Un asunto urgente

Por: Percy Prado

Hay una cualidad que resalta entre los terraplanistas. Quienes creen que la Tierra es plana tienen una imaginación sin fueros y un espíritu curioso.

Hace unos años cuando dictaba matemáticas en un instituto de diseño, les decía a mis alumnos que las matemáticas son uno de los mejores campos para ser creativos, porque tienes que serlo sin romper leyes. Las matemáticas son como la vida, nos revelan que siempre —queramos o no— debemos responder sometidos a leyes o normas. Decirles esto a unos muchachos regidos por el imperativo de la creatividad nunca cayó bien. La mayoría tenía la firme y juvenil convicción de que la libertad sin límites era la mejor plataforma para el despegue de su espíritu creador.

Entonces, yo resolvía el asunto provisionalmente con un argumento de emergencia. Todos estaban sentados ahí porque esperaban trabajar en una empresa o crear la suya propia. En cualquiera de los casos, les decía, van a tener que cumplir normas, o de la organización o del cliente. Incluso si alguno llegara a ser artista independiente también tendría que someter su creatividad a ciertas normas, las de su búsqueda estética o las de sus propias limitaciones, por ejemplos.

Pertenezco al grupo de los que creen que muchos problemas del país se resolverían con buena educación. Aunque varias veces he dudado de que realmente sea esto posible, he tenido que forzar mi natural escepticismo para no caer en la indolencia a que nos obliga el caos de no creer en nada. Me he aferrado a esta única idea como un náufrago a una pequeña tabla. No es el miedo a la profundidad desconocida lo que lleva a abrazarme a un pedazo de leño flotante, sino el pavor a quedar a merced de la incertidumbre de un oscuro y tempestuoso mar. Así me aferro a la confianza en que la educación puede poner orden y acortar el océano de desigualdades de nuestra sociedad actual.

Con tal convicción creo que una tarea de nuestro sistema educativo sigue siendo, en la escuela y aun en la universidad, la enseñanza del sentido real de las leyes que rigen sobre el pensamiento y el mundo. El continuo incremento de terraplanistas y promotores de pseudociencias es una prueba. Su imaginación desbordada y su equivocado espíritu científico o crítico acusan los fallos de una enseñanza relajada. No han comprendido que el mundo no se acomoda a sus pensamientos; que por más ferviente que sea su creencia o más asombrosa su imaginación, las leyes científicas no van a cambiar.

Nunca antes como hoy son tan peligrosas estas ideas, porque nunca antes como hoy es tan urgente pensar bien, entender bien la ciencia y la filosofía; la ciencia para comprender el mundo y la filosofía para comprender la ciencia. Por eso es urgente y necesario mejorar nuestro sistema educativo asegurando la continuidad de lo bien hecho y renovando aquello en que venimos fallando.

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