Zaguán 1: DERRIDA DIXIT

Apóstrofe 1, 2000

¿Qué Departamento académico cree usted que debe dedicarse a la enseñanza de Redacción en la universidad? ¿El de Lengua? ¿O debe haber un Departamento aparte?

No creo que solo un Departamento debe estar a cargo, porque si se concentra la enseñanza del idioma en un determinado Departamento -digamos, el de Lengua y Literatura- tendremos la hegemonía de un sólo tipo de norma en la escritura. La gente de Derecho o de Matemáticas o de Historia no tienen que escribir todos de la misma manera. Por supuesto que hay un conocimiento mínimo de puntuación, de claridad de la expresión que se requiere en todas partes. Pero luego hay que adecuar las transformaciones a cada disciplina, al discurso de cada ciencia. Hay habilidades de redacción para un abogado, un historiador; y también hay cambios en esas habilidades.

De manera que si la enseñanza de Redacción se concentra en un sólo lugar esa gente será incapaz, primero, de distinguir entre los diversos requerimientos y, luego, de realizar las transformaciones de estilo necesarias. Y por supuesto yo estoy a favor de innovaciones en la Retórica y en el modo de argumentar. Tales cambios tienen que ser específicos en cada ciencia. Y mejor si es posible integrar los campos. No tengo modelos para eso, pero no confiaría en un modelo que encierra a los profesores dentro de una sola disciplina; menos aun confiaría en la simple distribución de un mismo sílabo en varias escuelas. Debe haber algo de específico y, al mismo tiempo, una ruptura de fronteras.

Es un asunto complicado.

Se puede trazar una relación entre deconstrucción y composición en cuanto a la naturaleza compleja del proceso de comunicación y al reconocimiento de la “flotante incertidumbre” del conocimiento.

¿Ve usted alguna implicancia específica entre los estudios de redacción y el hecho de que estemos atrapados en un mundo logocéntrico?

Por supuesto, hay vinculación entre composición y deconstrucción. Por supuesto que la redacción debe reconocer la complejidad del proceso de comunicación, y la incertidumbre en el conocimiento. Pero antes de llegar a ese nivel —el nivel universitario, en el que debemos efectivamente enfrentar esos problemas—, creo que la deconstrucción debe reflexionar sobre la institución de la composición. Como sabe usted la deconstrucción no es solamente un cuestionamiento crítico del lenguaje, digamos, o de lo que se llama “proceso de comunicación”. No es un modo trivial de leer textos; más bien es un modo de tratar con las instituciones. No solo con el contenido y los conceptos, sino con la autoridad de las instituciones, con el modelo que rige en las instituciones, con las pesadas estructuras de las instituciones. Y todos sabemos que “el complejo proceso de comunicación” y todo eso depende mucho de las instituciones y, para empezar, del colegio.

De modo que la relación entre deconstrucción y composición debería ser problemática en primer lugar, yo diría, en términos políticos e institucionales.

La palabra composición, como sabes, es una antigua palabra, que implica que uno puede distinguir entre el significado, el contenido, y el modo en que se puede reunir diversos significados. Como sabes, deconstrucción significa entre otras cosas, el cuestionamiento de la síntesis, de la tesis, el tema, la posibilidad de todo, incluida, entre otras cosas, la composición. De modo que cuando te das cuenta que escribir no es solo cuestión de poner-cosas-juntas o com-poner, se vienen encima numerosas consecuencias.

Sin quedarse a ese nivel, que es radical -pero hay que mencionar su radicalidad- yo diría que en la universidad o en cualquier campus académico, la deconstrucción debería provocar no solamente el cuestionamiento de la autoridad de algunos modelos de composición, sino también de producir un nuevo modo de escribir, de composición -sea de discursos orales o de ensayos escritos.

Ahora, esta nueva manera no es simplemente un nuevo modelo: la deconstrucción no proporciona un nuevo modelo, sino que una vez analizada, cuestionada y desestabilizada la autoridad de los viejos modelos, tiene que inventar en cada ocasión nuevas formas según la ocasión, las condiciones pragmáticas de la situación, el público, tus propósitos, tus motivaciones para inventar las nuevas formas. Y eso depende de lo que acabo de llamar “pragmática” en términos de la teoría de los actos de habla. En cada situación tienes que escribir y hablar de un modo diferente.

Pero no se trata de subvertir los modelos sólo porque si, sino hay que cambiarlos por otros, por nuevas formas de escribir; y no como un desafío formal, sino ético, político.

 

(Journal of Advance Composition)

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