30 AÑOS DE CINE EN LA UNSA

Por: Víctor Bórquez Núñez

Periodista, escritor y Doctor en Proyectos de Comunicación, mención cine. Antofagasta, Chile.

 En el contexto de mi participación en la Feria Internacional del Libro, celebrada en Arequipa, en mi primer viaje a la Ciudad Blanca, tomé conocimiento de la existencia de un programa de cine que, con pura pasión genuina, se mantenía vivo y vigente desde 1991. Esta buena nueva la recibí con el agrado que puede vivir un cinéfilo, cual niño delante de una vidriera que exhibe pasteles y dulces.

De inmediato me acerqué a este programa cultural que, con celo y una dedicación envidiable, mantenía inalterable de lunes a viernes un apasionado del séptimo arte quien, desde ese día, se convirtió en un amigo entrañable: Coco Herrera.

El programa constituye, desde su inicio, un lujo para la cinefilia y los adeptos al universo maravilloso que constituye el cine y un modelo digno de imitar.

Amparado por la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, forma parte de un Centro Cultural y se ampara en estas dependencias, funcionando como un Cine Club bajo la denominación de Sala de Audiovisuales desde su creación e inicio oficial de sus funciones un 21 de octubre de 1991, alcanzando tres décadas con exhibiciones, charlas, conversatorios y, lo más importante, derroche de pasión y cariño por este arte -el séptimo- que crece en el corazón de quienes son asiduos.

Este programa tiene varias características que lo elevan como un hito para la divulgación del cine en Perú, específicamente en Arequipa y sus alrededores: desde su fundación ha mantenido una programación constante a la fecha, de lunes a viernes, y ni siquiera la pandemia ha interrumpido su funcionamiento, porque sabiamente se continuó con la divulgación del cine optando por la programación virtual, la que empezó a los 15 días de iniciarse esta contingencia sanitaria.

A ello debemos agregar dos características más que, en mis constantes viajes a Arequipa, tuve la suerte de constatar. Uno, el ambiente de calidez que se respira en cada sesión, teniendo incluso la suerte de asistir a la presentación de algunos de sus filmes y conversatorios al término de cada jornada. La otra lo constituye el hecho de que este programa está abierto a todo tipo de público, sin esnobismo, sin asustar a nadie con erudición o exceso de información, simplemente encantando y contagiando con las películas a todos los asistentes quienes, en un clima cálido y amistoso, se sienten motivados a participar con sus opiniones que, aunque modestas, son recibidas con auténtico respeto.

De este modo, mi inicial encuentro en calidad de visitante extranjero, se convirtió, con cada viaje realizado, en una cita obligada para reencontrar este reducto donde se respira desde hace treinta años cine de calidad, abordando temas diversos, relevando a creadores, trayendo clásicos de la industria y películas de culto de directores casi desconocidos pero con propuestas estéticas fascinantes.

Conocer este espacio cultural fue casi una epifanía, porque no solo me enteraba de la existencia de un cine club con exhibiciones semanales, sino que además me impresionaba que se haya mantenido durante treinta años, considerando que muchas otras instancias tienen vida limitada o pasan por etapas de cierre y reformulación.

Resulta un deber de caballero agradecer el celo de sus encargados, el especial cuidado demostrado en su programación semanal, en la elaboración de ciclos temáticos coherentes que, en muchas ocasiones, sorprende a los espectadores con material de visionado casi inaccesible para la gran mayoría. Pero, por encima de cualquier tema, se agradece el amor por el cine, el valioso esfuerzo de estar, contra viento y marea, atentos al inicio de cada sesión, justo a la hora y con el debido respeto por entregar un material de lujo.

En mis constantes viajes a esta querida ciudad, fui ganando amigos y compenetrándome cada vez más en el tema de la vida cultural arequipeña, donde resalta mi apego indisoluble por este verdadero oasis de buen cine que, en mi calidad de cinéfilo y periodista especializado en esta área, agradezco y difundo con entusiasmo legítimo.

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