El Despertamiento del Riqchari

Novela del lenguaje mestizo

M K Polsisty es el seudónimo aymara del joven autor arequipeño que acaba de presentar el primer capítulo de una novela que anuncia tener 600 páginas en su edición final, “El Despertamiento del Riqchari” (Cascahuesos, 2019).

La obra del debutante narrador, explora por primera vez en este tipo de literatura las posibilidades lingüísticas de un mestizaje rotundo entre el español y el aymara, para contar una compleja historia de identidades. El tema, según la contratapa es: “Un niño batalla contra el demonio. Un niño batalla contra el demonio que ha despertado. Más precisamente, es una batallagonía. La batallagonía de un niño contra los (sus) plurales demonios. Un niño en la edad de sus ansiedades primerizas de pandeseo y panpoder. O más aun, en la edad de la insaciedad. La infancia como Tormento. La amorosa densidad síquica del alma de un niño kayllomino un niño amantedeguerras. Hay un vértigo sideral en sus ojos de sospecha…”.

Así va la cosa.

“El despertamiento del Riqchari” es la aparición del Yo verdadero de este niño. Nutrida de estudios de filosofía andina, de literatura universal, de lingüística y con una notable vocación experimental esta obra es buena o es mala, pero no es regular. ¿Podrá seguir por 550 páginas más este deambular por la imaginación del mestizaje en busca de una incierta identidad? Hay que verlo, pero el primer capítulo ya vale la pena la lectura atenta.

Otro sí, digo: ¿Hay algo menos legible que letras blancas sobre fondo amarillo?

 

Willard Díaz

Una respuesta a “El Despertamiento del Riqchari”

  1. Profesor Díaz:
    el Yo o la Yoidad. Aquí, éste es el terreno en que trabaja el arte. Yoidad, en idioma runasimi, se equivaldría a Wamani. El Wamani se traduciría, por lo tanto, como la Yoidad plural, los yoes innumerables que nos habitan. Mientras el Riqchari se traduciría como el Yo Profundo, el Yo Original, ese yo sin repetición, ese yo inimitable, que nos hace únicos y quizá extraordinarios. Convives con tus yoes innumerables, día tras día, noche tras noche. Convives con tu Wamani. Pero, ¿has hallado a tu Yo Profundo, a tu Yo Original: tu Yo Verdaderatorio, tu Yo Verdaderizador? ¿Has hallado a tu Riqchari, después de tantas vidas, después de tantas muertes? Descifrar los mecanismos por los cuales llegamos a ser el somos que somos cada 1. Descifrar el yo o Gnosis Illarí. Descifrar la yoidad = eso es el Illarí. Probablemente se trata de una de-codificación tumultuosamente inasible, una tarea acaso imposible de atacabar. En esta contemporaneidad y en cualquier otra contemporaneidad, pasada o futura: inejecutable. Pero el Illarí, la Filosofía de la Egotación, ha tenido la osadía de asumir semejante maquinaria cognocitiva (¿inmanejable?), tamaña inmensurabilidad (¿inacotable?). Yotan Sayán ha variado el término y habla del Illarí como una “Filosofía de la Agotación”. Es considerable: agotar los yoes, deslimitar la yoidad, globalizar la propientidad, rompecabezar el Wamani. ¿No consiste en eso, en Uº caso: configurar el misterio del yo actuante, proliferante? ¿A qué se parece esto? A la poesía. De ahí que hayan sido los poetas quienes, por siglos, han tomado el Illarí para amasar (para configurar, diríamos en el lenguaje moderno: textilar, ecuacionar, cuadrangular, etc) los vértices del yo. Vértices, la mayor parte del tiempo, arcanos, ignotos. No que haya sido un oficio exclusivo de los poetas. En la actualidad, por ejemplo, es el científico el que parece haber tomado decididamente la posta de la egotación exploracional, wamánica. Pero han sido los poetas los que han proyectado, de antiguo, los sueños wamanigráficos (yoísticos, yoetarios) que nos inmanentan, las pesadillas que nos perennisan, cuya tecnología sicodélica el científico se encargará de dar la bienvenida, tarde o temprano, a la Casa de la Realidad. Quizá una diferencia: sólo el poeta lo juega con todo el riesgo que comporta su entraña. ¿Riesgo? El riesgo es la locura, desde luego. (Pensar en un Fray Martín de Porres o en un Martín Adán es inevitable). El científico es demasiado casto, “excesivamente” laboratorial. Excepción hecha a ciertas mentes límites: la genialidad de Paulet, por ejemplo, en quien lo poético se hace ciencia para la búsqueda abismal de las yoidades abismables. No, el Illarí wamaniexploratorio (yoexploratorio) no es exclusivo de los poetas. Los maestros illaríes del pasado, es más, evidencian la variedad: sacerdotes, arquitectos, filósofos, lingüistas, políticos, farsantes, místicos, mendigos, moralistas, vagabundos, profetas, astrónomos, magos, cirujanos, shamanes, ingenieros, sicólogos, locos. El Illarí menciona que cada uno de nosotros posee, entre todos los yoes integradores del yo, un Yo Profundo, un Yo Integral: el Yo Protagonista, el Yo Verdaderatorio. Yo Verdaderatorio o Riqchari. Yo Verdaderatorio = Riqchari. Despertar su poder es oficio de cada uno. El Illarí es la herramienta propicia. Acaso sea el Smirayllón la mejor expresión de quien emprende esos oficios despertatorios. “El Despertamiento del Riqchari”, capítulo # 1 de “Biografía de tu Violencia” (integrado por 7 capítulos), refiere la historia justamente de un Smirayllón Amantedeguerras (un Niño Amantedeguerras de Kaylloma la Coronada) que ha decidido hacerlo: ha decidido despertar a su Riqchari (su Yo Protagonista), ha decidido despertar su cognitiva totalidad. AMJASAÑARU. No obstante, ¿lo conseguirá? ¿Qué díscolas penurias (¿o demonios anulares?) se interpondrán en los deseos despertatorios del Niño Amantedeguerras? Tal es el tema pendular de este relato.

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