a su carrera y al arte mismo en Arequipa, Todo eso tiene su propia teoría sociocultural, y su vigencia como periodo histórico. Ese análisis no se ha hecho a nivel artístico. Cuántas veces he asistió a un debate y visto cuán pocos artistas entienden esa propuesta del arte postmoderno.

Entonces, ¿existe o no existe la postmodernidad estética en Arequipa?

Creo que existe alguna pincelada de postmodernidad, nada más. Pero como tal no creo que haya una representación considerable.

Es difícil entender las corrientes pictóricas a partir de estos pocos signos. Hemos pasado del paisajismo a una propuesta más urbana, a una propuesta con algunos atisbos postmodernos, con unos cuantos artistas de la performance, dos o tres. Y después, ¿qué más se está pintando? Esa es la gran pregunta que en todo caso se debería hacer.

Si tuvieras que definir algún proceso evolutivo que nos permita construir una línea del tiempo que hable sobre las etapas de la pintura arequipeña en el siglo XX y XXI, ¿cómo iniciarías? ¿quiénes serían tu punto de partida? Nómbrame a los que ingresarían a tu periodización, algún año, y cómo.

A ver.

Arequipa en su línea del tiempo tiene una evolución muy interesante. Si tú empiezas a ver el paisajismo, a los artistas la luz, predomina muy bien hasta los 50 o 60. Luego hay algo interesante; la irrupción del expresionismo en el país, una parte del cual estaba inclinada al indigenismo.

Arequipa se mantuvo al margen; de hecho, Vinatea Reynoso empieza a explorar en otros campos, empieza a entrar en las costumbres locales, y en la sociedad.

En Arequipa empiezan a producirse atisbos de un semi impresionismo. López Galván obtiene un premio con un cuadro emblemático denominado “Los matanceros”, y rompe con la línea de paisajes tomados de Arequipa bucólica. Te das cuenta con él de que el paisaje empieza a tener otro enfoque.

Llega Barreda, pinta cosas expresionistas.

Esa generación desaparece y viene la generación de Espinosa, de Pareja, Trujillo pinta, llega Palao, Castillo se queda con el paisajismo, y Palao va más allá, con su claroscuro. Empezamos a decir qué pasa con la pintura y empezamos a ver una nueva forma.

Pareja y Espinoza cambian el rumbo, quieren pintar más cosas, que haya más temática, y empezaron a dibujar mejor.

Bueno, no había buenos maestro en dibujo en Arequipa, finalmente el artista tiene que formarse solo. Pareja cambia el chip. Esa etapa es importante, prueba de eso se tiene a Ricardo Córdoba, Herman Sosa, ellos se dedicaron enteramente a dibujar, cada uno tiene una visión independiente, dejan el paisajismo, y empiezan a cuidar el dibujo; propuesta diferente que logra gran éxito.

Algunos de los pintores empiezan a entender que hay otra forma, empiezan a percibir la ausencia de la figura humana en nuestros cuadros. Reynaldo Núñez comienza a pintar el hiperrealismo, y es uno de los emblemáticos, pero como técnica, como propuesta solo cuenta un poquito.

De ahí al final encontramos a Nereida Apaza, que incorpora a su propuesta materiales que no son convencionales. Ella es la más apasionada en sus trabajos y eso la hace interesante.

¿Podrías decirme quién sería para ti el mejor artista de los últimos tiempos en Arequipa, en el ámbito plástico?

En realidad, no diría uno mejor, pero me gusta Jaime Mamani, es un artista notable, y es a la vez un claro ejemplo del alcance de la tecnología digital. Ramiro Pareja es sorprendente por su versatilidad. Sin duda él ha sido uno de los referentes de cómo un artista puede evolucionar a partir de su propia experiencia, es uno de los que plantea que dejemos ya el paisajismo y hagamos algo nuevo.

Según tu experiencia, ¿la pintura arequipeña es conservadora, romántica o política?

La pintura en Arequipa es muy conservadora y enteramente romántica.

 

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