YO ME QUEDO

Por: Raúl Romero

Durante la cuarentena, algunas personas han destacado a la lectura como una alternativa enriquecedora y entretenida. Héctor Abad Faciolince, el autor de “El olvido que seremos”, por ejemplo, publicó en las redes sociales un vídeo donde acompaña al espectador a través de su nutrida biblioteca personal. Muestra, entre otros textos, sus diversos diccionarios, una sección de autores latinoamericanos, libros de periodismo literario, un apartado de clásicos griegos y latinos y, al final, un gran estante repleto de libros de poesía. “Nunca estoy solo cuando tengo libros”, dice. “O, aunque esté solo, no estoy tan solo. Los libros y la lectura son una gran compañía”.

Me gusta mucho ese vídeo y, en general, la campaña “Yo me quedo en casa leyendo”. Pareciera que, en estas circunstancias adversas, hemos reparado en que la lectura puede poblar nuestra soledad y hacer más llevadero o, inclusive, atractivo el aislamiento. Es más, hemos caído en la cuenta de que la vorágine de información que nos ofrece los medios de comunicación y las redes sociales no es capaz de generar el sentido que propician los libros. No nos basta con asegurar nuestra subsistencia con víveres y artículos de primera necesidad, además requerimos, en la cotidianidad del encierro, nuestra cuota de ficción, de belleza y de significación que nos deparan las palabras.

Esta es una excelente oportunidad para mostrar a nuestro sistema educativo que es posible leer libros por puro ocio, sin la sempiterna finalidad utilitaria de elaborar un resumen o rendir un examen. Es un estupendo momento para que nuestras bibliotecas públicas asuman que, en épocas de incertidumbre, la comunidad las necesita más que nunca. Ahora podemos comprender que todos y cada uno de los peruanos tenemos derecho a una biblioteca de calidad como la de Héctor Abad Faciolince.

 

 

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