Aún Pinocho

LECTURAS INFANTILES, por Raúl Romero

La primera vez que trabé amistad con Pinocho fue por medio de un audiolibro que me regaló una tía. Yo no sabía leer, pero de tanto repetir la grabación, me la aprendí de memoria hasta el punto de hacerme pasar por un lector experimentado.

Pinocho me parecía por entonces el adalid de la infancia, dispuesto a dejar el feo hábito de mentir por ganarse la aprobación adulta. Sin embargo, años después, cuando ya había terminado la universidad, descubrí que la versión que había escuchado compulsivamente era solo un pequeño extracto.

El texto original de Carlo Collodi tenía más de ciento cincuenta páginas y su protagonista no era un niñato bondadoso como el que había conocido, sino más bien una marioneta atrabiliaria de cuidado. El pasaje que más me impactó fue cuando cuelgan a Pinocho de un árbol como si se tratase de un delincuente pAlgo similar me ocurrió con Frankenstein. Cuando aún no llegaba a los siete años, vi en casa de tía María una película que me enfrentó por primera vez a la certeza de la muerte. Se trataba de una versión en la que el monstro, para salvar a una niña, se inmolaba lanzándose por un barranco y dejaba flotando en el aire un pañuelo rojo como la sangre. Recuerdo que, luego de ver aquello, lloré inconsolablemente, incluso dormido, cuando volví a presenciar en sueños esa última escena trágica.

Pero, tiempo después, me enteré que todo aquello era una patraña. biblioteca la versión original de Mary Shelley y descubrí que el monstruo no era ningún santón, sino más bien un ser desesperado, profundamente solitario, que recurre al homicidio y al acoso para persuadir a Víctor Frankenstein de que le fabrique una pareja monstruosa como él.

Es extraño que, cuando somos niñas o niños, nos mientan o tergiversen la identidad de nuestros personajes favoritos, a pesar de que estos son solo una ficción. Me pregunto si, por el hecho de ser pequeños, los infantes no son capaces de afrontar la verdad que encierran los textos literarios. Y también me pregunto si esa misma estrategia será adecuada en tiempos de coronavirus, cuando la realidad supera a la ficción. ¿Qué versión, qué palabras serán las adecuadas para explicar este incierto contexto a los niños?

 

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