Hay que subvertir los programas instalados en la cámara digital

Entrevista a Juan Carlos Belón, por Willard Díaz

Juan Carlos Belón es un fotógrafo arequipeño cuya carrera se ha forjado más en el extranjero que a los pies del Misti. Con largas residencias en Europa, especialmente en España, ha expuesto su obra en importantes galerías, ha publicado sus artículos sobre su arte en revista especializadas de medio mundo, y ahora ha vuelto a su ciudad, al menos los últimos años, donde ha creado con Ros Postigo y Christine Mladic, doctorante en la Universidad de Nueva York, sobre la fotografía en Arequipa, el Centro de Investigación y Estudios para la Fotografía, con el fin de desarrollar la producción crítica sobre la fotografía y la imagen, y además organizar encuentros e impulsar la creación de una fototeca. Dialogamos con él.

 

¿Alguna vez te han dicho al admirar una fotografía tuya, “qué buena cámara tienes”?

Sí, claro, porque asocian el hecho de poseer una buena cámara al resultado. Pero no puedo decir que no les falta razón.

Willen Flusser cuando filosofaba en “Para una historia de la fotografía”, apuntaba que lo que hace el 99% de los fotógrafos es realizar el programa de la cámara sin mayor intervención del operador mismo. Eso es aún más flagrante en las cámaras digitales actuales.

Para empezar a crear hay que subvertir los programas que los fabricantes de aparatos fotográficos han instalado para hacer fotos.

¿Qué equipo prefieres en tu trabajo profesional?

No me gusta referirme a mi trabajo como profesional, aunque hace más de treinta años que estoy metido en el mundo de la fabricación de imágenes. La parte técnica, indispensable, no es lo que más me preocupa, es un material a disposición.

Siempre he variado de tipos de cámaras, películas, intervenido en las ampliaciones etc. No es una cuestión de equipo, es más la idea que uno tiene y la manera cómo va a concretizar sus intenciones.

Mi última exposición “Sin interés aparente” trata justamente de eso y de los errores en los procesos fotográficos: toma de imágenes y su desarrollo. La imagen bella no es lo que me da a pensar y me parece que la fotografía, siendo una forma de conocimiento, una manera de conocer y estar en el mundo tiene que explorar mundos interiores.

Lo que me gusta es el proceso del desarrollo de proyectos; las lecturas abundantes que preceden, las conversaciones con personas entendidas sobre lo que se trata de llevar adelante, los viajes…una vez que empiezo a desarrollar una idea me alimento de todo lo que se presentan ante mis ojos, mi mente.

Pero reitero que el proceso es más interesante que el resultado mismo.

¿Cómo fue el año pasado, en lo creativo?

En 2018 terminé de hacer un trabajo introspectivo sobre mi archivo fotográfico que dio lugar a la exposición (2019) a la que me refiero líneas arriba.

Volver a ver me interesa, es algo que me llevó siete años. De esa inmersión salieron una veintena de libros y la exposición que menciono líneas arriba. Lo que está pasando ahora y lo que viene son el resultado de ese largo trabajo, cosechando lo sembrado.

¿Planes para el 2020?

Éste año lo voy a dedicar a trabajar sobre proyectos que tengo en mente desde los años 80’.

Impulsar la creación de una fototeca regional, es un proyecto que tengo desde finales de los 80’, implicarme en una asociación que hemos creado y que va a impulsar la investigación y estudios para la fotografía, todo eso en Arequipa.

Terminar un libro sobre mi producción y trayectoria que incluye textos. Procesar todas las imágenes que he acumulado durante los últimos cuatros que he estado viniendo al Perú y de lo cual saldrán exposiciones y libros.

Será, también, un año de preparación para el bicentenario en el que tengo acordada una gran exposición en el Cultural en el mes de noviembre y espero poder presentar un libro acompañado de una exposición.

¿Quién es el fotógrafo arequipeño contemporáneo que admiras?

He estado viniendo regularmente los últimos cuatros años a Arequipa y he podido observar lo que está pasando en el medio de la fotografía.

No existe ningún fotógrafo que esté desarrollando algo que aparente ser una obra, tal vez hay uno o dos que están intentándolo, pero no más; o puede que haya algunos que no se han manifestado. En lo comercial, algunos pocos pueden vivir de la fotografía, el mercado se ha ampliado. Ninguno ha tenido exposiciones individuales en lugares de referencia en Lima y menos en el extranjero, a pesar de la edad que tienen.

En Puno y Cusco, sin embargo, trabajan un par de fotógrafos con proyección internacional con una práctica seria y con contenidos interesantes El problema está en la formación. No existe ningún lugar donde se enseñe la fotografía de manera seria, siempre es aproximativa, sin la competencia necesaria.

Aparte, una cosa es saber y otra el transmitir saberes. El vacío es mayor en la parte teórica, inexistente, que para mí es la más importante. Quedan las redes sociales, ese terreno sin filtros que permite una cierta existencia que está más del lado de la comunicación y donde a menudo campea la impostura con las atribuciones de falsas competencias.

¿Crees que la fotografía requiere un entrenamiento teórico o conceptual? ¿Por qué?

Conocer la historia de la fotografía y proyectarse dentro de ella es necesario si se quiere realizar una producción consecuente y pertinente. Eso supone leer mucho, estudiar la producción local e internacional. Intercambiar lecturas, ideas y no solo entre fotógrafos sino con personas que se encuentren inmersos en procesos creativos interdisciplinarios.

Todos podemos “ver”, aparte de los invidentes. Pero “mirar” consiste en otro ejercicio y el resultado de ese mirar está en relación con la cultura, las vivencias, experiencias de cada uno, entonces, mientras más cultos y cultivados seamos más densidad se manifestará en lo que hagamos.

Por otro lado, en tanto que fabricantes de imágenes tenemos la responsabilidad de lo que ponemos en circulación. La imagen está en peligro, y hay que ser consciente de lo que se quiere dar a ver; la imagen es polisémica, nunca unívoca, es decir, puede tener varios sentidos. Una imagen es lo contrario del refrán popular, comúnmente aceptado, que dice que una imagen vale mil palabras. Se necesitan, al contrario, de muchas palabras para explicar el contenido de una imagen.

Aparte de la fotografía, ¿qué arte o profesión te gustaría cultivar?

Me gusta la escritura y la practico regularmente, incluso la poesía que junto con la música me parecen que están en lo más alto de la creación.

Deja un comentario