Los comienzos

Entrevista a Jesús Huahuatico, por: Willard Díaz

Después de darle vueltas a la idea mientras desempeñaba los más diversos oficios juveniles, Jesús Huahuatico Quintasi tomó la decisión de estudiar Literatura e ingresó a la Universidad Nacional de San Agustín. Allí tuvo ocasión de ponerse a prueba, asociarse con un grupo de narradores jóvenes y publicar sus primeros trabajos. En 2018 ganó con un cuento el segundo lugar en los X Juegos Florales Universitarios; este año se ha alzado con el primer puesto del Concurso de Cuento “Piedra negra sobre una piedra blanca” convocado por la Universidad Católica San Pablo.

Dialogamos con el joven narrador.

 

¿Creo que tú eres uno de esos arequipeños que nacen dónde quieren?

(Sonríe) Bueno, ya voy viviendo once años aquí. Algo de arequipeño debo tener, además que mi papá nació en estas tierras. Pero, me gustaría decir que tengo un poco de todos los lugares en los que he estado.

¿Qué te trajo hasta aquí?

Crecí en Tinta, que es un distrito en Cusco en la provincia de Canchis. Estuve ahí hasta terminar el colegio. Luego se decidió que lo mejor era que continúe estudiando acá, junto a mi hermano mayor. Y bueno aquí estuve muchos años a la deriva, sin saber precisamente qué hacer con mi vida.

¿Dónde o cuándo nació tu vocación literaria?

Es algo que no tengo muy claro. Recuerdo que de niño leí “El vuelo de los cóndores” de Abraham Valdelomar, y me puso en estado extraño que hasta ahora no puedo comprender, no sé cómo explicarlo. Creo que fue en ese momento que nació mi admiración por la literatura como si se tratase de una ideología o una religión. Pero me mantuve neutral hasta que entré a la Escuela de Literatura. Creía que revelar mi inclinación me pondría en problemas o sería objeto de burla.

¿Qué leíste antes de entrar a la universidad?

Los resúmenes de algunas novelas que dejaban en el colegio. Les tenía mucho respeto a las novelas o a los escritores, y no quería leer; por alguna razón, no me sentía capacitado. Lo más cercano que estuve de la literatura antes de ingresar en la Escuela fueron las letras de canciones. Me gusta mucho la música que tiene “buena letra”, si es la forma correcta de decirlo.

¿Qué crees que fue lo mejor que aprendiste en la Escuela?

¡A leer! (sonríe).

La decisión de ingresar a la Escuela surgió de mis ganas de conocer, siquiera un poco, el mundo de la literatura. Así que llegué sin expectativas y a dejarme deslumbrar. Aprendí muchas cosas, entre lo mejor estaría que ahora leo sin miedo.

Y aprendí a conocerme.

Siento que las teorías literarias te permiten ver de otra forma la realidad. También aprendí que nuestra escuela tiene buenos estudiantes, les falta un mejor diálogo con los profesores, y viceversa. Solo de esa forma se puede dar notoriedad a la Escuela. Los mismos estudiantes deberían organizarse mejor, para que sean escuchados y sus propuestas o proyectos se puedan realizar.

¿Qué puede esperar aprender de la academia un escritor? ¿Y qué no?

La academia es un repositorio de opiniones que te ayudan a ver un objeto de diferentes formas. Como escritor principiante eso me ayudó mucho. Las teorías literarias te ayudan en eso, creo yo. A tener un mejor ángulo frente a algún hecho social. A poder ver las cosas que no se muestran directamente, a ver el dato oculto o la sombra que la luz genera; todo eso me parece espectacular.

Lo que no te puede enseñar la academia es a escribir y a ser crítico con las cosas que llegan a ti, lo cual es fundamental para nuestro oficio. Siento que el acto de escribir es muy personal y no se puede academizar esperando resultados inmediatos. Sería el colmo: “Aprende a escribir cuentos en un mes, somos tu mejor opción”

¿Cómo ha sido tu experiencia en los talleres?

He hecho talleres en la Escuela con dos profes: Willard Díaz y Rosa Núñez. Con el primero de narración y la segunda fue de ensayo. Con ellos aprendí a disciplinarme.

Me he dado cuenta que los talleres son lugares de entrenamiento donde aprendes a hacer tuya la práctica de escribir. Y claro, te ayudan a mejorar un montón, pero tampoco te dan el manual del éxito rápido.

Recuerdo mis primeros trabajos y comprendo de forma clara por qué mis compañeros me machacaban tanto durante las críticas entre estudiantes…

Eso también es importante, que veas los errores de los otros, para que los evites en ti. Ahora estoy en un Taller particular y ahí vemos nuestros cuentos en 360 grados, los desmenuzamos a los pobres.

¿Qué escritores te parecen importantes para aprender la técnica de narrar?

Todos los buenos escritores te muestran sus técnicas de narrar, nosotros debemos aprender a ver más allá del texto y comprender su funcionamiento. O sea, de cómo emplean sus palabras, sus escenas, sus diálogos, sus inicios, sus finales, sus personajes, etc.

Los que me impactaron en su forma de narrar y me dejaron huella fueron Chejov, Milan Kundera, Raymond Carver, Ítalo Calvino, Maupassant, Hemingway, Thomas Wolfe, Scott Fitzgerald, Kafka y Camus.

¿Y nacionales o locales?

No conozco muchos, no pude leer a todos, pero me inclino por Arguedas, Ribeyro, Edmundo de los Ríos. Leí a Zabaleta, solo un cuento, que sí me fascinó. Por ahora son los que tienen una narrativa que despierta mis ganas de escribir. Estoy en plena exploración.

¿Qué temas te interesan como escritor? ¿Por qué?

No pienso en una temática en específico al momento de escribir, pero me gusta creer que escribo sobre detalles que algunas veces no vemos en lo cotidiano y repetitivo que es la vida.

Aun antes de la cuarentena ya era todo así, solo que engañarnos era más fácil, y partías, cada mañana, con la esperanza de que este día se iba a tornar diferente. Por eso me inspiro en particularidades que muchas veces nos negamos a ver. Siento que, por ejemplo, el encontrarte una moneda en la calle ya está perdiendo su magia, pero de niños era muy reconfortante, te hacía sentir como un iluminado.

¿Qué elemento de la técnica es el más difícil para ti?

La verosimilitud y los acontecimientos. Algunas veces siento que escribo dejando de lado al lector y que cualquiera podría entenderme, pero con el tiempo me he dado cuenta de ese error. Que muchas veces no aclaro o explico, de la forma adecuada, algún suceso o algún nuevo acontecimiento. Así que intento ser lo más claro posible, pero evitando ser artificial.

¿Corriges tus textos o te salen de una? ¿Qué importancia tiene para ti la edición?

Corrijo mucho, me cuesta más cuando el cuento es muy largo, es algo que debo ponerle más práctica, que me toma mucho tiempo.

Hasta ahora no me ha salido un cuento de una, debe ser una sensación fascinante. Pienso que la edición es importante porque te permite conocerte como creador. Lo veo como un constante dialogo con nosotros mismos, es decir, mediante los narradores que vamos articulando para cada ficción.

Luego estaría el otro factor, el de la sintaxis, la coherencia y la norma que siento se deben acomodar a lo que quieres mostrar y no necesariamente al revés. O sea, empezar escribiendo lo que se nos ocurra, dejarnos llevar, resaltar todo lo que creemos importante. Una vez tengas listas todas las piezas del posible cuento, empezar a estructurarlo o armarlo, siendo más preciso.

¿Y por qué crees que la técnica es importante?

Porque creo que te ahorra mucho tiempo (sonrie). Pero no creo que tener una buena técnica necesariamente te haga un buen cuentista. Sí que te ayuda a formarte y a conocer el negocio por dentro.

Siento que no tengo buena técnica porque sinceramente en la edición y revisión es donde me demoro más. No tengo mucha maestría al momento de escribir, me cuesta encontrar las palabras, conjugar bien los verbos, revisar las comas, los puntos, la caracterización o el punto de vista. Por eso siento que aquel que tiene la técnica o el don, puede escribir de una, si bien puede caer en el mero impresionismo.

La técnica debe ir siempre de la mano con algo que consideremos vital decir.

¿Vas a publicar un libro de cuentos?

Tengo muchas ganas de hacerlo, actualmente estoy trabajando en ello. Me gustaría que todo esté listo para fin de año.

 

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