Hay profesores de literatura sin hábito de lectura

Entrevista a César Belan, por Willard Díaz

César Belan es de los poetas que toman su vocación con el mayor respeto y su trabajo de maestro con la debida dedicación. Sus dos primeros poemarios lo han ubicado en la vanguardia de la generación del 2010, con excelente recepción de la crítica. Lo entrevistamos sobre su escritura creativa, su docencia y su otra pasión, el cine.

 

¿Qué tal te fue el 2019 en lo creativo?

Fue un año excelente. Se logró concretar un proyecto de diez años. Luego de varias idas y venidas se pudo publicar “Cantar de los Pueblos Vencidos”. Espero que al cerrarse ese proyecto pueda avizorar otras perspectivas que me permitan plantear otro texto.

¿Proyectos para el 2020?

Yo por lo general escribo por saturación y luego de haberme fijado un horizonte temático. Con el caso del Cantar la temática estaba centrada en el asunto de la identidad, sea nacional, personal, espiritual. Fue una preocupación constante en los años en que se gestó. Me movía una inquietud en todo ámbito, no sólo en el literario. Algo que, junto a la lectura intensiva, sobre todo de poesía, me permitió ir produciendo y ensamblando textos de diversas texturas y temperaturas orientadas hacia ese horizonte temático común.

Luego de haber concluido con el Cantar viene un nuevo y largo proceso de reflexión y contemplación. Algo fundamental para que la temática emerja. De allí espero que, aunada a las lecturas que lamentablemente hoy por hoy se han restringido, paradójicamente, por las labores académicas, haga surgir algo digno de ser leído. Eso sí, no importa el tiempo que tome. Es lo bueno de no estar condicionado por ningún estímulo exterior -dinero, fama o pseudo-fama, etc.- que “obligue” a escribir y menos a publicar.

P ¿Cuáles te parecen los mejores libros publicados en Arequipa el año pasado?

Soy sincero y respondo que no suelo leer la producción arequipeña, solo la que los amigos me regalan; y, aun así, no toda, pues el tiempo es escaso. Lo hago como testimonio del cariño que me hacen y que yo suelo hacer con ellos, entregándoles mis textos.

El tiempo es corto y lo consagro a leer obras universales. Leer los Cantares Completos de Pound, o la obra de Rilke y Novalis suele tomar buen tiempo. Así también la literatura rusa a la que me he aficionado. En especial las novelas que suelen ser muy voluminosas, me toman mucho tiempo, aún a expensas de mis obligaciones.

Más allá de ello, y además de celebrar la calidad y el ingenio de libros de mis amigos, como Juan Carlos Nalvarte quien publicó el año pasado, me llamó gratamente la atención un libro publicado recientemente en Arequipa que cayó a mis manos. Se trata de “Ladrón de Cantera” de Wilber Córdova. Me sorprendió en primer término la frescura y naturalidad con la que manejaba el “lenguaje tradicional” de Arequipa y la usanza “loncca” (a la que no le tengo mucha simpatía, por cierto). No se trataba de uno de esos tantos textos en los que se repiten una y otra vez lugares comunes y arcaísmos que lindan en lo burdo y el chauvinismo. Wilber ha reactualizado esa tradición “loncca” desde su particular enfoque y realidad. No es poca cosa. Utiliza bien el lenguaje de ese subgénero, sus tópicos y maneras, pero elabora un texto auténtico y personal.

¿Cuál ha sido el mejor libro internacional que has leído el 2019?

Lo mejor que he leído el 2019 han sido, fiel a mi costumbre, clásicos. Se trató del relato titulado “Sonata a Kreuzer” de Tolstoi, y una antología del poeta alemán Gottfied Benn. De los no tan clásicos, leí con placer “Morir bajo tu cielo” de Juan Manuel de Prada.

Tú también eres profesor de arte, ¿cuál es el mayor problema en este campo?

Yo enseño textos literarios clásicos en el Seminario San Jerónimo. Antes también impartí materias similares en otras instituciones. El problema, ya sea en la escuela, los institutos o la universidad, es el mismo: la falta de hábito de lectura. Vivimos en una cultura predominantemente oral, en el que el valor de la palabra escrita es muy bajo. Esto, para más vergüenza, se ha intensificado con los nuevos canales de comunicación virtuales.

Me explico: en Europa, por ejemplo, observé que, aunque la literatura que circula es de bajísimo contenido, o mejor dicho es “literatura chatarra”, existe por lo menos el hábito social (como fumar o beber), de leer. Ese hábito no existe en el Perú. No existe, incluso, entre profesionales y docentes universitarios. Para casi todos es suficiente leer el periódico y los textos que les impone su profesión.

Sin embargo, cuando alguien cae en el hábito de la lectura, afortunadamente no puede sustraerse a él. He constatado con alegría esto entre mis estudiantes. Como todos, ellos están hambrientos de los insondables pozos de humanidad que existen en la literatura y el arte en general.

En esto el docente de humanidades tiene una misión fundamental: el discipulado. Guiar personal y entusiastamente el crecimiento de su estudiante. Iniciar siempre ofreciendo lecturas adecuadas, no sólo a su experiencia y práctica, sino sobre todo a sus intereses. Es por ello que se tiene que hacer un trabajo de maestro hablando de corazón a corazón y no a destajo, como ocurre actualmente.

Es realmente hipócrita un sistema educativo que gasta millones en sofisticados planes para fomentar la lectura cuando las dos condiciones básicas para fomentarla no existen. Un número adecuado de alumnos que permitan al maestro conocer a sus estudiantes y progresar con ellos; y unos profesores que no tienen ningún hábito de lectura y por lo tanto no le conceden más importancia que la simbólica.

¿Tienes algunas favoritas para el Óscar de este año?

Particularmente me gustaría que gane “Jojo Rabbit”. Aunque tiene mucha competencia, pues este año, como el 2019, ha sido uno bueno para el cine. “El irlandés” es una muy buena película, como no podía ser de otra manera ya que se trata de una de las cimas del trabajo de Scorsese, tal como él y la crítica la han catalogado. Es una película que tiene que verse teniendo en cuenta toda su filmografía ya que, creo, constituye el culmen de un progresivo cambio de enfoque en cuanto a su visión de la mafia. De unos films en el que lo melodramático y épico cubrían la acción delincuencial, Scorsese ha pasado a un retrato cruel y brutal (desnudo y hermoso) de los gánsteres.

Por otro lado, y aunque no soy muy aficionado a Tarantino, encuentro que “Érase una vez en Hollywood” es una de sus mejores cintas, junto con “Pulp Fiction” y “Django unchained”. Su “verosimilitud” dentro de la mentira, el sarcasmo del que echa mano y su buena factura la hacen una buena contendora. Esta película está lejos de aquel Tarantino políticamente correcto, adicto al copy-paste, y de despliegue gratuito de violencia estúpida, que me disgusta.

Más allá de lo dicho, creo que la que debería ganar el Oscar es “Jojo Rabbit”. Este film plantea una propuesta tan excelente como poco convencional, tanto argumental como cinematográficamente. Conjuga magistralmente el dolor, el gozo y el asombro que constituye la realidad ante los ojos de un niño. Esto lo presenta de manera prolija. Pero, como es la mejor de las cintas en competencia no creo que tenga buenas chances.

Es posible que, tras la senda del Globo de Oro se premie a “1917”. Una buena película, pero, desde las antípodas de Jojo Rabitt, resulta tan convencional y chata que a mi juicio no se hizo merecedora de ese galardón que, en resumidas cuentas, no se aparta de la senda de lo mediano.

 

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